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28 de agosto de 2016

La costumbre de "Estar Mal". Antídotos.

Aida Bello Canto, Psicologia, Emociones, Actitud Positiva, Bienestar
Todos queremos sentirnos "bien", vivir en un estado de bienestar, mas suele resultar difícil permanecer en el mismo. Con mayor frecuencia de lo que creemos, muchas personas han desarrollado la costumbre de "estar mal": es un estado conocido donde la incomodidad y la queja son asiduas compañeras.

He sido y soy observadora de una situación muy curiosa que acontece cuando las personas que han transitado la superación del dolor, la incertidumbre del cambio y de lo nuevo, empiezan a sentirse bien, están conectadas con sus vidas de manera positiva, con nuevo sentido y objetivos posibles, entran en una zona gris, teñida del miedo. A esto yo lo he bautizado el síndrome de la felicidad.

"Esto no puede durar", "algo malo va a pasar, ¡seguro!", "mejor que me prepare, porque el golpe será peor", "tanto bienestar tiene un precio", ... éstas son algunos de los pensamientos que se cruzan transitando un estado de bienestar, con su aparejada emoción de miedo o angustia, porque damos por hecho que no será duradero. Y se le suma el ignorar por dónde vendrá el golpe. Además, podemos perdernos de vivir oportunidades nuevas que nos sumen bienestar, en el área de la vida que sea, por temor a que por "ahí venga la cosa".

Cuando digo felicidad y cuando hablo de un estado de bienestar,  no me refiero a un estado de "paraíso" permanente donde nada que nos disguste pase, donde todo esté tal cual yo quiero, donde la vida me sonría en todas sus facetas y la gente sea como a mí me gusta. Me refiero fundamentalmente a una actitud positiva ante la vida, donde conozco mis recursos, aprendí a pedir ayuda (no tengo que resolver todo yo solo/a), vivo con respeto hacia mí y hacia los otros, realizo mis elecciones y aprendo de ellas.

Tras tanto tiempo de observación y basada en la experiencia, he llegado a una humilde conclusión: no tenemos entrenada nuestra actitud positiva, indispensable para permanecer en el estado de bienestar. Nuestro cerebro está más acostumbrado a recorrer los mapas neurológicos grabados con experiencias negativas.
¿Cómo entrenar nuestro cerebro a crear nuevos mapas y fomentar la actitud positiva?

El psicólogo Shawn Achor realizó una investigación durante ocho años en Harvard sobre el entrenamiento del cerebro para ponerlo en positivo, comprobando que con ello se obtienen mejores resultados en cualquier área de la vida y se genera dopamina, que es la encargada de aumentar la sensación de felicidad e incrementar nuestras capacidades cognitivas.

Aida Bello Canto, Psicologia, Emociones, Gestalt, Actitud PositivaComparto con Ustedes los cuatro puntos encontrados para desarrollar el cerebro positivo; dicho de otra manera: son antídotos contra la "costumbre de estar mal":

1) Gratitud: escribir diariamente tres cosas por las que estamos agradecidos; hacer esto durante 21 días, añadiendo cada día tres cosas nuevas (no vale repetirlas). Nos entrenamos a percibir lo que "hay", y no lo que falta.

2) Ejercicio: la realización de ejercicio físico aumenta la dopamina.

3) Meditación: nos ayuda a focalizar nuestra mente en una cosa (y en el presente) y no en varias al mismo tiempo, y frenar los pensamientos de todos los "colores" que tenemos.

4) Acto aleatorio de bondad diario: decirle algo positivo a otra persona, escribir un pensamiento positivo en cualquier red social, ¡ayudar a cruzar la calle!

Espero que les sea útil y haber contribuido con un granito de arena a alcanzar y sostener una actitud positiva, para que ir creando y alimentando nuestro estado interno de bienestar.

¡Buena semana!

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt

21 de agosto de 2016

El Cuerpo expresa lo que las Emociones callan.

Aida Bello Canto, Psicologia, gestalt, Emociones, Cuerpo, Sintoma, Anestesia emocional
En Gestalt es sumamente importante nuestro cuerpo físico, formando parte de nuestra integridad junto a nuestra mente y nuestras emociones. Todas éstas áreas las tenemos interrelacionadas, incidiendo una en las otras. Un pensamiento incide en nuestras emociones, las actitudes en nuestros químicos del cerebro y el movimiento corporal (por ejemplo la danza o ejercicios de respiración) puede generar cambios tanto en lo emocional como en lo mental.

De ahí que nuestra mirada, en Gestalt, es integrativa, teniendo relevancia cada una de estas "puertas" para conocernos, para crecer, transformar aspectos internos, actitudes, cerrar situaciones pendientes, abrirnos a lo nuevo, desplegar nuestras potencialidades ... Apuntamos al darnos cuenta cuándo somos coherentes (sentir, pensar y hacer en una misma dirección) y cuándo no; ser cada vez más responsables de nuestras elecciones, ampliar nuestro espectro de las mismas (recordemos que una "no elección", es una elección).

El Cuerpo es quien se encarga de recepcionar TODO cuanto nos acontece, es el primero en registrar lo que nos pasa con sus sensaciones, nos demos cuenta o no en la conciencia, le podamos poner nombre o no a nuestro sentir o claridad en lo que estamos pensando. Nuestro cuerpo sí registra.

Tenemos muchas expresiones donde se hace claro este vínculo: "Uy, me cayó como una patada al hígado", "Tengo un nudo en el estómago", "Siento una pelota atragantada en la garganta", "Tengo mariposas en el estómago", ... Muchas veces nos damos cuenta de lo que nos pasa corporalmente en conexión con lo que nos pasa en el afuera. Otras veces no.

El Cuerpo expresa las emociones que nos guardamos en silencio, o las hemos anestesiado para evitar sentir dolor/ miedo/ enojo. En frecuentes ocasiones nos callamos por elección, y lo elegimos por muy distintos motivos (para evitar conflictos, por miedo, nos quedamos sin palabras en ese momento y después no sabemos cómo retomar la situación, no sabemos con quién compartir lo que nos pasa, no queremos preocupar - es lo que nos decimos a nosotros mismos-, ...) y vamos depositando en el cuerpo estos silencios sin darnos cuenta.

Cada cuerpo encuentra su manera de "hablar", de expresar esas emociones que han quedado guardadas adentro y, en muchas ocasiones, hasta hemos olvidado que las sentimos (por eso hablo de la anestesia emocional). Algunos ejemplos son: tensiones en cervicales, alta presión, esguinces recurrentes, lumbalgias, migrañas, acidez estomacal, etc.
El lenguaje de las afecciones físicas es amplio (hay varios libros al respecto) e incluso en Gestalt la Dra. Adriana Schnake se ha especializado en el lenguaje del síntoma: "Enfermedad, Síntoma y Carácter".

¡No toda afección física es un silencio puesto en el cuerpo! Somos humanos y nuestro cuerpo se resiente, nos enfermamos o podemos presentar dolencias de amplia variedad. Lo que hemos de prestar atención es a la repetición o permanencia crónica en nuestro cuerpo. Quizás nos esté hablando, poniéndole su lenguaje especial a esa emoción que callamos (nos tragamos) y/o a situaciones indeseadas que "normalizamos", para que veamos qué tenemos que cambiar en nosotros, qué herramientas no estamos empleando o qué aspecto nuestro ha de ser transformado.

Si nos prestamos atención podemos dar cuenta de muchos de estos silencios depositados en el cuerpo. Fíjate, date tiempo para registrar qué emoción no estás expresando; cuando aprendemos a expresar nuestras emociones, con respeto hacia nosotros y hacia los demás, dejamos de poner en nuestro cuerpo tantos síntomas y padecimientos.

Otras veces, no tenemos ni la menor idea, e incluso pueden ser corazas corporales instaladas en algún momento de nuestras vidas, para protegernos. Por la importancia de este último punto, las corazas corporales, lo dejo para otra oportunidad, pues incluso es una de las razones por la que puede instalarse la anestesia emocional.

Ojalá vayamos depositando cada vez menos silencios en nuestro Cuerpo y que cuando optemos por callar sea por una clara elección sin "pagar ningún precio".

¡Buena semana!

Dra. Aída Bello Canto
Psiclogía y Gestalt

 
 
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