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14 de enero de 2018

La Anestesia Emocional : sosteniendo el vínculo ...

Aida Bello Canto, Psicología, Gestalt, Emociones, Anestesia emocional, Miedo
Las emociones son cual arcoiris en su abanico cromático, y recordemos que aún las que no nos gustan por ser incómodas o desagradables, todas y cada una de ellas nos son útiles, poseen su función.
Las necesitamos todas para desarrollar nuestra inteligencia emocional.

La anestesia emocional está íntimamente vinculada al analfabetismo emocional, mas no son lo mismo. Veamos la diferencia:

El analfabetismo emocional no significa que la persona no sienta las emociones, sino que no puede nombrarlas; no posee un registro que unifique lo que siente con la conciencia, y por ende con la expresión verbal; aparece un escaso darse cuenta de qué es lo que siente. Esto conlleva también a una pobre expresividad emocional, lo cual incide en los vínculos. Además, su registro emocional puede ser muy recortado, nombrando varias emociones, de muy diferente cualidad, con el mismo nombre (ej: conmoverse / estar triste; celos / envidia).

En la anestesia emocional, la persona no siente la emoción. No hay un sentir concreto, de ahí que utilizo el término anestesia, pues nos ofrece con claridad lo que acontece. A la persona le "pasan cosas adentro", existe una emoción específica generada por una situación externa o interna (pensamientos, imágenes, por ejemplo), pero si alguien le pregunta qué siente en ese instante, la respuesta es NADA, porque realmente no siente nada.

Al igual que una zona anestesiada del cuerpo donde sí pasa algo, mas no sentimos nada por efecto de la misma, así puede ocurrir con las emociones. Una persona puede dejar de sentir enojo, para preservar cierto vínculo por ejemplo; le pasan situaciones claras generadoras de enojo (incluso las detecta con facilidad en otros) mas su sentir es NADA. Otro ejemplo es una persona que ante los halagos o reconocimiento de algún tipo, puede entender que le pasa algo agradable, mas no siente NADA.
Aida Bello Canto, Psicología, Gestalt, Emociones

No solamente podemos tener anestesiada una emoción como el enojo o el miedo, sino también la alegría o la afectividad. ¡Cuánto nos perdemos! No registramos una cantidad de herramientas disponibles que poseemos a causa de esta anestesia.

Ir sensibilizándonos emocionalmente, salir de la anestesia emocional, es muy importante también porque podemos estar viviendo alguna relación de maltrato (en la pareja, el trabajo, ...) y no darnos cuenta debido a la anestesia que hemos desarrollado para sostener este vínculo. El precio que pagamos es muy algo, como hemos visto en otros artículos.

Fíjate en alguna de las situaciones que dejas pasar y no sientes nada, pero puedes darte cuenta que en algún momento de daba enojo o miedo, ... ¡ahí tienes un punto de anestesia! Permanece en contacto interno, respira y permanece, para ir abriendo tu registro de sensaciones (corporales):
¿qué te pasa en ese momento?; poco a poco irás afinando tu sentir y añadiendo más datos sensibles. La "nada" ya deja de existir, la anestesia va desapareciendo gradualmente.

Confía en tus recursos actuales; en el momento que nos anestesiamos, fue lo mejor que pudimos hacer en esa situación, pero hemos crecido, transitado experiencias que nos han fortalecido ... ya no somos los mismos!

Un cálido saludo,

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt

6 de abril de 2014

Puliendo el Analfabetismo Emocional

Emociones, Analfabetismo emocional, vinculos toxicos, sensibilizacion, El Tornillo Flojo
Una vez planteado el analfabetismo emocional que se refiere a la dificultad en nombrar emociones sentidas, confundir una emoción por otra, creer que se carece de ciertas emociones a causa de mandatos, creencias, la mayoría de las veces y vemos cómo incide en el pequeño rango de sentir de una persona y el calidad de vínculos que genera, la propuesta de hoy es dar un pasito màs para "pulir" este analfabetismo o mejor dicho, incrementar nuestra semántica emocional.


El hacerme responsable de mis emociones, tomar contacto con ellas, abrirme a la vivencia de es lo que es, me lleva a ser más íntegro y presente.
Siendo el que soy, dando cabida a mi sentir, sin intentar evadirlo, ni forzándome a sentir lo que debería, me torna más auténtico conmigo mismo/a y a partir de ahí con el Otro.

Cada emoción va a impregnar el vínculo que se establezca en ese momento; reconocer la funcionalidad de las emociones enriquecerá la calidad del vínculo establecido.
Esta calidad puede verse mermada e incluso ir en desmedro de la relación con un Otro, sino nos apropiamos de lo que sentimos y de nuestras necesidades emergentes.
Podemos depositar en el otro lo que hemos de atender para y por nosotros mismos. La dependencia emocional, la confluencia, la proyección, son ejemplos de un déficit en responsabilizarnos de nuestro sentir.

Ubicamos en el afuera, en el otro, aquello que evitamos darnos cuenta y atender en nosotros mismos. Depositamos en el otro la satisfacción de nuestra necesidad sin darnos cuenta que vamos creando un entramado para vínculos tóxicos. Por supuesto que necesitamos de soportes externos, amén de la necesidad del contacto con nuestro entorno permanente o esporádico, según la necesidad, mas a lo que hago referencia es a la búsqueda en el afuera como evitación a permanecer con mi sentir (miedo, tristeza, soledad…).

La sensibilización corporal, como previamente lo he señalado, es una de las vías regias para nutrir nuestra semántica emocional. Veamos un ejemplo de trabajo con las sensaciones corporales:
  
José posee dificultad en nombrar distintas emociones. Plantea una problemática en su matrimonio debido a lo poco expresivo que es y dice ser “acusado” por su familia de autoritario y que sólo habla para señalar lo negativo. Cuando le pido que nombre emociones, sólo nombra el enojo y la melancolía; en cambio sí puede describir diversas sensaciones corporales como presión en el pecho, decaimiento físico, cosquilleo general, molestias estomacales, ... José habla de una preocupación con el mismo tono de voz que habla sobre un momento satisfactorio.

Le pido que cierre los ojos y extienda sus manos hacia adelante; yo extiendo también las mías y las ubico debajo de sus palmas. Le indico que con sus manos me exprese diferentes sentimientos, los cuales le voy a ir nombrando de a uno. Le pido que me muestre el enojo (aprieta las mías con movimientos breves y presionándome con sus dedos); tranquilidad (deja caer sus manos sobre las mías con gran peso, quietas, les da vuelta a sus manos depositando sus palmas sobre mis manos con peso – esto lo hace varias veces-); ternura (sus manos toman forma de garra y empieza a rasgarme con sus uñas, cual rastrillo): melancolía (ejecuta los mismos movimientos realizados en la tranquilidad); alegría (agita sus dedos sobre mis manos, con movimientos rápidos y sucesivos, de arriba a abajo).

Hacemos cambio, pidiéndole a José que ahora ubique sus manos abajo de las mías para yo repetir lo más fielmente posible cada movimiento por él realizado. De esta forma, José puede entrar en contacto con su manera de expresar estos sentimientos, llamándole la atención su registro de la ternura, la similitud entre la tranquilidad y la melancolía, de lo cual él no se daba cuenta.
Vamos afinando paulatinamente su registro corporal emocional, “despertando” emociones a su conciencia, para después poder acceder a la expresividad de las mismas. Que pueda mostrar y expresar alegría si es lo que siente, por ejemplo.

 La indagación de las emociones a través de las sensaciones corporales nos permite acceder a la semántica emocional, cómo vivencia la persona las emociones corporalmente, permitiéndonos no solamente un paulatino despertar emocional sino a descubrir qué nombra cuando nombra una emoción.

En el ejemplo de José, vemos cómo es su registro de la ternura y cómo tiene unida la tranquilidad con la melancolía. No es nuestro objetivo presente mostrar el trabajo específico para ayudarlo a discriminar y nutrir su semántica emocional, sino el reiterar la importancia de las sensaciones corporales en el tema que nos ocupa. Si él posee dificultad en nombrarse a sí mismo sus emociones, es esperable que las tenga a la hora de expresarlas en sus vínculos, no solamente con palabras sino con sus gestos, expresiones faciales, con todo su ser.

¿Se animan a realizar este ejercicio con las manos de sensibilización? Será de indagación mutua con su compañero/a, revisando y nutriendo su semántica emocional. ¿Qué descubren en el mismo? Agradezco sus comentarios para enriquecimiento de todos. ¡Gracias! 

15 de febrero de 2014

Nuestro Cuerpo y las Emociones

Emociones, El Tornillo Flojo, Dra. Aida Bello Canto. vinculos
Una vez introducido el tema del analfabetismo emocional y la importancia de ir puliendo nuestra semántica emocional para conectarnos de forma más rica con nuestra propia existencia, sentirnos más vitales y favorecer la calidad del encuentro con otro ser humano, quiero hacer foco en la utilización de la sensibilización corporal para aquellos que deseen ampliar su gama emocional y su incidencia directa en nuestros vínculos.

La indagación de las emociones a través de las sensaciones corporales nos permite acceder al registro de cómo vivencia la persona las emociones corporalmente,  provocando no solamente un paulatino despertar emocional sino a descubrir qué nombra cuando nombra una emoción. Por supuesto que es más fácil cuando se hace con otra persona: por ejemplo dos personas ponen juntas sus palmas de las manos y de a uno le muestra al otro diferentes emociones (el otro le repite lo más exacto posible el movimiento). ¿Cómo lo percibe? ¿Qué percibe? y lo nombra. Juntos pueden ir haciendo un checking de lo percibido.

Por ejemplo, se le pide a José que muestre con las palmas de sus manos la ternura, y empieza a hacer movimientos hacia arriba y hacia abajo sobre las palmas del otro, con los dedos y uñas en garra. Cuando se le repite éste movimiento en sus propias palmas, queda asombrado pues puede darse cuenta que no es ternura ... y aunque aún no le pueda poner nombre a lo que percibe, se le abre una ventanita en la sensación corporal sobre las emociones.

Si la persona posee dificultad en nombrarse a sí mismo sus emociones, es esperable que las tenga a la hora de expresarlas en sus vínculos, no solamente con palabras sino con sus gestos, expresiones faciales, con todo su ser.

Tomarse un minuto cada tanto para registrar cómo me siento o qué siento (algo en el estómago, respiración agitada, cuerpo en relax, presión en el pecho, etc) va a ayudarme a colorear mis diferentes sensaciones en diferentes momentos. Luego vendrá el ponerle nombre; uno que surge frecuentemente es "siento algo raro", lo cual es un gran paso porque es nuevo y no le pongo en automático otra palabra (confusión entre relajación y melancolía, por ejemplo).

Si la persona está abierta a darse cuenta de sus emociones cuando se vincula, puede nutrirse y nutrir al mismo tiempo.

Cada emoción posee una funcionabilidad; por ejemplo: nos pide que busquemos herramientas para resolver la situación (el miedo), nos convoca a un mayor recogimiento (la tristeza), nos conecta con la vitalidad (la alegría), y haciéndonos responsables de lo que sentimos y escuchando las necesidades internas, podremos relacionarnos con esa otra persona de una mejor manera.

Si trabajamos en mejorar nuestra semántica emocional, en ir paulatinamente disminuyendo nuestro analfabetismo en ésta área, estaremos en mejores condiciones de conectarnos con nosotros mismos y con el otro: calidad en los vínculos. No es tarea fácil, ya que crecemos sin este hábito, sumado a la humana respuesta de evitar sentir y/o responsabilizar al mundo de afuera de lo que nos pasa.

Es un aprendizaje donde nos beneficiamos todos.

8 de febrero de 2014

Analfabetismo Emocional

Emociones, Alexitimia, Dra. Aida Bello Canto, vínculos
Con alta frecuencia nos encontramos con personas que poseen dificultad a la hora de nombrar emociones. A esta dificultad, con variantes en intensidad, la he denominado analfabetismo emocional. Se refiere a la dificultad en nombrar emociones sentidas, confundir una emoción por otra, creer que se carece de ciertas emociones ( la mayoría de las veces a causa de mandatos y/o creencias).

No estoy haciendo referencia a la "Alexitimia" aunque prodría confundirse, ya que también el sujeto posee una incapacidad para detectar sus emociones y en los demás y nombrarlas, mas la alexitimia es un trastorno neurológico.

El analfabetismo emocional no significa que la persona no sienta las emociones, sino que no puede nombrarlas; no posee un registro que unifique lo que siente con la conciencia, y por ende con la expresión verbal; aparece un escaso darse cuenta de qué es lo que siente. Esto conlleva también a una pobre expresividad emocional, lo cual incide en los vínculos. Además, su registro emocional puede ser muy recortado, nombrando varias emociones, de muy diferente cualidad, con el mismo nombre.

Veamos un ejemplo:
María dice que siente celos en muchas oportunidades, llevándola al padecimiento y a frecuentes peleas con su pareja. Cuando siente celos dice que necesita explotar con gritos y se enoja. Le pido que ofrezca situaciones donde se hacen presente los celos: "Juan se fué a una cena que lo invitaron unos amigos. Yo me quedé en casa: a mí nadie me llama para salir. ¡Me muero de celos! Me parece bien que él vaya a su salida; con eso no tengo problema". Otro ejemplo de María: "Susana se gastó un montón de dinero en algo superficial, para nada imprescindible. Y yo vivo haciendo cuentas para llegar a fín de mes. ¡Estallé de celos! cuando me fui de regreso a casa, me puse a gritar en la calle hasta el llanto. No es el dinero en sí mismo lo que me molesta, sino la libertad que tiene para gastarlo".
Le pido que defina "celos" para ella: "es la emoción que siento cuando otra persona hace algo que yo quiero para mí".

¿A qué les suena esto? Vemos que María confunde celos con envidia. Le pedí que buscase en el diccionario ambas palabras y reflexionara sobre el contenido de las mismas. a través de ejercicios de sensibilización, comprensión de ambas emociones y sus diferencias, María puedo empezar a reconocer la presencia de la envidia en su vida. Esta emoción estaba prohibida para ella, pues sólo la sienten las malas personas.

Cuando María pudo empezar a registrar su envidia, aprender a captar esta emoción como una oportunidad para apropiarse de sus deseos que el otro le servía de espejo, sentirla sin juzgarse una mala persona y averiguar qué pasos podía implementar para alcanzar su objetivo, ella se abrió una puerta para elegir qué hacer o no hacer en cada situación. Disminuyeron sus celos, se apropió de su envidia y liberó el vínculo de su pareja de sus estallidos.

¿Cuánto de esto nos puede pasar a nosotros? ¿Qué emociones podemos estar anulando, confundiendo, anestesiando?

Otro ejemplo es llamar tristeza a toda conmoción emocional: sea de alegría, de enojo, alta afectividad. Personas que se emocionan ante una situación, un abrazo, una mirada ... se conmueven profundamente y el nombre que le dan es tristeza. No pueden discriminar la variedad emocional, y en este caso puntual llega a convencerse de que es "depresivo/a", por la reiterada presencia de la tristeza: es la única que nombran. Algunos ya conocen una de mis frases: Tú eres lo que tú dices (¡el cerebro se lo cree!).

El cuerpo siempre está presente. A veces podemos ignorar lo que sentimos, mas nuestro cuerpo lo registra. Tratamos de evitar sentir lo que estamos sintiendo, mas eso que nos está surgiendo dentro no desaparece, sólo desaparece para nuestra conciencia, se escapa de nuestro darnos cuenta.

El trabajo en sensibilización es el pertinente. Si les interesa, les regalo en la próxima un ejercicio especial y fácil.

Éste tema abre un abanico para profundizar en: cómo ubicamos en el otro las emociones que no podemos registrar en nosotros, de qué nos estamos perdiendo al no detectar señales emocionales, cuán anestesiado podemos tener el "disfrute" o confundido con otro nombre, la alexitimia propiamente dicha y un largo etc.

Por hoy me parece suficientemente rico el que podamos revisar nuestro alfabeto emocional y distinguir qué emoción es la menos presente en nuestras vidas. A veces, y lo digo con mucho cuidado, a veces la mirada de personas queridas de nuestro entorno puede ayudarnos a detectar ciertas emociones ausentes en nuestro repertorio, o marcarnos reacciones no coherentes con los hechos en sí mismos (como los celos en el ejemplo de María).

Cuanto más rico es nuestro repertorio emocional, emociones primarias y de desarrollo, mayor grado de vivencia y experiencia vital poseemos, profundo contacto y calidad en el encuentro.

¿Te animas a realizar tu propia revisión? ¿Compartes tu hallazgo?

29 de diciembre de 2013

Personas con Alta Sensibilidad

HSP, Gestalt, Aida Bello Canto, El Tornillo Flojo, Alta sensibilidad, Gestalt Integral
La sensibilidad es el punto de inicio esencial para poder entrar en contacto con las propias necesidades internas o externas. Nos posibilita el sentirnos y el sentir el mundo que nos rodea. Nos ofrece información sobre qué nos está pasando en este ahora y en este momento, conmigo mismo/a y con quien me rodea o interactúo, favoreciendo el encuentro o dándome señales de retirada.

Pareciera una obviedad el hablar de la sensibilidad, creyendo que todos la tenemos desarrollada y podemos fácilmente tomar registro de nuestro sentir, ponerle nombre (ansiedad, ternura, agobio, empatía, etc) y tomar acciones en coherencia con lo sentido. ¡Error!

Frecuentemente nos encontramos con dificultades en la sensibilización (primera fase del ciclo de experiencia o contacto, como decimos en Gestalt) donde la persona no puede dar cuenta de su sentir en ciertos momentos; por ejemplo, no registra cuando se enoja, tiene miedo o se conmueve. Difícilmente va a poder satisfacer sus necesidades requeridas en ciertas áreas de su vida o entrar en genuino contacto con otros donde estas sensaciones sean pertinentes. Además, el cuerpo siente aunque la persona no lo perciba, depositando en el mismo sus efectos: a veces corazas, otras somatizaciones.

La buena noticia es que es posible el entrenamiento a través de diferentes modos: aprender a escuchar la señales físicas, distinguir en qué momento aparecen, pulir el alfabeto emocional, etc. Hay ejercicios específicos para desarrollar la sensibilidad, o salir de la desensibilización; ésto lo dejamos para otro día, si les interesa.

También hay personas con alta sensibilidad (Highly Sensitive People) que poseen un sistema nervioso mucho más sensible que el promedio - es innato-, captando las sutilezas de su alrededor y mayor cantidad de información sensorial. Se conmueven profundamente con el arte, la naturaleza, el sufrimiento de los otros; les afecta de sobremanera los ruidos, los olores fuertes, las masas de gente, ...


Los HSP necesitan aprender a darse tiempo para procesar tanta información, (captan rápidamente las necesidades del ambiente, lo que otras personas necesitan) y otorgarse el espacio para armonizarse propiciando que la avalancha de estímulos no los conduzca a la fatiga o al frecuente sufrimiento.

La Dra. Elaine Aron ha investigado en profundidad a las personas con alta sensibilidad, encontrando a dos cada diez personas que lo poseen, sin variación de género ( http://www.hsperson.com).


Poseer una alta sensibilidad puede complicar la vida, tal como la vivimos hoy en día, mas también posee enormes ventajas. Abrazar este rasgo como propio y reconocerse, el cual no se puede cambiar por más que muchos buscan ayuda para "no ser tan sensibles", es el primer gran paso para transformar la complicación en don: creatividad, empatía, flexibilidad, precisión, ... Encontramos en nuestra historia con este rasgo a muchas personas comprometidas con el bienestar de la humanidad y del medio ambiente, pintores, músicos.

No es cuestión de qué es mejor: tener poca sensibilidad, ser promedio o tenerla alta. ¡Sin juicios! Somos, ésta es la grandeza de reconocernos y reconocer al otro. Y cada uno buscará el camino que sienta en mayor sintonía para sumar Vida a sí mismo y a otros.

¡Buen 2014 para todos!

¿De què manera te RESPETAS hoy?

Hay preguntas que parecen sencillas, pero tienen el poder de cambiar nuestra forma de vivir. Una de ellas es esta:¿De qué manera te respeta...