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30 de enero de 2016

La Indecisión crónica: pasos para salir.

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Todos conocemos la indecisión, sus sensaciones y sentir  mientras evaluamos las alternativas para alcanzar una decisión al final. El objetivo de estas líneas es ayudar a aquellas personas que se ven frecuentemente paradas en éste lugar de indecisión, siendoles difícil la elección y como resultado se encuentran padeciendo y estancados.

Siempre hay elecciones más fáciles que otras, mas terminamos resolviendo y quedándonos tranquilos con ello, pero el indeciso/a se encuentra muchas veces con su dificultad para elegir en variadas áreas de su vida: situaciones vitales, dentro de sus relaciones, trabajo, estudios, etc. Acá tenemos la indecisión crónica.

Generalmente las causas de la indecisión crónica son:

1) Hay personas que necesitan un tiempo más largo que lo general para llegar a tomar una decisión. Necesitan evaluar en mayor detalle los pro y los contra de cada opción. Si las dos alternativas son "buenas", se hace difícil descartar una; y si las dos son "más o menos", también.

2) Dificultad en decir "No". Y cuando tomamos una decisión, le estamos diciendo "Sí" a una de las opciones y al mismo tiempo estamos descartando la otra, le decimos "No". El que tiene indecisión crónica no quiere descartar ninguna, le gustaría tener ambas, y en la mayoría de los casos no es posible: por eso hay que tomar una decisión.

3) Inseguridad personal. No confían en que deciden lo mejor, creen que están perdiendo al descartar la otra opción y aún al decidir, quedan insatisfechos e inseguros de si hicieron lo adecuado.

La persona que se reconoce como indeciso, ¡quiere dejar de serlo! pues es un lugar muy incómodo que visita frecuentemente, y adentro quisiera acortar el tiempo para procesar todo lo que se le viene a la cabeza y asegurarse que queda conforme con la decisión tomada. Pues bien, es posible salir de la indecisión crónica poco a poco aprendiendo a acortar el tiempo, disminuyendo la duración de la incomodidad y confiando más en ellos mismos.

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Pasos:

- Fíjate si solamente tienes dos opciones para elegir. A veces la persona indecisa tiene un abanico de alternativas entre el cual solamente puede elegir una de ellas y no quiere descartar nada. Se para ante una situación conflictiva ya desde el inicio.

- Ante todo, no te preocupes por parecer inteligente ante los demás. No es broma, muchas veces supone un gran peso para el indeciso el asegurarse que lo que decida sea lo más inteligente, sabio, eficaz, ... para otros! Tu decisión es tuya!!

- Confía en tu instinto; es más sabio de lo que crees. Hay sensaciones corporales que aparecen con cada una de las opciones cuando las pensamos.  Procura detenerte en una a la vez y registra si la sensación que te genera es grata o incómoda. Éste registro corporal es un sensor de tu instinto.

-  Prioriza tus necesidades. Con frecuencia con nuestras decisiones queremos conformar a todo el mundo, con lo cual no solamente evaluamos las opciones en sí mismas sino que entran "un montón de personas en nuestra cabeza" y nos olvidamos del objetivo claro. Piensa ¿qué necesitas? Si tus ganas son de complacer a otra persona, pues fantástico, es tu elección y por ende, plenamente válida.

- Acepta los límites de la evaluación que haces; no puedes analizar todo! elije lo que sientas más acorde con lo todo lo dicho anterior, actúa y fíjate en los resultados. Te será de gran utilidad para ir realizando los ajustes si son necesarios, y ¡sigue adelante!

En algún que otro momento podemos no elegir, y es muy importante que sepamos que ésto también es una decisión; el darnos cuenta que podemos optar por NO ELEGIR, es muy aliviador y provoca un cambio de actitud positivo al saber que estamos eligiendo precisamente eso: decido no elegir.

Paso a paso, recuerda, como todo entrenamiento.
¡Ánimo!

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt

24 de enero de 2016

Cultiva Emociones Positivas y potencia tu Salud.

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Cultivar las emociones positivas ayuda poderosamente a prevenir y en el tratamiento de padecimientos que tienen sus raíces en emociones "negativas", tales como la ansiedad, la depresión, la agresión y consecuencias físicas del stress. Numerosas investigaciones han comprobado cómo el uso de estrategias para desarrollar nuestras emociones positivas logran optimizar nuestra salud física y bienestar emocional.

Al desarrollar las emociones positivas no solamente contrarrestamos los efectos causados por las emociones `negativas´ (cardiovasculares, inmuno depresivas, por ejemplo), sino que vamos ampliando nuestro repertorio de respuestas a situaciones, despliega nuevos hábitos de pensamiento y fortalece nuestros propios recursos internos.

Por supuesto que las emociones "negativas" son inevitables e incluso son útiles por la función que cada una posee, como hemos visto en otros escritos. El problema reside cuando éstas emociones se sostienen en el tiempo, se vuelven crónicas, son extremas o incluso pueden aparecer en contextos inapropiados. Sirven de disparador de problemas emocionales y enfermedades físicas.

Si tenemos el propósito de cultivar nuestro bienestar, físico y emocional, hay ciertos puntos a tener en cuenta  y como consecuencia de ello incidimos en nuestro cerebro de manera positiva, siendo factores protectores y de mejora:

- Realiza ejercicio físico con constancia; incorpóralo a tu vida y elige el que te sea más grato (hay una amplia variedad, no tienes que prepararte para un maratón). De esta manera ayudas a que tu cerebro retrase su envejecimiento, generas estados de ánimo positivos pues afecta en las emociones por los neurotransmisores segregados, y sentirás mayor vitalidad.

- Importancia de la nutrición y la elección que hagas de alimentos saludables. No es que cambies tu forma de comer, ni que renuncies a tu plato preferido, sino que seas más consciente de tu alimentación incorporando alimentos que aportan las vitaminas necesarias para crear las dopaminas, endorfinas o serotoninas, que nos brindan mejor estado de ánimo, salud y energía.

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- Sociabiliza, conéctate con el mundo que te rodea, genera intercambio con otras personas. El aislamiento incide negativamente en nuestro bienestar emocional y físico; nuestro cerebro también se beneficia con el contacto social, con nuestras relaciones. Si es pequeño tu círculo de gente, amplíalo: busca alguna actividad que te guste y que compartas ése espacio con otros.

- Duerme, descansa, respeta tu sueño. Cuando nuestro sueño está afectado, no solamente estamos más cansados y propensos a enfermar, sino que nuestras emociones "negativas" (miedo, irritabilidad, tristeza) estarán más a flor de piel. Nuestros pensamientos se ven teñidos y la atención y la concentración disminuye.

- Cultiva las emociones positivas (alegría, agradecimiento, satisfacción, tranquilidad) dándote la oportunidad a fomentar no sólo tus emociones sino tu estado de bienestar, teniendo mejores respuestas ante las circunstancias externas, mayor claridad mental y visión de posibilidades. Tu cerebro lo agradece envejeciendo mejor.

Siempre, siempre! estamos a tiempo de instalar nuevos hábitos positivos y enriquecer nuestro estilo de vida. Y recuerda que no basta con desearlo, ¡hazlo! un paso a la vez.

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt


10 de enero de 2016

Cuando la Queja se instala

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Muchos de nosotros conocemos a personas que viven quejándose de lo que les pasa, de lo que les toca vivir, de dolencias físicas o emocionales, de "esto" o de lo "otro". ¡Siempre hay algo de qué quejarse! Suelen tener un aire apesadumbrado, triste o de constante enojo.

Ante cualquier intento de ayuda, la persona quejosa tiene respuestas para cada una de las propuestas que se le brindan, ya sea descalificando o justificando su malestar/ queja. El sentimiento de impotencia por parte del que quiere ayudar es grande, hasta que se cansa y apela a conocidas frases, como:
"Querer es poder"
"Fíjate en tus elecciones; siempre te pasa lo mismo"
"A tí te gusta estar mal"
"Estás mal porque quieres; ¡con lo que tienes para ser feliz!"

La persona que vive instalada en la queja, no la pasa bien, pues aunque desee llamar la atención  y obtener cierta dosis de compasión, realmente se "cree" lo que dice y su mirada hacia su vida está restringida, sin percibir y sentir cuánto de positivo existe en su mundo.

El quejoso se acostumbra a vivir en malestar, convirtiéndose la queja en un lugar cómodo y seguro. Por eso es que es tan difícil sacar a esta persona de la queja, que vea salidas de resolución y valorice lo mucho bueno que tiene (en salud, afectos, trabajo, etc). Todo impulso para que cambie a una actitud positiva, se torna estéril.

Cuesta pensar que se está cómodo en la queja, mas el gran beneficio es la seguridad; para salir de la misma he de cambiar algo, he de empezar a actuar, a hacer cosas diferentes. ¡Y da miedo! Todo cambio implica transitar una zona desconocida y por ende incierta e insegura.

En cambio permanecer en el malestar de la queja, permite moverse en terreno conocido, donde ya se sabe qué depara el día, qué se puede esperar de la vida y de la gente. ¡No hay sorpresas! Hay un convencimiento de que haga lo que haga, nada cambia. Entonces, ¿para qué exponerse a mayores dolores o decepciones?

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Precisamente el problema de esta visión del mundo es que ubican afuera el cambio en sus vidas, sin darse cuenta que solamente cuando cambiamos nosotros mismos es que vamos generando un cambio en nuestro entorno, en nuestras relaciones, en nuestra propia calidad de vida. Implica convertirnos en protagonistas y hacedores de cuánto nos pasa. Registrar qué tengo que ver yo, con cuánto me sucede y ahí podré darme cuenta de dónde he de empezar a generar otras respuestas.

Respetar la emoción del miedo que aparece frente al cambio, a lo nuevo, implica ir despacio, suave. De esta manera podremos dar pequeños pasos e ir ganando confianza en nosotros mismos, tomando una dosis de riesgo que sí podemos soportar. De esta forma también vamos registrando el efecto transformador positivo en nuestra nueva actitud.

La queja es cual lentes "sucios" con los que miramos a través de ellos la vida. Y solamente quien los lleva puestos es quien puede limpiarlos. Vale para que no se sientan mal ante la impotencia con personas quejosas del entorno, y vale para tener claridad de que si te pasa a tí: ¡sólo tú puedes limpiarlos!

Si quieres que algo cambie, haz algo al respecto.

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt


3 de enero de 2016

Cultiva Esperanza y Acciona en tus Deseos

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Ya que estamos estrenando nuevo año, y solemos ingresar con renovados deseos y proyectos, quiero abrir con este primer post del 2016 con Esperanza! La esperanza es un sentimiento que nos motiva, nos ayuda a enfrentar nuestras vidas, nos "da pilas". Al estar esperanzado/a me abro a visualizar en positivo, a tener ilusión y confiar en la vida misma.

Siendo un sentimiento de tal potencial, me llama la atención que muy pocos de nosotros tenemos este término en nuestro lenguaje. Y digo "lenguaje" porque como hablamos, así pensamos, y como pensamos ... ¡sentimos! Hagan memoria de las veces que le han preguntado a una persona "¿cómo estás?" y ¿cuántas de ellas les han respondido estoy esperanzado?

Y si miramos adentro nuestro, ¿con qué frecuencia me encuentro a mí mismo/a expresando mi esperanza? Incluso, ¿registro cuando la siento?

Por supuesto que aunque no la nombremos o empleemos el término, la misma nos habita y acompaña en cada objetivo deseado; mas si aumentamos nuestro registro emocional y usamos la potencia de la palabra, deja de ser tan difusa y vaga para tomar mayor presencia con su fuerza vital.

Dentro de los muchos estudios y ejemplos de la importancia de la Esperanza, permítanme recordarles el libro "El hombre en busca de sentido", de Viktor Frankl, donde nos muestra cómo la esperanza fué lo que mantuvo vivos a los prisioneros de los campos nazis. Es un sentimiento que nos "mueve hacia".

Claro está que hay situaciones donde tener esperanza es poco aconsejable, pues se acude a ella para evitar confrontar ciertas realidades, como pasa en la etapa de negación de un duelo, de una ruptura en un vínculo que dió sus señales previas de "no va más". Puede funcionar por un tiempo como un salvavidas en un naufragio ... mas el naufragio aconteció.


Así como el exceso de esperanza nos puede llevar por caminos con erradas expectativas, la ausencia de la misma logra que no nos esforcemos ni seamos creativos en búsqueda de opciones dando por hecho que no nos conducen a nada.
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Cuando reconoces tus deseos y te los propones: ¡ahí ya hay esperanza!, y ponte en acción en cada uno de ellos; solamente el desearlos no logrará que se concreten. Cultiva tu esperanza y acciona en tus deseos!!

Intento rescatar nuestra gran posibilidad de ser protagonistas de nuestro bienestar, para bien propio y para bien de cuàntos nos rodean. Recordar que  podemos aportar nuestro granito de arena en eso que tanto decimos y escuchamos: aumentar calidad de vida; y tener presente que nuestra actitud aumenta Salud de todo tipo. Actitud positiva y Esperanza, ¿serán sinónimos?

Para los que quieran les sugiero la lectura de Pensamientos Positivos = Calidad de Vida.

¡Les deseo un 2016 pleno de esperanza y concreción!

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt

 
 
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