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26 de octubre de 2013

Empoderamiento de la Víctima

Empoderamiento víctima
En esta semana tuve el honor de ser invitada a dar una charla, mesa compartida con valiosos colegas, sobre "Violencia Intrafamiliar" en el V Congreso Internacional de Criminología, Psicología y Psiquiatría Forense" ofrecido en Buenos Aires, donde desde muy diferentes ángulos y áreas de incumbencia, se trataron temas sobre las víctimas de violencia.

El tema es amplio y de alto interés, que nos toca a todos sea el lugar que sea que ocupemos en nuestras vidas, pues conlleva una responsabilidad social. Mas, como tantos temas que venimos tocando, he de restringir mi foco de atención en beneficio de la longitud del post y del tiempo de Ustedes.

Ubico mi atención en el "empoderamiento de la víctima", proceso inevitable y necesario para salir del entramado de la opresión. El re-descrubrirse como persona, con sus deseos y necesidades, diferenciada del otro, también con sus deseos y necesidades, es uno de los pasos en esta recuperación del "poder perdido/entregado" (para decirlo de alguna manera sintética). Ya he ofrecido algunos tips en "Saliendo de relaciones tóxicas".

Lo que me parece fundamental para tener presente, no solamente para los que trabajamos desde nuestra profesión sino para toda persona que conoce a otra en esta posición, es que una vez conseguido este empoderamiento, no nos quedemos ahí, creyendo que ya se ha alcanzado la meta, el objetivo de no ser más una víctima, pues estaríamos olvidándonos de otra parte esencial: en toda persona que es o ha sido víctima, hay oculto un victimario.

Parece difícil visualizar este poder oculto que tiene toda víctima, pues nos conectamos con su dolor, su vulnerabilidad, ... mas sepamos que sí ejerce este poder escondido, fundamentalmente con otras personas y/o en otras áreas de su vivir. El terreno más propicio para que depositen este poder suelen ser los niños, donde la desigualdad les abre el campo de acción. Y de esta manera se va alimentando un circuito de opresor/oprimido ya que estos niños incorporan estos modelos de relacionarse, y los tenderán a reproducir en su adultez (desde alguno de los dos lugares).

Darse cuenta del lugar donde "dan vuelta la tortilla", descargan su enojo, someten a otra persona, es otro importante paso para salir de este doble "juego".

El Dr. Philip Lichtenberg, co-director del Instituto de Terapia Gestalt en Philadelphia, se ha dedicado a investigar en profundidad este tema; aquello interesados les recomiendo su libro "Deshaciendo el nudo de la opresión".

La única manera de desarticular este entramado es saliendo de cualquiera de los dos polos, sabiendo de la existencia oculta de uno de ellos, y parándose en la vida desde una nueva manera de relacionarse: ni víctima, ni victimario.

20 de octubre de 2013

Los Cuatro Acuerdos

Los Cuatro Acuerdos
Gracias al comentario de -----m en el último post sobre Desdramatizar con Empatía en el cual trae los Cuatro Acuerdos, tomados de la cultura tolteca, me surgió la necesidad de desplegar este interesante tema que se entrelaza con varios de los que venimos compartiendo.

Deseo ofrecer en cada uno de ellos un toque de la mirada gestáltica, por encontrarlos en sintonía. Los que deseen conocer en profundidad Los Cuatro Acuerdos, está el libro del mismo nombre de Don Miguel Ruiz, al cual pueden acceder en  http://www.nuevagaia.com/ebooks/Los_4_Acuerdos_Miguel_Ruiz.pdf

Los Cuatro Acuerdos son:

1- Sé impecable con tus palabras.
Todo nuestro mundo toma forma con la palabra; quizás algunos puedan recordar la conmovedora experiencia que tuvo Helen Keller - ciega sordomuda - cuando pudo por vez primera aunar la sensación de agua en sus manos con la palabra AGUA, y a partir de ahí nombrarla, dando el gran paso de salir del mundo confuso en que vivía. Todos nuestros pensamientos, nuestros diálogos internos, creencias, opiniones, ... y nuestra interacción con los demás está pleno de palabras. Cultivar una actitud de cuidado, respeto y no juicio en el uso de las mismas para sí mismo y para con las personas, conlleva por lo menos la esencia del buen trato.

2- No te tomes nada personalmente. 
Muchos conflictos nacen de la necesidad de defenderse cuando nos sentimos atacados, el impulso de demostrar que tenemos razón, de "tragarnos" lo que nos dicen. ¿Desde dónde la otra persona nos habla? posiblemente desde su mapa interno del mundo y de cómo percibe la realidad con su propio tinte emocional. Los humanos solemos "colgar nuestras cositas" a los otros, sin darnos cuenta que son propias. Me encanta un dicho infantil: Quien lo dice, lo es.

3- No hagas suposiciones. 
Tendemos no sólo a percibir cuanto nos rodea, sino a suponer sobre situaciones, conversaciones, caras y gestos, etc. Sacamos nuestras propias conclusiones, que suelen llevarnos a malestar, incomodidad, enojo, tristeza: nos lo tomamos personalmente. Diferenciar lo que es obvio de lo imaginario, es una gran tarea aliviadora. Darme cuenta de la diferencia entre lo que "es" (obvio), y lo que "yo le pongo" como explicación a lo que acontece (imaginario). Y si el vínculo es importante para mí, corraborar con el otro mis suposiciones, no darlas por hechas como realidad contundente. Reaccionamos mucho más ante lo que suponemos que ante lo que pasa; y antes de reaccionar, darme tiempo para descubrir esta diferencia y tener presente sé impecable con tus palabras.

4- Haz siempre lo máximo que puedas.
Para empezar ¡no estamos hablando de exigencia! Este acuerdo hace referencia a sostener la intención de llevar a cabo los tres anteriores. Mantener el ejercicio de los mismos lo más que podamos, sabiendo que a veces nos saldrá mejor que otras, un día estaremos en mejor disposición que otro, en un momento nuestra disponibilidad para ejercitarlos estará amplia, y en otros sencillamente los olvidamos. Construir hábitos que nos suman calidad de vida, lleva tiempo, mas en el tránsito siento que hago lo máximo que puedo. Un día a la vez.

¿Empezamos hoy? De a uno ... ¡porque por ahí es lo que puedo!
Linda semana.

14 de octubre de 2013

Desdramatizar con Empatía

Empatia desdramatizar
Me he dado cuenta de que muchos de los temas tratados en este blog plantean de una forma u otra la desdramatización, no con el uso de esta palabra, sino como tránsito o finalidad para una mejor calidad de vida con uno mismo y con los otros, ya sea con información, estudios realizados y alguna que otra sugerencia. Así que hoy voy directo al tema para potenciar tan eficaz herramienta: desdramatizar situaciones que nos paran ante el padecimiento, con su abanico de intensidad.

Poder mirar otras realidades nos ayuda a ubicar mejor la propia. Por supuesto que cada uno de nosotros siente y cree que lo que nos acontece es la mayor causa de sufrimiento, es mí sufrimiento, mas ampliar nuestra mirada a otras realidades ofrece un cambio de perspectiva, nos abre una posibilidad de valoración distinta.


La empatía, ponernos en los zapatos del otro y sentir desde ahí, puede sernos altamente útil. Abrirnos a mirar cuanto nos rodea, no solamente a los seres allegados, sino al mundo en que vivimos, cuando caminamos, viajamos, sentados en un parque, ... En algunos casos de profundo dramatismo, recomiendo visitar hospitales infantiles, orfanatos, para citar algunos ejemplos, y si es posible brindar un poco de su tiempo para la colaboración donde la solidaridad se necesita como la comida.

Para conectar con otro ser humano hace falta darse tiempo, para poder mirar y sentir al otro; estudios especializados hablan de alrededor de ocho segundos mirando para conectar. ¿Es mucho? Si nos vamos al opuesto que sería desconectar para no sentir, recordemos cuánto tiempo tardamos en cambiar de canal de TV cuando aparece una noticia que nos impacta, o qué hacemos cuando nos encontramos en la calle una escena no deseada.


Además, los humanos funcionamos de una manera bastante automática con una escala de relatividad interna: todo es realtivo a ..., en el sentido de que evaluamos algo adentro nuestro en comparación con otro algo adentro nuestro (hago la cursiva con el objetivo de que quede claro que la comparación es para y en nosotros mismos). Por ejemplo, sabemos cuando estamos "mal" porque tenemos una memoria de "bien"; nos reconocemos alegres porque adentro ya tenemos grabada la experiencia de tristes; asentimos internamente al buen trato por la memoria (hasta dérmica) del maltrato. Ésto, no solamente puede ayudarnos a desdramatizar nuestro personal acontecer, sino que podemos aprender de respuestas diferentes dadas por otros ante difíciles historias de vida y qué actitud le imprimen a su existencia.

Recordar otros momentos de crisis pasados y lo que nos ayudó a atravesarla: con qué elementos internos conté y cuáles externos estuvieron presentes. Y ... ¡que todo pasa!

Como desdramatizar situaciones no siempre es fácil hacerlo rápidamente, ayuda el cambiar el foco de atención. Si podemos reconocer que en ese momento no podemos bajar la magnitud o ver lo que nos pasa con otra mirada, entonces quedamos disponibles para ocuparnos de otra cosa, fijarnos en otros planes o actividades; definitivamente no quedarnos encerrados "haciéndonos la cabeza", cual pájaro carpintero golpeándonos el cerebro.

Mi intención es que podamos bajar los decibeles a muchos momentos de nuestra vida, los cuales tomamos de manera tremendista y sentimos con tal intensidad, sin desmerecer ninguno ni ponerlos en la línea de lo superficial: "La verdad del dolor, es el dolor mismo" (Sartre). La actitud de desdramatizar es eficaz hasta para los momentos más duros y difíciles ayudándonos a atravesarlos, encontrar nuevas respuestas y abrirnos a dejarnos sostener por la empatía que podemos ejercitar y ... ¡recibir!

6 de octubre de 2013

Enojo eficaz: sus fases

Enojo eficaz
Hemos hablado anteriormente que el enojo es una de las emociones primarias, inevitable en nuestras vidas y necesaria para poner límites. Como no nos enseñan a enojarnos para solucionar el problema o situación que nos lo ocasiona, solemos verla y vivenciarla como negativa o productora de mayores conflictos; de ahí que el "manejo del enojo" sea tan tratado desde diferentes disciplinas.

Mi intención es aportar con el conocimiento de las fases del enojo, para acceder a la posibilidad de transformar un enojo que complica y dificulta a la persona y/o las relaciones, en un enojo que resuelve y potencia la clara comunicación (con uno mismo y con el otro).

Es un entrenamiento que por lo menos los que hemos crecido en la cultura occidental, hemos de aprender de a poco para dejar de pagar con nuestros vínculos o nuestra salud su explosión o su silencio.

Cuánto más nos enojamos eficazmente, menos nos enojamos. ¡Qué paradoja! Creo que lo que acontece es que reaccionamos más rápidamente ante la incomodidad y molestia, sin llegar en la curva ascendente del enojo, al enojo propiamente dicho ni a la ira.

Fases a tener en cuenta:
1- Darnos cuenta que estamos enojados. Muchas personas tienen tan adormecida esta emoción, generalmente por cuestiones de creencias, que les resulta difícil detectarla. Sugiero que presten atención a molestias corporales, y cuando las detecten revisen si ha pasado "algo molesto" pero lo dejaron pasar ("¡Bah! ¿para qué voy a crear un problema de esto? mejor lo dejo pasar; total, no es tan importante").

2- ¿Qué me enoja? Pararnos a reflexionar qué es lo que me ha enojado, desde el punto de vista de la situación acontecida, no desde una posición de guerra contra el otro.

3- Descarga física. Cuando nos enojamos segregamos químicos en nuestro organismo, neurotransmisores, que han de ser descargados antes de pasar a la siguiente fase, comunicar que estamos enojados y qué nos ha enojado. Sino hacemos esta descarga, corremos riesgo de sacarlos a través del tono de voz, descalificación contra el otro, castigo o quedarnos con ellos adentro, siendo campo fértil para somatizaciones. Sobre este punto específico está el post "Descargando ... en un almohadón" http://www.eltornilloflojo.com/2013/04/descargando-en-un-almohadon-14.html
A veces esta fase no la podemos hacer en el mismo momento y hemos de postergarla; lo importante es saber que podemos señalar que estamos enojados mas no es el instante adecuado para conversar al respecto ... aún.

4- Comunicar mi enojo. Las tres fases previas son un trabajo individual; recién ahora estamos en disposición de hablar con el otro sobre lo que siento y mi necesidad de que esta situación no se repita ya que me hace sentir: no tomada en cuenta, valorada, querida, etc. Damos la oportunidad al otro de que sepa qué me pasa en verdad y no que "imagine o suponga". Muchas veces ante la pregunta ¿qué te pasa? aparece la respuesta "nada", porque damos por hecho el otro "sabe perfectamente".

5- Instrumentar estrategia para que no se repita. Si tomamos la situación concreta que me ha enojado y no una guerra contra el otro, he de articular alguna estrategia y decírsela al otro para que no se produzca la misma situación. Por ejemplo, si me enoja que alguien llegue tarde a una cita sin aviso, instrumentaré no esperar más de quince minutos; se lo diré al otro para que sepa que tras ese tiempo acordado, yo me iré. A veces la estrategia va acompañada de un pedido hacia el otro; es llegar a un acuerdo conjunto.

6- Castigo. Ésta es la única fase que no ha de existir en un enojo eficaz, mas lo pongo porque es altamente frecuente que aparezca: es la necesidad de devolverle al otro el mismo malestar ocasionado. Puede ser en el mismo momento a través de la descalificación, por ejemplo, o dilatado en el tiempo en otra ocasión "que no tiene nada que ver". La venganza.

Como en todo vínculo, las dos partes han de sostener la calidad del mismo. Podemos encontrarnos que aún con nuestra mejor intención de presentar un enojo eficaz, el otro se instale en el conflicto, la negación, la no escucha; que desatienda nuestra propuesta para que no se repita esa situación ... y que vuelva a repetirse sin cambio alguno. Esto ya no está en nuestras manos, para así decirlo; somos responsables de nosotros mas no del accionar del otro. Si es reiterado, tendremos que plantearnos el tipo de vínculo y su profundidad y qué elijo hacer al respecto.
 
 
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