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30 de marzo de 2013

Momento de Encuentro


actitud, reflexion, gestal
Estas fechas que transitamos, más allá de la significancia que cada uno le dé a nivel personal, suelen traer aparejados encuentros grupales. Ante esta posibilidad, me surge el interés por el encuentro con todo el arcoiris de emociones que aparecen y se mueven adentro nuestro.

Siempre es buen momento de valorar lo que tenemos y a quién tenemos. Mas nuestra condición Humana nos lleva con frecuencia a conectarnos con espacios vacíos, a las ausencias, arropándonos con emociones que pueden nublar nuestro presente para trasladarnos al pasado; convoquemos el agradecimiento a lo vivido y abramos nuestro Ser al Presente, para poder “ver”, “escuchar”, “compartir”, “dar y recibir”.

Deseo compartir con ustedes un bello poema de Virginia Satir que nos dibuja un camino de encuentro y valoración a nuestro ser persona, de vital importancia para extender la mano en el encuentro con el mundo, con nuestro mundo:

En todo el mundo, no hay nadie
exactamente como yo.
Hay personas que tienen algunas
partes en que se parecen a mí,
pero nadie es idéntico a mí,
por lo tanto, todo lo que sale de
mí es auténticamente mío porque yo solo/a
lo elegí.

Todo lo mío me pertenece – cuerpo,
incluyendo todo lo que éste hace;
mi mente, incluyendo todos sus pensamientos e
ideas;
mis ojos, incluyendo las imágenes que perciben;
mis sentimientos, cualesquiera que estos
puedan ser-
coraje, alegría, frustración, amor, desilusión,
excitación;
mi boca, y todas las palabras que salgan
de ella, agradables, dulces, justas
o injustas;
mi voz, fuerte o suave;
y todos mis actos, sean éstos para otros
o para mi mismo/a.

Entonces, puedo hacer posible que todo lo
que me pertenece
trabaje para lograr lo mejor para mí.
Sé que hay aspectos de mí mismo/a
que me confunden, y otros que
no conozco.
Pero mientras me conozca y me ame,
puedo buscar valerosamente y con esperanza
la solución a mis confusiones y la forma
de conocerme más.

La forma como luzca, como suene para los
demás, lo que
diga o haga, lo que piense
y sienta en un momento determinado, soy yo.
Esto es auténtico y representa dónde
estoy en ese momento”

Que todos nos abramos a una comunicación auténtica, con respeto y responsabilidad, habitando nuestro presente con lo que somos y tenemos. Que en cada momento de encuentro seamos fuente de agradecimiento y honra la vida.

17 de marzo de 2013

Somos lo que pensamos y sentimos



actitud, cerebro, reflexionFrecuentemente escuchamos información, por diferentes medios, sobre la relación existente entre nuestra salud y la manera en que vivimos, no solo desde lo que hacemos propiamente, sino también respecto a los pensamientos que tenemos y los sentimientos que nos habitan.

Es mucho mas conocida la primera, esa estrecha relación entre calidad de vida y salud física; ¿quien ignora los efectos del stress? Presión arterial alta, disminución del sistema inmunológico (mayor propensión a un resfrío, por ejemplo), insomnio, etc.

Ahora bien, la segunda que hace referencia a cómo incide lo que pensamos y sentimos en nuestra salud física, es menos conocida o quizás le prestamos menos atención. El recordar que poseemos un bellísimo laboratorio químico en nuestro cuerpo y cuánto podemos hacer para que funcione a favor de nuestra salud a través de los contenidos de nuestros pensamientos, recuerdos y sentimientos, ¡no es poca cosa!

Por ejemplo, un recuerdo negativo o triste libera las mismas hormonas que una situación de stress; si reiteradamente nuestro pensamiento evoca este tipo de recuerdos, inundamos nuestro organismo con estos químicos que nos conducen a una disminución del sistema inmunológico. Interpretar la experiencia de vida de forma negativa (las relaciones, el trabajo,…) logra que nuestro cerebro genere sus neurotransmisores acordes a tales pensamientos, influye en nuestro ciclo del sueño y hasta “se note” en las células de nuestra piel.

Tenemos frases en nuestro lenguaje cotidiano que hacen alusión a un aspecto de lo que hablamos: “Me broté”, “Me cayó como una patada al hígado”, “… como una piedra en el estómago”, y cada órgano se ve comprometido bioquímicamente mas allá de las palabras.Las investigaciones de House et al. han demostrado que el aislamiento afectivo es un factor de riesgo metabólico tanto o más importante que el tabaquismo, la hipertensión arterial o la obesidad.

De igual manera incidimos en nuestra biología, con sus químicos pertinentes, con la serenidad y la actividad armoniosa. Un recuerdo o pensamiento alegre nos fortalece el sistema inmunológico, de igual manera que ingerir un trozo de tarta con placer en lugar de culpa (¡mejor no comerlo!). Una visión y experiencia vital en lo cotidiano poniendo acento más en” lo que hay y no en lo que falta”, transforma nuestro perfil bioquímico, con las hormonas que segregamos, los neurotransmisores de nuestro cerebro, alimentando nuestra salud física.

La psiconeuroinmunoendocrinologia (PNIE) se ha encargado con sus amplias investigaciones y resultados de darnos a conocer cuán protagonistas somos de nuestra biología, y de cómo nuestros pensamientos y sentimientos son metabolizados por nuestro cuerpo.

Si quieres saber cómo estará tu cuerpo mañana, observa tus pensamientos y sentimientos de hoy”

10 de marzo de 2013

Cuando la actitud mejora la vida

actitud, cerebro, reflexion

La realidad es una: “Es lo que Es”, como muchas veces decimos y/o escuchamos. Es lo obvio, lo observable, todo cuanto captan nuestros sentidos, sin prejuicios ni expectativas.

Es cuanto acontece en el mundo externo (personal, familiar, social, el “afuera”).

Mas para nosotros, los Seres Humanos, nos es muy difícil captar, aprehender, la realidad “real” ya que espontáneamente construimos la realidad a partir de nuestras percepciones, asociaciones, emociones, experiencias anteriores, etc.

¿Qué importancia tiene esto? Pues que puede sernos muy útil para evitarnos muchos sinsabores, disgustos y sufrimientos, el saber que estamos más conectados a nuestra visión de las cosas, que a las cosas mismas.

Cada persona responde mucho más con sus propias representaciones del mundo en sus relaciones, en las situaciones de la vida cotidiana, ante lo inesperado y ante lo conocido, que al mundo real mismo. Impregnamos la realidad con nuestra propia y personal mirada.

Es inevitable que pongamos naturalmente nuestro propio tinte a cuanto nos pasa, a cuanto vivimos. Por ejemplo, suena una música, y para una persona puede ser agradable y generarle alegría y para otra, despertarle tristeza por algún recuerdo.

Nuestros recuerdos, anhelos, temores, “rollos”, etc. dan color a la situación real en transcurso. Por supuesto que captamos la realidad externa, mas no podemos dejar de lado la manera en que intervenimos subjetivamente, como influimos directamente, en el modo en que nos alcanza; en el como nos influye y nos toca.

Si tenemos esto en cuenta, cuando nos veamos sacudidos emocionalmente (enojo, tristeza, angustia, miedo, etc.) y tome en nosotros dimensiones difíciles de soportar, incluso hasta llegar al cuerpo con todos los síntomas que conocemos (migrañas, contracturas, dolencias gástricas, hipertensión,…), seremos grandes colaboradores de nuestra salud y de nuestra calidad de vida si tomamos un tiempo para diferenciar lo que realmente pasa y cuanto ponemos nosotros en lo que nos pasa.

Esta es una gran herramienta para variar nuestra actitud frente a la Vida. Y como ejemplo comparto un antiguo cuento: Un Señor vio trabajar a tres picapedreros y le pregunto a cada uno que estaba haciendo. El primero respondió: “estoy picando piedra”; el segundo: “estoy llevando comida a mi casa”; y el tercero: “estoy construyendo una catedral”.

La realidad es una; ¿Qué actitud decides ponerle?


 
 
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