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24 de junio de 2018

¿Quieres lo que haces? Actitud y Elección.

Aida Bello Canto, Gestalt, Psicologia, Actitud
Día a día hacemos elecciones en nuestra vida, aunque no nos demos cuenta de muchas de ellas ya sea que las realizamos en automático, o "es lo que se debe hacer", mas si nos paramos unos segundos a pensar, veríamos otras opciones ... y ahí nuestra elección, sea la que sea, iría acompañada de la mejor actitud , encontrándonos mucho más frecuente con el plácido sentimiento de querer lo que hago.

Podemos darnos cuenta, despacio y cada uno a su tiempo interno, qué elijo y para qué lo elijo, y si con estas respuestas sigo eligiéndolo - sea lo que sea- entonces me abro a quererlo, me cambia la mirada, mi actitud se torna positiva, me apropio de mi elección. Muchas veces lo que elijo no me gusta en sí mismo, mas lo hago desde los beneficios que me reporta ( un ejemplo concreto es ir al dentista, ¿a quién le gusta?). Y esto lo aplicamos a cada área de nuestra vida.

Tomar contacto con nuestras necesidades, descubrir qué hacemos con ellas, ¿las escuchamos y las atendemos?, ¿las evitamos? y de ser así, de qué manera hacemos lo que hacemos y cómo nos repercute a nosotros mismos y de qué manera incide en nuestras relaciones. Nos vamos apropiando de lo que nos pasa, tomando el protagonismo de nuestra existencia, registrando nuestra posible complicidad en muchas situaciones, aún con lo doloroso o incómodo que puede ser este descubrimiento, mas que nos saca de la impotencia o lugar de sometimiento.

Y cuando nos damos cuenta que no podemos hacer nada en lo concreto, por ejemplo con avatares de la vida que nos alcanzan o relaciones tóxicas que tenemos, nos paramos desde un lugar de preguntarnos de alguna manera "¿qué hago con esto?", que puede llevarnos a tomar paulatinas elecciones, un paso a paso respetuoso del tiempo personal, o a revisar qué actitud tomo frente a esto o aquello.

Aida Bello Canto, Gestalt, Psicologia, Actitud positiva
Comparto un pensamiento anónimo:
"Nada ha cambiado, 
sólo mi actitud.
Por eso, todo ha cambiado"

Y si descubro que no quiero lo que hago ... y lo sigo haciendo ... no me voy a autoengañar ni tirar afuera la responsabilidad de lo que me pasa. Por lo menos he de tener muy claro que haciendo lo mismo, voy a obtener los mismos resultados.

También puede pasar que sigo sin querer lo que hago y lo elijo todavía (me encanta la importancia de esta palabra: TODAVÍA) debido a que ignoro cómo generar el cambio o aún no tengo las herramientas necesarias. Ya es un gran paso este darse cuenta, que impregna de otra actitud, sin duda alguna.

Y tú, ¿quieres lo que haces?
¿Tienes algún "todavía"?

¡Les deseo un hermoso día, queriendo lo que elijan!

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt

10 de junio de 2018

El Desamparo Emocional

Aida Bello Canto, Psicologia, Emociones, Gestalt
El desamparo es un sentimiento de abandono profundo en el que la persona siente que ha perdido la compañía y/o protección de otra persona (o personas). Cuando este sentimiento se hace presente en una persona, es casi devastador por las sensaciones de indefensión y abatimiento que lo acompañan. No importa la edad que se tenga; sea cuando sea que aparezca, ¡padecemos!

También el desamparo se refiere, no solamente a la pérdida, sino al sentimiento de no recibir ayuda y contención. La persona posee la percepción de que no recibe ayuda, pues si bien en muchos casos coincide con la realidad, en otros no es tal cosa: la persona que siente desamparo puede no registrar que le están brindando ayuda o incluso ni pensar en que puede acudir en su busca. Tiene imposibilidad emocional en registrarlo y/o se le dificulta pedir (generalmente por miedo al rechazo).

Aida Bello Canto, Gestalt, Psicologia
Cuando un ser humano se siente desamparado, posee un sentir interno de aislamiento, de no pertenencia a ningún grupo o lugar, y generalmente va acompañado de sentimiento de soledad.

Entendamos soledad en éste contexto, de sentirse solo en el mundo por así decirlo; no me refiero a la soledad de estar físicamente solo, sin otra persona o compañía externa, pues este tipo de soledad es necesaria saber habitarla, saber acompañarnos a nosotros mismos, e incluso aprender a buscarla como modo de auto-registro de cómo estamos, qué necesitamos, nutrirnos internamente, y un largo etc (generar proyectos, descansar, meditar, parte del proceso creativo).

En el desamparo emocional hay sensaciones físicas, como están presentes en todas las emociones y sentimientos, que pareciese que aparece un gran agujero interno, un enorme vacío y pérdida de energía vital. Disminuye la seguridad en sí mism@ y por supuesto, la auto-confianza.
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En los adultos, éste sentimiento nace en alguna instancia de nuestra historia y por diferentes razones no la pudimos resolver emocionalmente.
Aida Bello Canto, Psicologia, Gestalt, EmocionesEs un sentimiento disfuncional causado, generalmente, por dos razones que interfieren en un sano proceso de nuestro desarrollo emocional: 1) experiencias obsoletas y 2) asuntos inconclusos.

Para no abrumarlos con información hoy trataré la primera, cuando tomamos una postura existencial que nos sirve en un momento dado para protegernos de un ambiente dañino, por ejemplo, mas con el paso del tiempo  se convierte en una respuesta rígida y estereotipada. Imaginemos un niño que decide callar y pasar desapercibido, siendo su mejor respuesta adaptativa a su ambiente; con el paso del tiempo ésta persona, ya adulta, continúa siendo callado y procura ser poco visible, aunque el medio ambiente ya está disponible a escucharl@, a verl@, a registrarl@.

Seguir manejándonos con viejas actitudes emocionales, nos impiden registrar lo nuevo, el ahora que acontece, sin darnos cuenta que las circunstancias han cambiado. El desamparo emocional que vivencié en algún momento de mi vida, o durante una etapa de mi existencia, ya no posee sustento real en mi vida adulta.

Una de las varias herramientas para dar pasos de cambio y transformación a la fuente generadora del desamparo emocional es revisar nuestras conclusiones tomadas "allá y entonces", que aún siguen vigentes. Hemos de darnos tiempo a descubrirlas, anotarlas, investigar cuándo entran en acción y qué vivo como amenaza si tomo una postura diferente.

Explora cómo te gustaría ser en este sentido, qué actitud nueva tomar, sus ventajas y valoriza el caudal de herramientas internas con las que cuentas en la actualidad para protegerte y ayudarte. Y ... ya puedes buscar ayuda en el afuera, acudir a tus soportes externos, si así lo necesitas (no somos omnipotentes, ¡por suerte!).

Te sugiero la lectura de Conclusiones Personales que dañan.

Lo mejor para tí!

Dra. Aida Bello Canto
Psicología y Gestalt

3 de junio de 2018

Depresión o Tristeza. ¡Diferéncialas!

Aida Bello Canto, Psicología, Gestalt, Emociones, Tristeza, Depresión
Todos atravesamos momentos de tristeza por muy diversas razones: la ruptura de una relación, el duelo por la ausencia de un ser querido, incertidumbres laborales, personales, etc. El que se haga presente la emoción de la tristeza, tan necesaria para recogernos en la intimidad, retirarnos momentáneamente de áreas más sociales, no significa que estemos atravesando una depresión.

"Estoy depre", es una expresión frecuentemente utilizada en el lenguaje coloquial para nombrar un estado de "bajón", de tristeza, incluso de desgano, mas definitivamente No es depresión.

La depresión interfiere con nuestra habilidad de vivir normalmente, vivir de la manera que estamos usualmente acostumbrados, impide nuestro diario funcionamiento.

Hay una serie de señales que si se extienden más allá de dos semanas, han de ser tomadas en cuenta como posible presencia de depresión, y en este caso, recomiendo la búsqueda de ayuda profesional para que no se agrave. Èstas señales son:

1- Te sientes sumergido/a en permanentes aguas de tristeza. Las emociones en las cuales navegas son de tristeza, ansiedad y /o vacío.

2- No puedes focalizar. La depresión afecta la memoria y la concentración.

3- Alteraciones en el sueño. Puede costarte el dormir y al mismo tiempo no querer levantarte de la cama.
Aida Bello Canto, Psicologìa, Gestalt, Emociones, Tristeza, Depresiòn

4- Sientes autodesvalorización y emocionalmente un estado de "sin salida". Aparecen frecuentes pensamientos de autoreproche por acontecimientos pasados.

5- Sentimientos de irritabilidad, donde hasta pequeñas cosas pueden enojarte. También puedes sentirte inquieto/a, teniendo dificultad en permanecer en un lugar.

6- Pérdida de interés en actividades que antes disfrutabas.

7- Agotamiento físico. Sientes que no cuentas con la mínima energía para hacer hasta lo más simple.

8- Dolores en el cuerpo. Las somatizaciones son muy frecuentes, tales como el cansancio con dolor en todo el cuerpo, dolores de cabeza o afecciones estomacales. Las emociones involucradas en la depresión toman el cuerpo como una de las vías de expresión: Soy mi cuerpo.

9- Cambios en el  apetito. Puede darse que tengas deseos de comer mucho o, por el contrario, sentir que hasta tomar un pequeño bocado es un gran esfuerzo. Lo que sí puedes registrar con claridad que tus hábitos de alimentación han cambiado.

10- Sentimiento de desesperanza. La persona no ve salida a su situación y éste es uno de los puntos más críticos  pues es donde aparecen los pensamientos de suicidio.
No debe tormarse nunca a la ligera esta señal pues si persiste la emoción de la desesperanza acompañada con pensamientos de suicidio, es imperativo buscar ayuda profesional.

Espero que estas señales les sean útiles para detectar la depresión y no confundirla con la tristeza, emoción primaria, esencial e inevitable en nuestras vidas. Sería prudente que fuésemos más cuidadosos con el lenguaje, reitero una vez más, y utilizemos las expresiones de que estamos en un momento dado con cansancio, "con bajón", sin ganas, ... diciendo lo que precisamente queremos decir, y no con el frecuente "¡estoy depre!".
Las palabras nos influyen en nuestro sentir y en nuestra mirada al mundo. ¡no es poca cosa!


Dra. Aida Bello Canto
Psicología y Gestalt

27 de mayo de 2018

Enojo eficaz: sus fases.

Aida Bello Canto, Psicología, Gestalt, Emociones, Enojo
El enojo es una de las emociones primarias, inevitable en nuestras vidas y necesaria para poner límites. Como no nos enseñan a enojarnos para solucionar el problema o situación que nos lo ocasiona, solemos verla y vivenciarla como negativa o productora de mayores conflictos; de ahí que el "manejo del enojo" sea tan tratado desde diferentes disciplinas.

Mi intención es aportar con el conocimiento de las fases del enojo, para acceder a la posibilidad de transformar un enojo que complica y dificulta a la persona y/o las relaciones, en un enojo que resuelve y potencia la clara comunicación (con uno mismo y con el otro).

Es un entrenamiento que por lo menos los que hemos crecido en la cultura occidental, hemos de aprender de a poco para dejar de pagar con nuestros vínculos o nuestra salud su explosión o su silencio.

Cuánto más nos enojamos eficazmente, menos nos enojamos. ¡Qué paradoja! Lo que pasa es que reaccionamos más rápidamente ante la incomodidad y molestia, sin llegar en la curva ascendente del enojo, al enojo propiamente dicho ni a la ira.

Fases a tener en cuenta:

1- Darnos cuenta que estamos enojados. Muchas personas tienen tan adormecida esta emoción, generalmente por cuestiones de creencias, que les resulta difícil detectarla. Sugiero que presten atención a molestias corporales, y cuando las detecten revisen si ha pasado "algo molesto" pero lo dejaron pasar ("¡Bah! ¿para qué voy a crear un problema de esto? mejor lo dejo pasar; total, no es tan importante").
Aida Bello Canto, Psicología, Gestalt, Emociones, Enojo
2- ¿Qué me enoja? Pararnos a reflexionar qué es lo que me ha enojado, desde el punto de vista de la situación acontecida, no desde una posición de guerra contra el otro.

3- Descarga física. Cuando nos enojamos segregamos químicos en nuestro organismo, neurotransmisores, que han de ser descargados antes de pasar a la siguiente fase, comunicar que estamos enojados y qué nos ha enojado. Sino hacemos esta descarga, corremos riesgo de sacarlos a través del tono de voz, descalificación contra el otro, castigo o quedarnos con ellos adentro, siendo campo fértil para somatizaciones. Sobre este punto específico está el post "¿Con enojo? ¡Tip para no empeorar las cosas!"

A veces esta fase no la podemos hacer en el mismo momento y hemos de postergarla; lo importante es saber que podemos señalar que estamos enojados mas no es el instante adecuado para conversar al respecto ... aún.

4- Comunicar mi enojo. Las tres fases previas son un trabajo individual; recién ahora estamos en disposición de hablar con el otro sobre lo que siento y mi necesidad de que esta situación no se repita ya que me hace sentir: no tomada en cuenta, valorada, querida, etc. Damos la oportunidad al otro de que sepa qué me pasa en verdad y no que "imagine o suponga". Muchas veces ante la pregunta ¿qué te pasa? aparece la respuesta "nada", porque damos por hecho el otro "sabe perfectamente".

5- Instrumentar estrategia para que no se repita. Si tomamos la situación concreta que me ha enojado y no una guerra contra el otro, he de articular alguna estrategia y decírsela al otro para que no se produzca la misma situación. Por ejemplo, si me enoja que alguien llegue tarde a una cita sin aviso, instrumentaré no esperar más de quince minutos; se lo diré al otro para que sepa que tras ese tiempo acordado, yo me iré. A veces la estrategia va acompañada de un pedido hacia el otro; es llegar a un acuerdo conjunto.

6- Castigo. Ésta es la única fase que no ha de existir en un enojo eficaz, mas lo pongo porque es altamente frecuente que aparezca: es la necesidad de devolverle al otro el mismo malestar ocasionado. Puede ser en el mismo momento a través de la descalificación, por ejemplo, o dilatado en el tiempo en otra ocasión "que no tiene nada que ver". La venganza.

Como en todo vínculo, las dos partes han de sostener la calidad del mismo. Podemos encontrarnos que aún con nuestra mejor intención de presentar un enojo eficaz, el otro se instale en el conflicto, la negación, la no escucha; que desatienda nuestra propuesta para que no se repita esa situación ... y que vuelva a repetirse sin cambio alguno. Esto ya no está en nuestras manos, para así decirlo; somos responsables de nosotros mas no del accionar del otro. Si es reiterado, tendremos que plantearnos el tipo de vínculo y su profundidad y qué elijo hacer al respecto.

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt

 
 
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