Hemos tocado el tema de la confluencia en diferentes oportunidades (saliendo de relaciones tóxicas, chantaje emocional), mas en este hoy quiero acercarme desde un punto más cotidiano y no por ello menos molesto: cuando una persona utiliza un "Nosotros" sin habernos consultado; nos involucra en lo que dice o hace como si contara con nuestro apoyo. ¿Les ha pasado?
Por ejemplo:
- "A nosotros nos gusta el cine de acción", ¡menos mal que tengo internet para ver lo que quiero!
- "Somos un grupo luchador", e ignoro cuándo me hice socio/a.
También cuando escuchamos que alguien utiliza este "Nosotros" (explícito o implícito) para referirse a una situación donde ESA persona no tuvo nada que ver, su aporte fue nulo o directamente brilló por su ausencia.
Por ejemplo:
- "Hemos alcanzado un gran objetivo", y a lo mejor hasta puso obstáculos ante el planteo del mismo.
- "Somos un equipo de primera línea", y presenta excusas cuando las papas queman.
- "Hicimos una excelente inversión", y amenazó con que si salía mal ... ¡no pagaba los platos rotos!
La mayoría de las veces permitimos que nos metan en el mismo saco, dejando pasar la situación para no parecer quisquilloso/a, conflictivo/a o hasta individualista (¡qué mala palabra!). Creo que evitamos también poner al otro en un lugar de exposición y hasta quizás evitamos sentir vergüenza ajena. Una vez ... pase ... dos veces ... pase ... ¿tres? ... ¿es el silencio la mejor salida? o lo que es más profundo, ¿qué tratamos de evitar en realidad con nuestro silencio? porque encima está el conocido dicho de que "el que calla, otorga".
La confluencia es un magnífico estado de unión cuando danzamos con la música del contacto y la retirada. Tras haber permanecido en vívido contacto con otro ser humano, la misma posee un enriquecedor significado que es "Nosotros", desde la claridad de cada uno de los seres que se encuentran. Yo me abro a que me conozcas, sepas lo que siento y pienso, y de igual forma deseo que te abras para conocerte, saber desde tí lo que sientes y piensas. En los acuerdos, conjugaremos juntos ese "nosotros", y en las diferencias podremos crecer y fundamentalmente, respetarnos.
¿Cuándo se torna incómoda y tóxica? cuando la confluencia se utiliza y se mantiene para evitar o prevenir el contacto, como en los ejemplos que vimos al principio. Se instala en la persona como manera de no darse cuenta de los límites de contacto, la frontera Yo / no Yo (como denominamos en Gestalt). Hay una pérdida de límites entre uno mismo y el entorno, fundiéndose con el otro. El confluyente confunde identidad con "unión", comulgando - sin diferenciar- con los sentimientos, ideologías y conductas del otro o de su grupo de referencia. Evita los riesgos de diferenciación.
En síntesis, si me enfrento a una situación donde aparece alguien con un "nosotros" que me genera incomodidad pues no estoy de acuerdo con ese pegoteo, además de molestarme con la otra persona y su audacia como respuesta emocional inmediata (cada uno verá si lo aclara a la persona ... o lo deja pasar), he de plantearme a mí mismo/a qué me pasa con el tema de los límites.
Aún cuando no cambie mi forma de responder, sabré un poquito más de mi persona y haré mis elecciones paulatinamente con mayor claridad. ¡Lo cual no es menor!
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8 de diciembre de 2013
8 de septiembre de 2013
El Miedo y su valor
El miedo es una de las emociones que tiene más "mala prensa", por así decirlo, ya que es una emoción que nos conecta con sensaciones desagradables y tiende en primera instancia a pararnos; luego viene la huida. Va siempre acompañada de reacciones físicas que nos hacen dar cuenta de su presencia, variando la intensidad de las mismas según el monto de miedo que aparezca (palmitaciones, molestias estomacales, sudoración, etc).
Cuando digo mala prensa me refiero no solamente a que nos encantaría poder deshacernos del miedo del abanico de nuestro sentir, sino a que se le atribuye a esta emoción el ser el gran obstáculo para nuestro crecimiento personal. Escuchamos frases como "vence al miedo, ábrete al amor", "libérate del miedo e inicia tu cambio", "lo que tienes es miedo; desházte del él" ... ¿les suenan conocidas?
Lo que deseo en este ahora es rescatar el valor del miedo, para poder restarle de entrada el añadido que suele aparecer, y ése sí que nos trae problemas que se van agravando con el paso del tiempo y es el de tenerle miedo al miedo: esto es tóxico. Si nos centramos en la emoción específica y atendemos a la función que tiene en nuestras vidas, podremos ya empezar a hacer algo y dar un paso hacia su resolución.
El miedo es una emoción básica, esto quiere decir que todos la tenemos desde que nacemos, y su función es de supervivencia. Nos avisa de que estamos frente a una situación ante la cual nos tenemos que proteger, cuidar, ya que carecemos de las herramientas necesarias para encarar esa situación. Aparece en el contacto de la persona y su medio. Por lo tanto, nos ayuda a retirarnos de algo o alguien ante el/lo cual no estamos preparados para enfrentar, y nos convoca a que nos demos tiempo para buscar los recursos dentro y/o afuera nuestro que precisamos.
No nos paraliza en sí misma, nos guía hacia la retirada en ese momento, para que nos ocupemos en buscar lo que nos falta. El problema reside, a mi entender, en que solemos quedarnos en la parálisis, apelamos a respuestas inadecuadas para "vencer el miedo", y ni qué decir cuando caemos en el autoreproche por sentirlo. Vamos desarrollando negativamente esta emoción básica transformándola en pánico, vergüenza, desánimo. Y se sufre ... y mucho.
Mi sugerencia es que cuando registremos que tenemos miedo y evaluemos que deseamos generar un cambio (en situaciones de riesgo de vida, no hay nada que evaluar pues el miedo puede salvarnos):
- Nos retiremos de la situación / persona que lo genera (a veces data de tanto tiempo un miedo, que el detonante ya no es externo sino interno, los pensamientos por ejemplo, mas en algún momento fué instalado con algo de afuera).
- Respiremos profundo para ir aquietando las respuestas fisiólogicas.
- Nos preguntemos ¿a qué le tengo miedo? busquemos el "apellido" presente de ese miedo; usualmente nos quedamos con "tengo miedo" pero no terminamos la frase con "a qué". Ahí tendré la orientación para el siguiente paso.
- ¿Qué estoy necesitando? recordemos que nos avisa la necesidad de herramientas que en ese preciso momento no tenemos. Pueden ser internas (mayor valoración, trabajar la dependencia emocional, etc) o externas (un amigo, un profesional que me ofrezca información específica, etc).
- Salimos a buscar y/o desarrollar estos recursos.
Ojalá les sea útil para no dejar que esta emoción básica se convierta en una emoción tóxica. Además, atendiendo cada miedo, evitaremos ir juntándolos y caer en generalizaciones que terminan desconectándonos poco a poco de lo que puede sumarnos vida.
Cuando digo mala prensa me refiero no solamente a que nos encantaría poder deshacernos del miedo del abanico de nuestro sentir, sino a que se le atribuye a esta emoción el ser el gran obstáculo para nuestro crecimiento personal. Escuchamos frases como "vence al miedo, ábrete al amor", "libérate del miedo e inicia tu cambio", "lo que tienes es miedo; desházte del él" ... ¿les suenan conocidas?
Lo que deseo en este ahora es rescatar el valor del miedo, para poder restarle de entrada el añadido que suele aparecer, y ése sí que nos trae problemas que se van agravando con el paso del tiempo y es el de tenerle miedo al miedo: esto es tóxico. Si nos centramos en la emoción específica y atendemos a la función que tiene en nuestras vidas, podremos ya empezar a hacer algo y dar un paso hacia su resolución.
El miedo es una emoción básica, esto quiere decir que todos la tenemos desde que nacemos, y su función es de supervivencia. Nos avisa de que estamos frente a una situación ante la cual nos tenemos que proteger, cuidar, ya que carecemos de las herramientas necesarias para encarar esa situación. Aparece en el contacto de la persona y su medio. Por lo tanto, nos ayuda a retirarnos de algo o alguien ante el/lo cual no estamos preparados para enfrentar, y nos convoca a que nos demos tiempo para buscar los recursos dentro y/o afuera nuestro que precisamos.
No nos paraliza en sí misma, nos guía hacia la retirada en ese momento, para que nos ocupemos en buscar lo que nos falta. El problema reside, a mi entender, en que solemos quedarnos en la parálisis, apelamos a respuestas inadecuadas para "vencer el miedo", y ni qué decir cuando caemos en el autoreproche por sentirlo. Vamos desarrollando negativamente esta emoción básica transformándola en pánico, vergüenza, desánimo. Y se sufre ... y mucho.
Mi sugerencia es que cuando registremos que tenemos miedo y evaluemos que deseamos generar un cambio (en situaciones de riesgo de vida, no hay nada que evaluar pues el miedo puede salvarnos):
- Nos retiremos de la situación / persona que lo genera (a veces data de tanto tiempo un miedo, que el detonante ya no es externo sino interno, los pensamientos por ejemplo, mas en algún momento fué instalado con algo de afuera).
- Respiremos profundo para ir aquietando las respuestas fisiólogicas.
- Nos preguntemos ¿a qué le tengo miedo? busquemos el "apellido" presente de ese miedo; usualmente nos quedamos con "tengo miedo" pero no terminamos la frase con "a qué". Ahí tendré la orientación para el siguiente paso.
- ¿Qué estoy necesitando? recordemos que nos avisa la necesidad de herramientas que en ese preciso momento no tenemos. Pueden ser internas (mayor valoración, trabajar la dependencia emocional, etc) o externas (un amigo, un profesional que me ofrezca información específica, etc).
- Salimos a buscar y/o desarrollar estos recursos.
Ojalá les sea útil para no dejar que esta emoción básica se convierta en una emoción tóxica. Además, atendiendo cada miedo, evitaremos ir juntándolos y caer en generalizaciones que terminan desconectándonos poco a poco de lo que puede sumarnos vida.
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