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26 de enero de 2019

El "Cómodo" Malestar

Dra. Aída Bello Canto, Psicología, Gestalt, Emociones, Miedo, Malestar
Muchos de nosotros conocemos a personas que viven quejándose de lo que les pasa, de lo que les toca vivir, de dolencias físicas o emocionales, de "esto" o de lo "otro". Suelen tener un aire apesadumbrado, triste o de instalado enojo. Ante cualquier intento de ayuda externa aparecen comentarios que descalifican la propuesta, o devuelven respuestas que justifican el malestar y su permanencia.

El sentimiento de impotencia por parte del que quiere ayudar puede alcanzar un alto nivel ... hasta que se cansa y entonces apela a conocidas frases:
"Querer es poder"
"Fíjate en tus elecciones; siempre te pasa lo mismo"
"Hay que ponerle voluntad"
"A tí te gusta estar mal"
"Estás mal porque quieres; ¡con lo que tienes para ser feliz!"
(podemos hacer juntos una larga lista)

Mi deseo en este hoy es entender un poquito más a estas personas que en verdad la pasan "mal", no es que montan un teatro para la gente que los rodea y buscan ávidamente la atención y compasión (bueno, algunos sí, eso lo sabemos, pero a estos los dejo de lado pues metería a estos manipuladores de su entorno en la misma bolsa). Son personas, a mi criterio, que se han habituado a vivir en un cómodo malestar.

Pareciera contradictorio, pues ¿cómo puedo estar cómodo si me siento mal? porque es algo conocido, ya sé que me depara el día, qué puedo esperar de la vida y de la gente. ¡No hay sorpresas! Puedo organizar mi vida en base a mi propia visión de la misma y yo no tengo que poner nada pues haga lo que haga, el resultado es el mismo: voy a seguir mal. En definitiva, gano seguridad. 

Soy una convencida de que nadie elije estar mal, sólo que no sabe cómo hacer para estar bien. Incluso ante una situación de elección entre dos situaciones "poco gratas", terminamos eligiendo la menos negativa. Pues bien, ante un cómodo malestar, cualquier situación nueva implica que es desconocida y por ende incierta e insegura ... cuyo final puede ser peor que lo que ya tengo. ¿Para qué arriesgarse?

En el fondo, el miedo es lo que impide que estos seres cambien, se den la oportunidad de transformar su estado. Miedo a lo desconocido, a lo que vendrá, a depositar mi confianza, a exponerme a otros dolores o decepciones ... y encontrarme nuevamente donde estaba pero peor, más herido.

El miedo logra que se vayan adormeciendo otras emociones - y hasta el mismo miedo se adormece-, para cada vez sentir menos negativo, pagando el precio concomitante de ir también embotando las emociones "positivas, por así llamarlas (recordemos que todas las emociones son necesarias y funcionan como señales en nuestra vida). El beneficio es quedarse en un rango de malestar que sí conozco y puedo soportar.

Mi propuesta es que seamos más benévolos con estos seres, que salgamos del juicio de valor e intentemos hacer algo con nuestra impotencia si queremos ayudar a este ser querido o conocido. En primer lugar, respetar que el otro sufre: "la verdad del dolor, es el dolor mismo" (Nietzsche). En segundo lugar, acercarnos desde el corazón, y de esto necesitamos mucho para cambiar nosotros mismos. Hemos de estar abiertos a mostrar nuestra vulnerabilidad, y sabemos que no es fácil ... aunque es inevitable para una transformación positiva. Mostrarnos como somos con el otro, y poquito a poco nuestro estar en el mundo puede vislumbrarle al otro que vale la pena el esfuerzo para cambiar.

A veces, ese "otro" que queremos ayudar, que habita en un cómodo malestar, somos nosotros mismos; una parte nuestra, en un tema específico, reside en este lugar. Ojalá podamos darnos respeto y ausencia de reproche, para ir reconociendo nuestro miedo a cambiar y empezar a buscar las herramientas que nos hacen falta para acceder a lo mucho bueno que nos estamos perdiendo. 

¡Les deseo lo mejor!

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt

20 de enero de 2019

Indecisión constante. ¡Cómo se sufre!

Dra. Aída Bello Canto, Psicología, Gestalt, Emociones, Indecisión
Todos conocemos la indecisión, sus sensaciones y sentir  mientras evaluamos las alternativas para alcanzar una decisión al final. El objetivo de estas líneas es ayudar a aquellas personas que se ven frecuentemente paradas en éste lugar de indecisión, siendo difícil la elección y como resultado se encuentran padeciendo y estancados.

Siempre hay elecciones más fáciles que otras, mas terminamos resolviendo y quedándonos tranquilos con ello, pero el indeciso/a se encuentra muchas veces con su dificultad para elegir en variadas áreas de su vida: situaciones vitales, dentro de sus relaciones, trabajo, estudios, etc. Acá tenemos la indecisión crónica.

Generalmente las causas de la indecisión crónica son:

1) Hay personas que necesitan un tiempo más largo que lo general para llegar a tomar una decisión. Necesitan evaluar en mayor detalle los pro y los contra de cada opción. Si las dos alternativas son "buenas", se hace difícil descartar una; y si las dos son "más o menos", también.

2) Dificultad en decir "No". Y cuando tomamos una decisión, le estamos diciendo "Sí" a una de las opciones y al mismo tiempo estamos descartando la otra, le decimos "No". El que tiene indecisión crónica no quiere descartar ninguna, le gustaría tener ambas, y en la mayoría de los casos no es posible: por eso hay que tomar una decisión.

3) Inseguridad personal. No confían en que deciden lo mejor, creen que están perdiendo al descartar la otra opción y aún al decidir, quedan insatisfechos e inseguros de si hicieron lo adecuado.

Dra. Aída Bello Canto, Psicología, gestalt, IndecisiónLa persona que se reconoce como indeciso, ¡quiere dejar de serlo! pues es un lugar muy incómodo que visita frecuentemente, y adentro quisiera acortar el tiempo para procesar todo lo que se le viene a la cabeza y asegurarse que queda conforme con la decisión tomada. Pues bien, es posible salir de la indecisión crónica poco a poco aprendiendo a acortar el tiempo, disminuyendo la duración de la incomodidad y confiando más en ellos mismos.


Psicologia, Gestalt, emociones, Aida Bello Canto, indecision


Pasos:

- Fíjate si solamente tienes dos opciones para elegir. A veces la persona indecisa tiene un abanico de alternativas entre el cual solamente puede elegir una de ellas y no quiere descartar nada. Se para ante una situación conflictiva ya desde el inicio.

- Ante todo, no te preocupes por parecer inteligente ante los demás. No es broma, muchas veces supone un gran peso para el indeciso el asegurarse que lo que decida sea lo más inteligente, sabio, eficaz, ... para otros! Tu decisión es tuya!!

- Confía en tu instinto; es más sabio de lo que crees. Hay sensaciones corporales que aparecen con cada una de las opciones cuando las pensamos.  Procura detenerte en una a la vez y registra si la sensación que te genera es grata o incómoda. Éste registro corporal es un sensor de tu instinto.

-  Prioriza tus necesidades. Con frecuencia con nuestras decisiones queremos conformar a todo el mundo, con lo cual no solamente evaluamos las opciones en sí mismas sino que entran "un montón de personas en nuestra cabeza" y nos olvidamos del objetivo claro. Piensa ¿qué necesitas? Si tus ganas son de complacer a otra persona, pues fantástico, es tu elección y por ende, plenamente válida.

- Acepta los límites de la evaluación que haces; no puedes analizar todo! elije lo que sientas más acorde con lo todo lo dicho anterior, actúa y fíjate en los resultados. Te será de gran utilidad para ir realizando los ajustes si son necesarios, y ¡sigue adelante!

En algún que otro momento podemos no elegir, y es muy importante que sepamos que ésto también es una decisión; el darnos cuenta que podemos optar por NO ELEGIR, es muy aliviador y provoca un cambio de actitud positivo al saber que estamos eligiendo precisamente eso: decido no elegir.

Paso a paso, recuerda, como todo entrenamiento.
¡Ánimo!

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt

10 de enero de 2019

Tips contra la Autoexigencia Tóxica

Aida Bello Canto, Psicologia, Emociones, Gestalt, Exigencia Tóxica
La autoexigencia puede ser una gran herramienta para llevarnos a alcanzar nuestros objetivos, mas también puede ser un gran obstáculo en el camino. La diferencia entre conectarnos con ser perfectibles, abiertos a mejorar, y el rozar la obsesión de ser perfectos, reside en la claridad en nuestra propia propuesta de metas posibles.

Cuando hablo de metas posibles, me refiero a tomarse cada uno en cuenta como trabajador de esa empresa/ meta/ proyecto, no solamente como el planificador/ deseador que sin darnos cuenta se convierte adentro nuestro en un gran evaluador de la manera en que hacemos o no hacemos las cosas.

Sabemos que tenemos frecuentes diálogos adentro nuestro, unas veces más claros que otras, y cuánta mayor claridad  podemos darle a los mismos, mayor ganancia obtenemos en nuestro autoconocimiento y comprensión de estos acuerdos o desacuerdos internos.

El trabajo en gestalt de estos aspectos (características personales que nos gustan, nos disgustan o rechazamos de nosotros mismos) y su interacción interna es uno de los objetivos a alcanzar, pues no sólo apuntamos a acordar con nuestras partes, teniendo en cuenta nuestras capacidades y herramientas, sino que dejamos de poner en el afuera los enfrentamientos que tenemos adentro.

Si desconozco mi evaluador interno, esa parte mía que me exige ser bueno/a en lo que haga, cumplir con mis objetivos, no reconocerme en lo alcanzado por temor a que me "achanche" o me "duerma", sentir que siempre puede ser mejor con lo cual la sensación de insatisfacción aparece, pues lo voy a poner en el afuera, en otra persona que me genera todo lo anterior - y siempre encontramos en nuestro entorno a quién calzarle el "exigente". Según el lugar que ocupe esa persona en nuestra vida, afectará más o menos nuestra relación. Este evaluador interno le abre la puerta a la exigencia tóxica.

En el ahora mi deseo es que en las metas propuestas, cuenten con su autoexigencia como un aliado; para ello reconozcan estas partes que poseemos:

1) el planificadores el que planifica, proyecta, genera el objetivo;
2) el trabajador - quién llevará a cabo lo planificado- y
3) el evaluador - encargado de supervisar la ejecución o no ejecución en el tiempo.

Dra. Aída Bello Canto, Psicología, Gestalt


Tips que contemplan a los tres:

- Pasa a escrito tus proyectos / deseos/ objetivos, y delante de cada uno, o del que tengas ponle ELIJO ... o QUIERO ... Léela y fíjate si estás de acuerdo con ello; a veces lo que ponemos o pensamos es TENGO QUE ... y ahí ya encontramos un problema, pues nuestros propósitos que van de la mano con "tengo que ... " hablan del tipo de exigencia tóxica que no tiene en cuenta al trabajador con lo cual nos dirigimos a la insatisfacción o autorreproche.

- Ubica al lado de cada meta/ deseo tres columnas, para que las llenes y lo tomes en cuenta:
1) Las herramientas con las que cuento.
2) Posibles obstáculos.
3) Soportes / ayuda que necesito (buscar información, personas con la que cuento para este propósito, asesoramiento, delegar en alguna etapa, etc).

Cuando tomamos en cuenta estos puntos, propiciamos una autoexigencia sana que no convierte el deseo en obligación, ni nos conduce a la culpabilidad, resentimiento, fracaso. Nos pone en una mirada de valoración al proceso, al camino, y no sólo en el objetivo, tomando una actitud de aprendiz, mejor gestión de nuestro tiempo y auto-reconocimiento de los pasos dados.

¡Manos a la obra!

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt

6 de enero de 2019

Complacer a los demás: ¿elección o miedo a perder afectos?

Aída Bello Canto, Gestalt, Emociones, Vinculos, Relaciones, Miedo
Complacer a otra persona es un acto generador de bienestar, siempre y cuando lo hagamos por elección, sabiendo internamente que puedo también elegir no hacerlo sin "consecuencias" emocionales y/o físicas. Cada vez que realizo una elección, primero he tenido que consultarme y preguntarme qué es lo que quiero, o no quiero, y como resultado de este propio encuentro aparece mi elección. Cuando complacemos a otra persona porque elegimos hacerlo, no solamente estamos favoreciendo/gratificando al otro ser humano sino que nosotros mismos nos vemos complacidos en este acto. Tenemos ganancia doble, por decirlo de alguna manera.

Complacer a los demás sin que sea una libre elección, genera vínculos tóxicos, donde una de las partes acude a ceder /complacer al otro por varias razones. Algunas de ellas son:

- es una manera de evitar conflictos,
- temo herir los sentimientos de la otra persona,
- no sé cómo pararme/sostener mi deseo frente al otro,
- estoy acostumbrad@ a renunciar a mi poder de elección,
- renuncio a mis propias actividades o incluso a personas para sostener el vínculo.

Las personas que reiteradamente complacen van olvidando poco a poco sus genuinos deseos o necesidades, tomando prioridad el deseo o pedido de la otra persona (o personas), utilizando sin darse cuenta en la mayoría de los casos, el complacer como una "moneda de intercambio" por amor, afecto, permanencia en la relación.

Es posible que se haya estado mucho tiempo en ésta manera de vincularse, con lo cual la persona que complace reiteradamente ha perdido registro de lo que siente al hacerlo (anestesia emocional), porque es mucho mayor la sensación de tranquilidad producida por evitar un "mal mayor". La enfermedad de complacer a los demás ha sido estudiada por la psicóloga clínica la Dra. Harriet B. Braiker, quien desarrolló en su libro un plan de acción de 21 días para comprender y tratar este complacer tan dañino.

Una manera de volver a despertar sus emociones y darse cuenta si complace porque lo elige libremente - sin miedo a castigos afectivos-, o lo tiene incorporado por las razones nombradas arriba, es darse el tiempo cada vez que complace de registrar qué siente al hacerlo. Si aparecen algunas de las emociones siguientes, ¡peligro!:
Aida Bello Canto, Gestalt, Psicologia, Emociones, Relaciones Toxicas- Incomodidad
- Enojo
- Tristeza
- Impotencia
- Miedo
- Resentimiento
- Victimización

Darse cuenta es un gran paso en el camino de salida si te descubres que estás en una relación tóxica. Concédete el tiempo y paciencia para seguir dando pasos y aumentando tu registro perdido de las emociones, para ir discriminando si complaces por miedo o evitación de conflictos, o complaces libremente por elección, con lo cual siempre sentirás un profundo bienestar.

¡Les deseo lo mejor!

Dra. Aida Bello Canto
Psicología y Gestalt
 
 
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