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31 de mayo de 2024
Beneficios de armonía Mente/ Corazón
🌿 Cuando nuestro corazón y mente no están armonizados, podemos experimentar un profundo desequilibrio emocional y mental. Esto puede manifestarse en forma de estrés, ansiedad, confusión, indecisión, falta de paz interior y un sentido de falta de propósito en la vida. 🌿 La desconexión entre lo que sentimos y lo que pensamos puede llevarnos a tomar decisiones impulsivas o irracionales, dificultando nuestra capacidad para enfrentar los desafíos de manera efectiva y encontrar la felicidad y el bienestar genuinos. Es importante cultivar la armonía entre la mente y el corazón para vivir una vida más plena y significativa.
Tres beneficios importantes de permitir que nuestra mente y nuestro corazón estén en sintonía ante cualquier situación:
1. **Claridad y toma de decisiones mejor informadas**: Cuando nuestra mente y nuestro corazón están en sintonía, podemos tomar decisiones de una manera más equilibrada y consciente. Al escuchar tanto a nuestra mente (pensamientos racionales) como a nuestro corazón (emociones y sentimientos), podemos tener una visión más clara de la situación y tomar decisiones que estén en línea con lo que realmente deseamos y necesitamos.
2. **Reducción del estrés *y la ansiedad*: Cuando estamos en armonía con nuestros pensamientos y emociones, tendemos a experimentar menos estrés y ansiedad. La coherencia entre la mente y el corazón nos permite manejar las situaciones difíciles con mayor calma y resiliencia, lo que contribuye a un mayor bienestar emocional y mental.
3. **Mejora de las relaciones interpersonales**: Al estar en sintonía con nuestra mente y nuestro corazón, también estamos más abiertos a comprender y empatizar con los demás. Esto puede fortalecer nuestras relaciones interpersonales, ya que tendemos a comunicarnos de manera más efectiva, a ser más compasivos y a responder de forma más auténtica a las necesidades de los demás.
En resumen, permitir que nuestra mente y nuestro corazón estén en sintonía nos ayuda a vivir de manera más consciente y equilibrada, lo que tiene efectos positivos en nuestra toma de decisiones, nuestra salud emocional y nuestras relaciones con los demás.
¡Lo valemos! Psicología y Gestalt Dra. Aida Bello Canto
23 de febrero de 2020
Cuando la Queja se instala
Muchos de nosotros conocemos a personas que viven quejándose de lo que les pasa, de lo que les toca vivir, de dolencias físicas o emocionales, de "esto" o de lo "otro". ¡Siempre hay algo de qué quejarse! Suelen tener un aire apesadumbrado, triste o de constante enojo.
Ante cualquier intento de ayuda, la persona quejosa tiene respuestas para cada una de las propuestas que se le brindan, ya sea descalificando o justificando su malestar/ queja. El sentimiento de impotencia por parte del que quiere ayudar es grande, hasta que se cansa y apela a conocidas frases, como:
"Querer es poder"
"Fíjate en tus elecciones; siempre te pasa lo mismo"
"A tí te gusta estar mal"
"Estás mal porque quieres; ¡con lo que tienes para ser feliz!"
La persona que vive instalada en la queja, no la pasa bien, pues aunque desee llamar la atención y obtener cierta dosis de compasión, realmente se "cree" lo que dice y su mirada hacia su vida está restringida, sin percibir y sentir cuánto de positivo existe en su mundo.
El quejoso se acostumbra a vivir en malestar, convirtiéndose la queja en un lugar cómodo y seguro. Por eso es que es tan difícil sacar a esta persona de la queja, que vea salidas de resolución y valorice lo mucho bueno que tiene (en salud, afectos, trabajo, etc). Todo impulso para que cambie a una actitud positiva, se torna estéril.
Cuesta pensar que se está cómodo en la queja, mas el gran beneficio es la seguridad; para salir de la misma he de cambiar algo, he de empezar a actuar, a hacer cosas diferentes. ¡Y da miedo! Todo cambio implica transitar una zona desconocida y por ende incierta e insegura.
En cambio permanecer en el malestar de la queja, permite moverse en terreno conocido, donde ya se sabe qué depara el día, qué se puede esperar de la vida y de la gente. ¡No hay sorpresas! Hay un convencimiento de que haga lo que haga, nada cambia. Entonces, ¿para qué exponerse a mayores dolores o decepciones?
Precisamente el problema de esta visión del mundo es que ubican afuera el cambio en sus vidas, sin darse cuenta que solamente cuando cambiamos nosotros mismos es que vamos generando un cambio en nuestro entorno, en nuestras relaciones, en nuestra propia calidad de vida. Implica convertirnos en protagonistas y hacedores de cuánto nos pasa. Registrar qué tengo que ver yo, con cuánto me sucede y ahí podré darme cuenta de dónde he de empezar a generar otras respuestas.
Respetar la emoción del miedo que aparece frente al cambio, a lo nuevo, implica ir despacio, suave. De esta manera podremos dar pequeños pasos e ir ganando confianza en nosotros mismos, tomando una dosis de riesgo que sí podemos soportar. De esta forma también vamos registrando el efecto transformador positivo en nuestra nueva actitud.
La queja es cual lentes "sucios" con los que miramos a través de ellos la vida. Y solamente quien los lleva puestos es quien puede limpiarlos. Vale para que no se sientan mal ante la impotencia con personas quejosas del entorno, y vale para tener claridad de que si te pasa a tí: ¡sólo tú puedes limpiarlos!
Si quieres que algo cambie, haz algo al respecto.
Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt
Ante cualquier intento de ayuda, la persona quejosa tiene respuestas para cada una de las propuestas que se le brindan, ya sea descalificando o justificando su malestar/ queja. El sentimiento de impotencia por parte del que quiere ayudar es grande, hasta que se cansa y apela a conocidas frases, como:
"Querer es poder"
"Fíjate en tus elecciones; siempre te pasa lo mismo"
"A tí te gusta estar mal"
"Estás mal porque quieres; ¡con lo que tienes para ser feliz!"
La persona que vive instalada en la queja, no la pasa bien, pues aunque desee llamar la atención y obtener cierta dosis de compasión, realmente se "cree" lo que dice y su mirada hacia su vida está restringida, sin percibir y sentir cuánto de positivo existe en su mundo.
El quejoso se acostumbra a vivir en malestar, convirtiéndose la queja en un lugar cómodo y seguro. Por eso es que es tan difícil sacar a esta persona de la queja, que vea salidas de resolución y valorice lo mucho bueno que tiene (en salud, afectos, trabajo, etc). Todo impulso para que cambie a una actitud positiva, se torna estéril.
Cuesta pensar que se está cómodo en la queja, mas el gran beneficio es la seguridad; para salir de la misma he de cambiar algo, he de empezar a actuar, a hacer cosas diferentes. ¡Y da miedo! Todo cambio implica transitar una zona desconocida y por ende incierta e insegura.
En cambio permanecer en el malestar de la queja, permite moverse en terreno conocido, donde ya se sabe qué depara el día, qué se puede esperar de la vida y de la gente. ¡No hay sorpresas! Hay un convencimiento de que haga lo que haga, nada cambia. Entonces, ¿para qué exponerse a mayores dolores o decepciones?
Precisamente el problema de esta visión del mundo es que ubican afuera el cambio en sus vidas, sin darse cuenta que solamente cuando cambiamos nosotros mismos es que vamos generando un cambio en nuestro entorno, en nuestras relaciones, en nuestra propia calidad de vida. Implica convertirnos en protagonistas y hacedores de cuánto nos pasa. Registrar qué tengo que ver yo, con cuánto me sucede y ahí podré darme cuenta de dónde he de empezar a generar otras respuestas.
Respetar la emoción del miedo que aparece frente al cambio, a lo nuevo, implica ir despacio, suave. De esta manera podremos dar pequeños pasos e ir ganando confianza en nosotros mismos, tomando una dosis de riesgo que sí podemos soportar. De esta forma también vamos registrando el efecto transformador positivo en nuestra nueva actitud.
La queja es cual lentes "sucios" con los que miramos a través de ellos la vida. Y solamente quien los lleva puestos es quien puede limpiarlos. Vale para que no se sientan mal ante la impotencia con personas quejosas del entorno, y vale para tener claridad de que si te pasa a tí: ¡sólo tú puedes limpiarlos!
Si quieres que algo cambie, haz algo al respecto.
Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt
18 de junio de 2017
Cuando te enfermas, ¿te ayudas o te quejas?
En el ámbito de la salud física y emocional, se ha llegado a la conclusión de que no hay enfermedades sino enfermos, siendo esta diferenciación de vital importancia pues habla de que nosotros, las personas, somos quienes enfermamos de algo específico en un momento específico en nuestras vidas, y tomamos cierta actitud única frente a lo que nos acontece, para ayuda o perjuicio propio.
Por supuesto que conocemos una amplia gama de enfermedades, todas con su sintomatología y diagnóstico. A lo que me refiero es a la presencia del Ser Humano como factor crucial: ¿de qué nos enfermamos? ¿Cuándo nos enfermamos? Y el pronóstico de recuperación esta íntimamente ligado a la actitud de la persona frente a la misma, más allá de los cuidados pertinentes que tome. Muchas son las investigaciones que lo corroboran y sustentan sus resultados con imágenes del scan cerebral ( Dr. Matthiu Ricard, publicado en “Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias, Nov. 2007).
Así pues, dos personas con un mismo diagnóstico y tratamiento pueden tener muy diferente respuesta para alcanzar la recuperación. “¿Me quejo de lo que me pasa?, ¿Siento que es el peor momento para enfermarme?, ¡De esto si que me va a costar salir!, ¡Peor no puedo estar!”
Otra postura sería: “necesito descanso; me pasé de la raya” (escucho las señales de mi cuerpo de agotamiento, registro mi stress, por ende bajan mis defensas siendo terreno fértil para amplia gama de enfermedades). No tomar una postura de queja, sino ver què puedo hacer para colaborar en mi recuperación cuando es posible, o en mejorar mi calidad de vida y tener presente lo que sì puedo hacer, con lo que me puedo conectar, cuando hablamos de algo crónico.
La enfermedad es algo que nos pasa, no lo que somos. Es importante diferenciarlo porque muchas personas se definen por lo que padecen ... y èsto ya marca una actitud frente a la misma.
Hoy en dìa son inmensas las investigaciones que relacionan la enfermedad, el sentido de la misma en la vida de la persona, las emociones involucradas y el "mensaje" que se ha de aprender. Las neurociencias nos ofrecen un enorme aporte al respecto. Tanto mèdicos como los profesionales de la salud mental, conocemos el puente innegable entre mente y cuerpo; y la inclusión de la persona enferma, con su actitud y posiciòn activa frente a su tratamiento, hace la gran diferencia.
Y recuerden que sea la enfermedad que sea, siempre, siempre, el contacto con otras personas, el compartir, el encuentro, AYUDA.
Si nos concedemos una mirada de aprendiz frente a la enfermedad que nos acontece, escuchando de qué hablan nuestros síntomas y la invitación de los mismos a una mejor calidad de vida, nos ubicamos en agentes activos a favor de nosotros mismos.
Y es de nuestra Vida de lo que se trata.
Dra. Aìda Bello Canto
Psicologìa y Gestalt
26 de febrero de 2017
31 de julio de 2016
21 de febrero de 2016
Desdramatizar, alivia y ¡se aprende!
Actualizado: "Dramatizar ¡ayuda, alivia y genera cambios!"
Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt
Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt
24 de enero de 2015
22 de noviembre de 2014
La Actitud Positiva como factor protector y preventivo
Actualizado: "Actitud Positiva: factor protector ante la Depresión y Ansiedad"
Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt
Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt
27 de septiembre de 2014
Conflictos por lo "Obvio" (+ ejercicio)
La palabra obvio es utilizada con alta frecuencia dentro de nuestra cotidiana comunicación, creyendo que con ello aludimos a indicar una realidad. No solamente aparece en nuestra manera de expresarnos sino que, fundamentalmente, está dentro nuestro el pensamiento casi automático el impregnar cuanto acontece con nuestras propias conclusiones. Es curioso cómo incluso ha pasado a ser una expresión muy común (por lo menos aquí en la Argentina) para resaltar un comentario y/o mostrar la "claridad" de lo que se habla:
- "¿Oíste mi respuesta? ¡Se la merecía!"
- ¡Obvio!
El tema presente no es el equivocado uso en sí mismo de esta palabra, sino de la confusión en que nos vemos muchas veces sumergidos por dar por obvio lo que realmente no lo es, sino que entra dentro de nuestras suposiciones, lo que imaginamos y le ponemos a otras personas o situaciones. ¿Qué importancia posee que hagamos esto? pues que reaccionamos en base a lo que pensamos y no a lo que ES, a lo que acontece en el afuera. Es una fuente generadora de muchos conflictos, de interpretaciones erróneas que incide en las relaciones.
En Gestalt es de vital importancia la diferenciación entre lo obvio y lo imaginario, entre lo que es comprobable a través de nuestros sentidos por todas las personas y lo que imaginamos o le ponemos de nosotros mismos a lo que estamos observando o interactuando. Puedo observar un gesto contraído, una frente arrugada, unos dientes con presión, y concluir de inmediato que esta persona está enojada. Esto nos lleva a tener una reacción específica ante nuestra convicción del enojo existente en la otra persona. ¿Y si no es así? ¿Y si lo que pasa es que está con un gran dolor de estómago, por ejemplo?
No solemos tomarnos el tiempo para ir y corraborar nuestra imaginación, lo damos por un hecho y a partir de ahí nuestra actitud hacia esta persona toma una dirección (ni qué decir si además pensamos que el enojo tiene que ver con nosotros, lo tomamos a modo personal): no lo saludamos, le hablamos de manera "fría", etc. Y de esta manera vamos creando un circuito de acción y reacción basado en lo que pensamos y no en la realidad.
Por supuesto que podemos dar en el blanco con nuestro imaginario, con la interpretación de la realidad a la que llegamos internamente, mas sólo estaremos en condiciones de afirmar que es tal cual lo supusimos, si lo confirmamos con el otro. Sino, hemos de saber que el riesgo a equivocarnos es enorme, provocándonos a nosotros mismos emociones y sensaciones de conflicto que solamente poseen sustento en nuestro mundo interior. Y todo esto viene acompañado con lo que nos da ganas de hacer, genera una reacción interna - la llevemos a cabo o no-.
Si prestan atención en algún momento del día, fíjense cuán frecuente les aparece mezclado lo obvio con lo que Ustedes suponen o cuánto impregnan de lo personal creyendo que es así: Es así para cada uno de nosotros, y podemos verlo cada uno de distinta manera. A modo de ayuda para esta discriminación, les ofrezco un video Gestalt ejercicio: OBVIO / IMAGINARIO . El objetivo no es desestimar lo que rápidamente yo creo o interpreto (nos basamos en experiencias previas propias o ajenas), sino que registre qué es lo que yo imagino/ supongo, es para mí, no necesariamente lo que pasa. ¿Cuántas veces ofrecemos a otra persona lo que creemos que necesita, sin preguntarle si en realidad es lo que precisa?
¡Ojalá se animen a hacerlo! La discriminación de ambos nos ahorra muchos conflictos y emociones que nos conectan a pasar un momento desagradable; nos ayuda a no invadir al Otro dando por hecho que sabemos qué requiere. Para reflexionar ...
¡Les deseo lo mejor!
- "¿Oíste mi respuesta? ¡Se la merecía!"
- ¡Obvio!
El tema presente no es el equivocado uso en sí mismo de esta palabra, sino de la confusión en que nos vemos muchas veces sumergidos por dar por obvio lo que realmente no lo es, sino que entra dentro de nuestras suposiciones, lo que imaginamos y le ponemos a otras personas o situaciones. ¿Qué importancia posee que hagamos esto? pues que reaccionamos en base a lo que pensamos y no a lo que ES, a lo que acontece en el afuera. Es una fuente generadora de muchos conflictos, de interpretaciones erróneas que incide en las relaciones.
En Gestalt es de vital importancia la diferenciación entre lo obvio y lo imaginario, entre lo que es comprobable a través de nuestros sentidos por todas las personas y lo que imaginamos o le ponemos de nosotros mismos a lo que estamos observando o interactuando. Puedo observar un gesto contraído, una frente arrugada, unos dientes con presión, y concluir de inmediato que esta persona está enojada. Esto nos lleva a tener una reacción específica ante nuestra convicción del enojo existente en la otra persona. ¿Y si no es así? ¿Y si lo que pasa es que está con un gran dolor de estómago, por ejemplo?
No solemos tomarnos el tiempo para ir y corraborar nuestra imaginación, lo damos por un hecho y a partir de ahí nuestra actitud hacia esta persona toma una dirección (ni qué decir si además pensamos que el enojo tiene que ver con nosotros, lo tomamos a modo personal): no lo saludamos, le hablamos de manera "fría", etc. Y de esta manera vamos creando un circuito de acción y reacción basado en lo que pensamos y no en la realidad.
Por supuesto que podemos dar en el blanco con nuestro imaginario, con la interpretación de la realidad a la que llegamos internamente, mas sólo estaremos en condiciones de afirmar que es tal cual lo supusimos, si lo confirmamos con el otro. Sino, hemos de saber que el riesgo a equivocarnos es enorme, provocándonos a nosotros mismos emociones y sensaciones de conflicto que solamente poseen sustento en nuestro mundo interior. Y todo esto viene acompañado con lo que nos da ganas de hacer, genera una reacción interna - la llevemos a cabo o no-.
Si prestan atención en algún momento del día, fíjense cuán frecuente les aparece mezclado lo obvio con lo que Ustedes suponen o cuánto impregnan de lo personal creyendo que es así: Es así para cada uno de nosotros, y podemos verlo cada uno de distinta manera. A modo de ayuda para esta discriminación, les ofrezco un video Gestalt ejercicio: OBVIO / IMAGINARIO . El objetivo no es desestimar lo que rápidamente yo creo o interpreto (nos basamos en experiencias previas propias o ajenas), sino que registre qué es lo que yo imagino/ supongo, es para mí, no necesariamente lo que pasa. ¿Cuántas veces ofrecemos a otra persona lo que creemos que necesita, sin preguntarle si en realidad es lo que precisa?
¡Ojalá se animen a hacerlo! La discriminación de ambos nos ahorra muchos conflictos y emociones que nos conectan a pasar un momento desagradable; nos ayuda a no invadir al Otro dando por hecho que sabemos qué requiere. Para reflexionar ...
¡Les deseo lo mejor!
1 de junio de 2014
20 de julio de 2013
Conclusiones Personales que dañan
Una conclusión se refiere a algo terminado dentro de un proceso; es la etapa final de una serie de circunstancias concatenadas, de un conjunto de situaciones o un análisis.
Actualizado: "Conclusiones personales que nos dañan".
Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt
Actualizado: "Conclusiones personales que nos dañan".
Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt
16 de junio de 2013
¿Dificultad para el Bienestar? ¡Qué curioso!
Muchos se habrán extrañado al leer el título, y posiblemente hayan aparecido respuestas inmediatas a esta pregunta (no necesariamente a viva voz) dirigidas a la negación de esta dificultad y a la apertura y gran disposición que todos tenemos a estar en bienestar.
¡Cierto! Todos queremos vivir con esta sensación, mas no estoy hablando del deseo, de las ganas, sino de lo poco preparados que estamos para vivir "en bienestar". Suena raro ¿verdad? Pues vaya a Usted a saber por qué, los seres humanos transitamos más fácilmente los estados de malestar, incomodidad y queja que aquellos de bienestar y contentura (permítanme la palabra). No me refiero a instantes, sino a vivir en un estado. Sí disfrutamos de instantes de alegría, de bienestar, nos abrimos a ellos y los disfrutamos; más sentimos que no son duraderos, sino instantes, momentos.
He sido y soy observadora de una situación muy curiosa que acontece cuando las personas que han transitado la superación del dolor, la incertidumbre del cambio y de lo nuevo, empiezan a sentirse bien, están conectadas con sus vidas de manera positiva, con nuevo sentido y objetivos posibles, entran en una zona gris, teñida del miedo. A esto yo lo he bautizado el síndrome de la felicidad.
"Esto no puede durar", "algo malo va a pasar, ¡seguro!", "mejor que me prepare, porque el golpe será peor", "tanto bienestar tiene un precio", ... éstas son algunos de los pensamientos que se cruzan transitando un estado de bienestar, con su aparejada emoción de miedo o angustia, porque damos por hecho que no será duradero. Y se le suma el ignorar por dónde vendrá el golpe. Además, podemos perdernos de vivir oportunidades nuevas que nos sumen bienestar, en el área de la vida que sea, por temor a que por "ahí venga la cosa".
Cuando digo felicidad y cuando hablo de un estado de bienestar, no me refiero a un estado de nirvana permanente donde nada que nos disguste pase, donde todo esté tal cual yo quiero, donde la vida me sonría en todas sus facetas y la gente sea como a mí me gusta. Me refiero fundamentalmente a una actitud positiva ante la vida, donde conozco mis recursos, aprendí a pedir ayuda (no tengo que resolver todo yo solo/a), me habito con respeto hacia mí y hacia los otros, realizo mis elecciones y aprendo de ellas.
Tras tanto tiempo de observación y mucha lectura, he llegado a una humilde conclusión: no tenemos entrenada nuestra actitud positiva, indispensable - a mi criterio- para permanecer en el estado de bienestar. Nuestro cerebro está más acostumbrado a recorrer los mapas neurológicos grabados con experiencias negativas.
¿Cómo entrenar nuestro cerebro a crear nuevos mapas y fomentar la actitud positiva?
El psicólogo Shawn Achor realizó una investigación durante ocho años en Harvard sobre el entrenamiento del cerebro para ponerlo en positivo, corraborando que con ello se obtienen mejores resultados en cualquier área de la vida y se genera dopamina, que es la encargada de aumentar la sensación de felicidad e incrementar nuestras capacidades cognitivas.
Comparto con Ustedes los cuatro puntos encontrados para desarrollar el cerebro positivo:
1) Gratitud: escribir diariamente tres cosas por las que estamos agradecidos; hacer esto durante 21 días, añadiendo cada día tres cosas nuevas (no vale repetirlas). Nos entrenamos a percibir lo que "hay", y no lo que falta.
2) Ejercicio: la realización de ejercicio físico aumenta la dopamina.
3) Meditación: nos ayuda a focalizar nuestra mente en una cosa (y en el presente) y no en varias al mismo tiempo y parar los pensamientos de todos los colores que tenemos.
4) Acto aleatorio de bondad diario: decirle algo positivo a otra persona, escribir un pensamiento positivo en cualquier red social, ¡ayudar a cruzar la calle!
Espero que les sea útil y haber contribuido con un granito de arena a alcanzar y sostener una actitud positiva, para que no sea tan "curioso" el vivir en bienestar.
¡Buena semana!
¡Cierto! Todos queremos vivir con esta sensación, mas no estoy hablando del deseo, de las ganas, sino de lo poco preparados que estamos para vivir "en bienestar". Suena raro ¿verdad? Pues vaya a Usted a saber por qué, los seres humanos transitamos más fácilmente los estados de malestar, incomodidad y queja que aquellos de bienestar y contentura (permítanme la palabra). No me refiero a instantes, sino a vivir en un estado. Sí disfrutamos de instantes de alegría, de bienestar, nos abrimos a ellos y los disfrutamos; más sentimos que no son duraderos, sino instantes, momentos.
He sido y soy observadora de una situación muy curiosa que acontece cuando las personas que han transitado la superación del dolor, la incertidumbre del cambio y de lo nuevo, empiezan a sentirse bien, están conectadas con sus vidas de manera positiva, con nuevo sentido y objetivos posibles, entran en una zona gris, teñida del miedo. A esto yo lo he bautizado el síndrome de la felicidad.
"Esto no puede durar", "algo malo va a pasar, ¡seguro!", "mejor que me prepare, porque el golpe será peor", "tanto bienestar tiene un precio", ... éstas son algunos de los pensamientos que se cruzan transitando un estado de bienestar, con su aparejada emoción de miedo o angustia, porque damos por hecho que no será duradero. Y se le suma el ignorar por dónde vendrá el golpe. Además, podemos perdernos de vivir oportunidades nuevas que nos sumen bienestar, en el área de la vida que sea, por temor a que por "ahí venga la cosa".
Cuando digo felicidad y cuando hablo de un estado de bienestar, no me refiero a un estado de nirvana permanente donde nada que nos disguste pase, donde todo esté tal cual yo quiero, donde la vida me sonría en todas sus facetas y la gente sea como a mí me gusta. Me refiero fundamentalmente a una actitud positiva ante la vida, donde conozco mis recursos, aprendí a pedir ayuda (no tengo que resolver todo yo solo/a), me habito con respeto hacia mí y hacia los otros, realizo mis elecciones y aprendo de ellas.
Tras tanto tiempo de observación y mucha lectura, he llegado a una humilde conclusión: no tenemos entrenada nuestra actitud positiva, indispensable - a mi criterio- para permanecer en el estado de bienestar. Nuestro cerebro está más acostumbrado a recorrer los mapas neurológicos grabados con experiencias negativas.
¿Cómo entrenar nuestro cerebro a crear nuevos mapas y fomentar la actitud positiva?
El psicólogo Shawn Achor realizó una investigación durante ocho años en Harvard sobre el entrenamiento del cerebro para ponerlo en positivo, corraborando que con ello se obtienen mejores resultados en cualquier área de la vida y se genera dopamina, que es la encargada de aumentar la sensación de felicidad e incrementar nuestras capacidades cognitivas.
Comparto con Ustedes los cuatro puntos encontrados para desarrollar el cerebro positivo:
1) Gratitud: escribir diariamente tres cosas por las que estamos agradecidos; hacer esto durante 21 días, añadiendo cada día tres cosas nuevas (no vale repetirlas). Nos entrenamos a percibir lo que "hay", y no lo que falta.
2) Ejercicio: la realización de ejercicio físico aumenta la dopamina.
3) Meditación: nos ayuda a focalizar nuestra mente en una cosa (y en el presente) y no en varias al mismo tiempo y parar los pensamientos de todos los colores que tenemos.
4) Acto aleatorio de bondad diario: decirle algo positivo a otra persona, escribir un pensamiento positivo en cualquier red social, ¡ayudar a cruzar la calle!
Espero que les sea útil y haber contribuido con un granito de arena a alcanzar y sostener una actitud positiva, para que no sea tan "curioso" el vivir en bienestar.
¡Buena semana!
9 de junio de 2013
25 de mayo de 2013
28 de abril de 2013
¿Enfermedades o enfermos?
La enfermedad, sea la que fuere, es algo que todos los seres Humanos
deseamos que permanezca lejos y ajena a nosotros. Sabemos de su
presencia en nuestra vida por poseer memoria de salud, siendo la
misma valorada ante la pérdida y aparición del anhelo de su
recuperación. ¿Qué podemos hacer? ¡Mucho, sin lugar a dudas!
En el ámbito de la salud física y emocional, se ha arribado a la
conclusión de que no hay enfermedades sino enfermos, siendo esta
diferenciación de vital importancia pues habla de que nosotros, las
personas, somos quienes enfermamos de algo específico en un momento
específico en nuestras vidas, y tomamos cierta actitud única frente
a lo que nos acontece, para ayuda o detrimento propio.
Por supuesto que conocemos una amplia gama de enfermedades, todas con
su sintomatología y diagnóstico. A lo que nos referimos es a la
presencia del Ser Humano como factor crucial: de qué nos enfermamos? ¿Cuándo nos enfermamos? Y el pronóstico de recuperación esta
íntimamente ligado a la actitud de la persona frente a la misma, más
allá de los cuidados pertinentes que tome. Muchas son las
investigaciones que lo corroboran y sustentan sus resultados con
imágenes del scan cerebral llamado “functional magnetic resonance
imaging” ( Dr. Matthiu Ricard, publicado en “Procedimientos de la
Academia Nacional de Ciencias, Nov. 2007).
Así pues, dos personas con un mismo diagnóstico y tratamiento pueden
tener muy diferente respuesta para alcanzar la recuperación. “¿Me
quejo de lo que me pasa?, ¿Siento que es el peor momento para
enfermarme?, ¡De esto si que me va a costar salir!, ¡Peor no puedo
estar!”
Otra postura sería: “necesito descanso; me pasé de la raya”
(escucho las señales de mi cuerpo de agotamiento, registro mi
stress, por ende bajan mis defensas siendo terreno fértil para
amplia gama de enfermedades).
Si nos concedemos una mirada de aprendiz frente a la enfermedad que
nos acontece, escuchando de qué hablan nuestros síntomas y la
invitación de los mismos a una mejor calidad de vida para recuperar
el estado de Salud, nos ubicamos en agentes activos a favor de
nosotros mismos. Y es de nuestra Vida de lo que se trata.
21 de abril de 2013
El Buentrato: sutil condimento.
Ante los desastres acontecidos ultimamente en Buenos Aires, debido a las inundaciones, y otras situaciones mundiales donde el dolor se ha hecho presente, he sentido profundamente como el alma puede arrugarse; dicho de otro modo, una sensacion de impotencia ba;ada de gran tristeza.
Es mucho lo que podemos hacer, aunque resulte poco por la magnitud de la situacion, conectandonos desde la solidaridad. Mas en este ahora, donde mis pensamientos me han llevado por diferentes caminos, deseo compartir con Ustedes la importante medicina que creo que todos llevamos disponible y que puede resultar un magnifico balsamo, con catastrofe o sin ella: el Buentrato.
Por supuesto que el implementarlo en nuestro circulo cercano es casi ley de convivencia (disculpen si para alguno exagero) y si estamos atentos a darlo y recibirlo (caso contrario, pedirlo), de alguna manera nos condimenta el animo para una mejor salida al mundo externo, salir a la calle, bah!
Lo que propongo es llevar este sutil condimento mas alla de nuestros conocidos, emplearlo lo mas que podamos y con quienes podamos.
A veces, solo con nuestra presencia, escucha, una sonrisa o una simple palabra, podemos ser "el milagro que el otro estaba esperando" (anonimo).
Aplicar el buentrato en la vida cotidiana es gratis, y genera un beneficio inmediato. Por ejemplo, le han visto la cara al que cobra el peaje, cuando le damos un "Gracias"?
Tambien creo que es importante estar atentos a que nos pasa cuando somos receptores del buentrato; no darlo por obvio, dejarlo pasar como si tal cosa, sino valorarlo, descubrir lo bueno que nos pasa en ese segundo donde el otro nos hizo sentir "un poco mejor de lo que estabamos": en un negocio, en un transporte, ... donde sea!
Puede ser que la impotencia me haya llevado a resaltar esto tan chiquito, conectarme desde lo infimo para llegar a lo posible. El condimento del buentrato no pasa desapercibido para la existencia del otro ser, este sufriendo o no en ese instante, y siempre suma. Que nos pasa a nosotros cuando lo recibimos?
Me gustaria saber que haces tu para salir de la impotencia; lo compartes por favor? Cada aporte es valioso!
Por ultimo, si ademas podemos dar un poquito de nuestro tiempo ...
"Valora al que te regala su tiempo, pues te esta dando algo que no podra recuperar".
6 de abril de 2013
¿Mirar la paja en el ojo ajeno?
Cuando íntimamente
miro nuestro quehacer como terapeutas gestálticos, no puedo evitar
conmoverme ante la magnitud de nuestro intento de acompañar el
proceso de otros Seres Humanos que acuden a nuestro encuentro en
busca de “un mejor estar en el mundo”, por llamarlo de alguna
manera.
Hago referencia a
terapeutas gestálticos ya que es mi enfoque en el presente quehacer
profesional, mas es válida y aplicable esta reflexión a todos
aquellos profesionales de la salud, sea desde el lugar que sea que
trabajen. Y me quedo pensando, ¿sólo a profesionales de la salud?
¡Ustedes me dirán!
Somos, o pretendemos
ser, en este ahora-presente y en la sociedad en que habitamos, una
suerte de agentes vehiculizantes del crecimiento, cambio y curación.
Y ante esto, me pregunto, ¿se restringe nuestra tarea a “curar”?,
¿desde que lugar nos situamos para tal empresa?
Claudio Naranjo, en una
charla brindada en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, finalizó
su presentación diciendo: “Para ser un buen terapeuta, antes hay
que ser buena Persona”. Esta frase resuena en mí: ¿efectuamos y
permanecemos en nuestro propio crecimiento, cambio y curación?
¿Hemos podido dar el paso, para con nosotros mismos, de sostener una
actitud preventiva ante la constante incertidumbre que nos rodea?
Siento y pienso que no
es poca cosa el preguntarnos “¿y por casa como andamos?”, reveer la propia viga en mi ojo, cuando
desde nuestra mirada holística del Ser Humano como persona en un
ambiente, nosotros empezamos a interactuar, a formar parte del
espacio de vida de ese otro ser humano.
En el paradigma del Campo se privilegia el contacto y la relación. Desde este punto de
vista, revisar mi propia forma de mirar el mundo, darme
cuenta de mi estar en el mundo, por ejemplo, es una responsabilidad
ineludible. Nos guste o no cuando entramos en relación con Otro, lo
afectamos de alguna manera, y viceversa.
Como gestálticos
sabemos que toda herramienta que utilicemos en nuestro quehacer, es
imperioso que nos haya atravesado previamente. Siendo de tanta
utilidad las herramientas que poseemos, ¿Por qué no instalarlas
cual hábito de prevención saludable en nuestra vida? Y desde ahí,
quizás nos ayudaría a una mejor calidad cual acompañantes en el
viaje de ese otro Ser Humano que nos habilita nuestra presencia en su
vida.
Hablo desde el lugar
que conozco, ¿cómo te llega a tí desde el lugar que tú estás?
Ser Persona también va
de la mano de Ser en Comunidad. Ser que existe y coexiste en su
hábitat, barrio, comunidad, con lo cual desde nuestro granito de
arena y como acompañantes de otros granitos de arena, se torna menos
utópico el paulatino logro de una benévola expansión a nuestra
Sociedad.
17 de marzo de 2013
Somos lo que pensamos y sentimos
Frecuentemente
escuchamos información, por diferentes medios, sobre la relación
existente entre nuestra salud y la manera en que vivimos, no solo
desde lo que hacemos propiamente, sino también respecto a los
pensamientos que tenemos y los sentimientos que nos habitan.Es mucho mas conocida la primera, esa estrecha relación entre calidad de vida y salud física; ¿quien ignora los efectos del stress? Presión arterial alta, disminución del sistema inmunológico (mayor propensión a un resfrío, por ejemplo), insomnio, etc.
Ahora bien, la segunda que hace referencia a cómo incide lo que pensamos y sentimos en nuestra salud física, es menos conocida o quizás le prestamos menos atención. El recordar que poseemos un bellísimo laboratorio químico en nuestro cuerpo y cuánto podemos hacer para que funcione a favor de nuestra salud a través de los contenidos de nuestros pensamientos, recuerdos y sentimientos, ¡no es poca cosa!
Por ejemplo, un recuerdo negativo o triste libera las mismas hormonas que una situación de stress; si reiteradamente nuestro pensamiento evoca este tipo de recuerdos, inundamos nuestro organismo con estos químicos que nos conducen a una disminución del sistema inmunológico. Interpretar la experiencia de vida de forma negativa (las relaciones, el trabajo,…) logra que nuestro cerebro genere sus neurotransmisores acordes a tales pensamientos, influye en nuestro ciclo del sueño y hasta “se note” en las células de nuestra piel.
Tenemos frases en nuestro lenguaje cotidiano que hacen alusión a un aspecto de lo que hablamos: “Me broté”, “Me cayó como una patada al hígado”, “… como una piedra en el estómago”, y cada órgano se ve comprometido bioquímicamente mas allá de las palabras.Las investigaciones de House et al. han demostrado que el aislamiento afectivo es un factor de riesgo metabólico tanto o más importante que el tabaquismo, la hipertensión arterial o la obesidad.
De igual manera incidimos en nuestra biología, con sus químicos pertinentes, con la serenidad y la actividad armoniosa. Un recuerdo o pensamiento alegre nos fortalece el sistema inmunológico, de igual manera que ingerir un trozo de tarta con placer en lugar de culpa (¡mejor no comerlo!). Una visión y experiencia vital en lo cotidiano poniendo acento más en” lo que hay y no en lo que falta”, transforma nuestro perfil bioquímico, con las hormonas que segregamos, los neurotransmisores de nuestro cerebro, alimentando nuestra salud física.
La psiconeuroinmunoendocrinologia (PNIE) se ha encargado con sus amplias investigaciones y resultados de darnos a conocer cuán protagonistas somos de nuestra biología, y de cómo nuestros pensamientos y sentimientos son metabolizados por nuestro cuerpo.
“Si quieres saber cómo estará tu cuerpo mañana, observa tus pensamientos y sentimientos de hoy”
10 de marzo de 2013
Cuando la actitud mejora la vida
La realidad es una: “Es lo que Es”, como muchas veces decimos y/o escuchamos. Es lo obvio, lo observable, todo cuanto captan nuestros sentidos, sin prejuicios ni expectativas.
Es cuanto acontece en el mundo externo (personal,
familiar, social, el “afuera”).
Mas para nosotros, los Seres Humanos, nos es muy difícil captar, aprehender, la realidad “real” ya que espontáneamente construimos la realidad a partir de nuestras percepciones, asociaciones, emociones, experiencias anteriores, etc.
¿Qué importancia tiene
esto? Pues que puede sernos muy útil para evitarnos muchos
sinsabores, disgustos y sufrimientos, el saber que estamos más
conectados a nuestra visión de las cosas, que a las cosas mismas.
Cada persona responde mucho
más con sus propias representaciones del mundo en sus relaciones, en
las situaciones de la vida cotidiana, ante lo inesperado y ante lo
conocido, que al mundo real mismo. Impregnamos la realidad con
nuestra propia y personal mirada.
Es inevitable que pongamos
naturalmente nuestro propio tinte a cuanto nos pasa, a cuanto
vivimos. Por ejemplo, suena una música, y para una persona puede ser
agradable y generarle alegría y para otra, despertarle tristeza por
algún recuerdo.
Nuestros recuerdos,
anhelos, temores, “rollos”, etc. dan color a la situación real
en transcurso. Por supuesto que captamos la realidad externa, mas no
podemos dejar de lado la manera en que intervenimos subjetivamente,
como influimos directamente, en el modo en que nos alcanza; en el
como nos influye y nos toca.
Si tenemos esto en cuenta,
cuando nos veamos sacudidos emocionalmente (enojo, tristeza,
angustia, miedo, etc.) y tome en nosotros dimensiones difíciles de
soportar, incluso hasta llegar al cuerpo con todos los síntomas que
conocemos (migrañas, contracturas, dolencias gástricas,
hipertensión,…), seremos grandes colaboradores de nuestra salud y
de nuestra calidad de vida si tomamos un tiempo para diferenciar lo
que realmente pasa y cuanto ponemos nosotros en lo que nos pasa.
Esta es una gran
herramienta para variar nuestra actitud frente a la Vida. Y como
ejemplo comparto un antiguo cuento: Un Señor vio trabajar a tres
picapedreros y le pregunto a cada uno que estaba haciendo. El primero
respondió: “estoy picando piedra”; el segundo: “estoy llevando
comida a mi casa”; y el tercero: “estoy construyendo una
catedral”.
La realidad es una; ¿Qué
actitud decides ponerle?
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