Actualizado: Tips contra la Autoexigencia Tóxica
Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt
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25 de septiembre de 2016
20 de septiembre de 2015
Radriografía de la Culpa
Todos tenemos adentro un conjunto de reglas que funciona en nuestro interior desde nuestra más tierna infancia. Son variables según nuestra educación, sociedad, país. Cuando faltamos a alguna de estas reglas es que aparece la Culpa.
Supongamos que tenemos el mandato/regla de "El Bienestar del otro va primero"; si deseo hacer algo que es sólo para mí porque sencillamente me gusta, o deseo independizarme del trabajo/empresa familiar o me quiero ir a vivir sol@, puedo sentirme muy egoísta al llevarlo a cabo, con la consabida culpa de solamente DESEARLO (ni qué digamos el hacerlo). Hay un aspecto interno que se siente culpable y otro aspecto interno que es el que culpa/ acusa, ya que es el Guardián de las reglas.
Entre estos dos aspectos se establece un diálogo, donde cada parte ofrece sus razones:
Culpable: "Yo quiero trabajar en lo que me gusta, ser feliz con lo que hago"
"Necesito independizarme, tener mi espacio propio"
"Ellos también eligieron en su momento; no soy egoísta"
Acusador: "¿Vas a abandonar a tu familia?"
"Con todo lo que te ha dado, ¿ahora l@ dejas?"
"¡Qué egoísta! Nada te importa"
Mientras no se llegue a un real diálogo entres estos dos aspectos nuestros en busca de una solución adecuada para ambos, donde no hay ganador ni perdedor, permaneceremos en el conflicto interno. Si concretamos nuestro deseo sin resolver este conflicto, la duración de la pseudo-tranquilidad será breve. O seguimos sintiéndonos en falta o nos sentimos desdichados con lo que hacemos. En ninguno de los dos lados estamos en paz.
Las reglas cambian con el tiempo: por ejemplo tiempo atrás en nuestra sociedad latina estaba la regla "Sólo te irás de la casa de tus padres cuando te cases"; ya sabemos cómo ha sido modificada esta regla. Así también podemos modificar nuestro código de reglas mas si no informamos a nuestro Guardián interno/ Acusador, encargado de señalarnos cuando transgredimos una regla y ésta señal es la Culpa, nos encontraremos con alta frecuencia inmersos en este "estar en falta".
La resolución viene con una íntima revisión de la regla interna, lo que llamamos actualización, que podría ser en nuestro ejemplo: "El Bienestar del otro es importante y el tuyo también. Eres libre de decidir tu vida". Iré dando los pasos adecuados hacia mi deseo y/o necesidad, contemplando al otro, con respeto y comunicación clara. A veces me entenderán, a veces no, mas se con absoluta certeza que no soy egoísta ni abandono a nadie.
Cuando no podemos resolver este conflicto interno, solemos ubicar una de las dos partes nuestras en el afuera; esto significa que me posiciono en "culpable" en mi vida y afuera voy a encontrar uno o varios "acusadores", que van a recordarme lo mal que hago las cosas, lo "egoísta" que soy. ¡Chan!
Imagínense que hay tantos mandatos como personas, ¡revisa de qué te sientes culpable! y descubre la regla a la que estás faltando. Así podrás dar pasos para la actualización de la misma, sosteniendo un diálogo interno entre las dos partes para arribar a un cambio o reformulación de la regla.
¿Compartes tu hallazgo con nosotros? ¡Gracias!
Te deseo un excelente día.
Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt
Supongamos que tenemos el mandato/regla de "El Bienestar del otro va primero"; si deseo hacer algo que es sólo para mí porque sencillamente me gusta, o deseo independizarme del trabajo/empresa familiar o me quiero ir a vivir sol@, puedo sentirme muy egoísta al llevarlo a cabo, con la consabida culpa de solamente DESEARLO (ni qué digamos el hacerlo). Hay un aspecto interno que se siente culpable y otro aspecto interno que es el que culpa/ acusa, ya que es el Guardián de las reglas.
Entre estos dos aspectos se establece un diálogo, donde cada parte ofrece sus razones:
Culpable: "Yo quiero trabajar en lo que me gusta, ser feliz con lo que hago"
"Necesito independizarme, tener mi espacio propio"
"Ellos también eligieron en su momento; no soy egoísta"
Acusador: "¿Vas a abandonar a tu familia?"
"Con todo lo que te ha dado, ¿ahora l@ dejas?"
"¡Qué egoísta! Nada te importa"
Mientras no se llegue a un real diálogo entres estos dos aspectos nuestros en busca de una solución adecuada para ambos, donde no hay ganador ni perdedor, permaneceremos en el conflicto interno. Si concretamos nuestro deseo sin resolver este conflicto, la duración de la pseudo-tranquilidad será breve. O seguimos sintiéndonos en falta o nos sentimos desdichados con lo que hacemos. En ninguno de los dos lados estamos en paz.
Las reglas cambian con el tiempo: por ejemplo tiempo atrás en nuestra sociedad latina estaba la regla "Sólo te irás de la casa de tus padres cuando te cases"; ya sabemos cómo ha sido modificada esta regla. Así también podemos modificar nuestro código de reglas mas si no informamos a nuestro Guardián interno/ Acusador, encargado de señalarnos cuando transgredimos una regla y ésta señal es la Culpa, nos encontraremos con alta frecuencia inmersos en este "estar en falta".
La resolución viene con una íntima revisión de la regla interna, lo que llamamos actualización, que podría ser en nuestro ejemplo: "El Bienestar del otro es importante y el tuyo también. Eres libre de decidir tu vida". Iré dando los pasos adecuados hacia mi deseo y/o necesidad, contemplando al otro, con respeto y comunicación clara. A veces me entenderán, a veces no, mas se con absoluta certeza que no soy egoísta ni abandono a nadie.
Cuando no podemos resolver este conflicto interno, solemos ubicar una de las dos partes nuestras en el afuera; esto significa que me posiciono en "culpable" en mi vida y afuera voy a encontrar uno o varios "acusadores", que van a recordarme lo mal que hago las cosas, lo "egoísta" que soy. ¡Chan!
Imagínense que hay tantos mandatos como personas, ¡revisa de qué te sientes culpable! y descubre la regla a la que estás faltando. Así podrás dar pasos para la actualización de la misma, sosteniendo un diálogo interno entre las dos partes para arribar a un cambio o reformulación de la regla.
¿Compartes tu hallazgo con nosotros? ¡Gracias!
Te deseo un excelente día.
Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt
5 de enero de 2014
La Autoexigencia como aliada.
Iniciando el año solemos hacer una lista, mental o escrita, de nuestros propósitos para el transcurso del mismo; a veces retomamos lo que quedó inconcluso del año anterior, otras con proyectos no concretados en la antigua lista, nos lanzamos con nuevos o con la continuación de lo iniciado. Sea cual sea el lugar donde nos paramos nosotros mismos, suele filtrarse la exigencia de manera sútil y en este ahora no nos afecta ya que tenemos toda la energía del propósito, las ganas, el inicio. Mas, ¿qué pasa más adelante?
La autoexigencia puede ser una gran herramienta para llevarnos a alcanzar nuestros logros, mas también puede ser un gran obstáculo en el camino; la diferencia entre conectarnos con ser perfectibles, abiertos a mejorar, y el rozar la obsesión de ser perfectos, reside en la claridad en nuestra propia propuesta de metas posibles. Y cuando hablo de metas posibles, me refiero a tomarse cada uno en cuenta como trabajador de esa empresa/ meta/ proyecto, no solamente como el planificador/ deseador que sin darnos cuenta se convierte adentro nuestro en un gran evaluador de la manera en que hacemos o no hacemos las cosas.
Sabemos que tenemos frecuentes diálogos internos, unas veces más claros que otras, donde se recrean aspectos diversos y polares (conocidos, desconocidos y/o rechazados) y cuánta mayor claridad podemos darle a los mismos, mayor ganancia obtenemos en nuestro autoconocimiento y comprensión de estos acuerdos o desacuerdos internos. El trabajo en gestalt de estos aspectos y su interacción interna es uno de los objetivos a alcanzar, pues no sólo apuntamos a acordar con nuestras partes, teniendo en cuenta nuestras capacidades y herramientas, sino que dejamos de poner en el afuera los enfrentamientos que tenemos adentro.
Si desconozco mi evaluador interno, esa parte mía que me exige ser bueno/a en lo que haga, cumplir con mis objetivos, no reconocerme en lo alcanzado por temor a que me "achanche" o me "duerma", sentir que siempre puede ser mejor con lo cual la sensación de insatisfacción aparece, pues lo voy a poner en el afuera, en otra persona que me genera todo lo anterior - y siempre encontramos en nuestro entorno a quién calzarle el "exigente". Según el lugar que ocupe esa persona en nuestra vida, afectará más o menos nuestra relación. Este evaluador interno le abre la puerta a la exigencia tóxica.
En el ahora mi deseo es que en las metas propuestas, cuenten con su autoexigencia como un aliado; para ello reconozcan estas partes que poseemos: el planificador, el trabajador - quién llevará a cabo lo planificado- y el evaluador - encargado de supervisar la ejecución o no ejecución en el tiempo. Y algunos tips que contemplan a los tres son:
- Pasa a escrito tu lista y ante cada cosa (aunque sea una sóla) ponle al inicio ELIJO ... o QUIERO ... Léela y fíjate si estás de acuerdo con ello; a veces lo que ponemos o pensamos es TENGO QUE ... y ahí ya encontramos un problema, pues nuestros propósitos que van de la mano con "tengo que ... " hablan del tipo de exigencia tóxica que no tiene en cuenta al trabajador con lo cual nos dirigimos a la insatisfacción o autorreproche.
- Ubica al lado de cada meta/ deseo tres columnas, para que las llenes y lo tomes en cuenta:
1) Las herramientas con las que cuento.
2) Posibles obstáculos.
3) Soportes / ayuda que necesito (buscar información, personas con la que cuento para este propósito, asesoramiento, delegar en alguna etapa, etc).
Cuando tomamos en cuenta estos puntos, propiciamos una autoexigencia sana que no convierte el deseo en obligación, ni nos conduce a la culpabilidad, resentimiento, fracaso. Nos pone en una mirada de valoración al proceso, al camino, y no sólo en el objetivo, tomando una actitud de aprendiz, mejor gestión de nuestro tiempo y auto-reconocimiento de los pasos dados.
¡Por un más humano 2014!
La autoexigencia puede ser una gran herramienta para llevarnos a alcanzar nuestros logros, mas también puede ser un gran obstáculo en el camino; la diferencia entre conectarnos con ser perfectibles, abiertos a mejorar, y el rozar la obsesión de ser perfectos, reside en la claridad en nuestra propia propuesta de metas posibles. Y cuando hablo de metas posibles, me refiero a tomarse cada uno en cuenta como trabajador de esa empresa/ meta/ proyecto, no solamente como el planificador/ deseador que sin darnos cuenta se convierte adentro nuestro en un gran evaluador de la manera en que hacemos o no hacemos las cosas.
Sabemos que tenemos frecuentes diálogos internos, unas veces más claros que otras, donde se recrean aspectos diversos y polares (conocidos, desconocidos y/o rechazados) y cuánta mayor claridad podemos darle a los mismos, mayor ganancia obtenemos en nuestro autoconocimiento y comprensión de estos acuerdos o desacuerdos internos. El trabajo en gestalt de estos aspectos y su interacción interna es uno de los objetivos a alcanzar, pues no sólo apuntamos a acordar con nuestras partes, teniendo en cuenta nuestras capacidades y herramientas, sino que dejamos de poner en el afuera los enfrentamientos que tenemos adentro.
Si desconozco mi evaluador interno, esa parte mía que me exige ser bueno/a en lo que haga, cumplir con mis objetivos, no reconocerme en lo alcanzado por temor a que me "achanche" o me "duerma", sentir que siempre puede ser mejor con lo cual la sensación de insatisfacción aparece, pues lo voy a poner en el afuera, en otra persona que me genera todo lo anterior - y siempre encontramos en nuestro entorno a quién calzarle el "exigente". Según el lugar que ocupe esa persona en nuestra vida, afectará más o menos nuestra relación. Este evaluador interno le abre la puerta a la exigencia tóxica.
En el ahora mi deseo es que en las metas propuestas, cuenten con su autoexigencia como un aliado; para ello reconozcan estas partes que poseemos: el planificador, el trabajador - quién llevará a cabo lo planificado- y el evaluador - encargado de supervisar la ejecución o no ejecución en el tiempo. Y algunos tips que contemplan a los tres son:
- Pasa a escrito tu lista y ante cada cosa (aunque sea una sóla) ponle al inicio ELIJO ... o QUIERO ... Léela y fíjate si estás de acuerdo con ello; a veces lo que ponemos o pensamos es TENGO QUE ... y ahí ya encontramos un problema, pues nuestros propósitos que van de la mano con "tengo que ... " hablan del tipo de exigencia tóxica que no tiene en cuenta al trabajador con lo cual nos dirigimos a la insatisfacción o autorreproche.
- Ubica al lado de cada meta/ deseo tres columnas, para que las llenes y lo tomes en cuenta:
1) Las herramientas con las que cuento.
2) Posibles obstáculos.
3) Soportes / ayuda que necesito (buscar información, personas con la que cuento para este propósito, asesoramiento, delegar en alguna etapa, etc).
Cuando tomamos en cuenta estos puntos, propiciamos una autoexigencia sana que no convierte el deseo en obligación, ni nos conduce a la culpabilidad, resentimiento, fracaso. Nos pone en una mirada de valoración al proceso, al camino, y no sólo en el objetivo, tomando una actitud de aprendiz, mejor gestión de nuestro tiempo y auto-reconocimiento de los pasos dados.
¡Por un más humano 2014!
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