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24 de enero de 2016

Cultiva Emociones Positivas y potencia tu Salud.

Aida Bello Canto, Psicologia, Gestalt, Emociones, emociones positivas, Bienestar
Cultivar las emociones positivas ayuda poderosamente a prevenir y en el tratamiento de padecimientos que tienen sus raíces en emociones "negativas", tales como la ansiedad, la depresión, la agresión y consecuencias físicas del stress. Numerosas investigaciones han comprobado cómo el uso de estrategias para desarrollar nuestras emociones positivas logran optimizar nuestra salud física y bienestar emocional.

Al desarrollar las emociones positivas no solamente contrarrestamos los efectos causados por las emociones `negativas´ (cardiovasculares, inmuno depresivas, por ejemplo), sino que vamos ampliando nuestro repertorio de respuestas a situaciones, despliega nuevos hábitos de pensamiento y fortalece nuestros propios recursos internos.

Por supuesto que las emociones "negativas" son inevitables e incluso son útiles por la función que cada una posee, como hemos visto en otros escritos. El problema reside cuando éstas emociones se sostienen en el tiempo, se vuelven crónicas, son extremas o incluso pueden aparecer en contextos inapropiados. Sirven de disparador de problemas emocionales y enfermedades físicas.

Si tenemos el propósito de cultivar nuestro bienestar, físico y emocional, hay ciertos puntos a tener en cuenta  y como consecuencia de ello incidimos en nuestro cerebro de manera positiva, siendo factores protectores y de mejora:

- Realiza ejercicio físico con constancia; incorpóralo a tu vida y elige el que te sea más grato (hay una amplia variedad, no tienes que prepararte para un maratón). De esta manera ayudas a que tu cerebro retrase su envejecimiento, generas estados de ánimo positivos pues afecta en las emociones por los neurotransmisores segregados, y sentirás mayor vitalidad.

- Importancia de la nutrición y la elección que hagas de alimentos saludables. No es que cambies tu forma de comer, ni que renuncies a tu plato preferido, sino que seas más consciente de tu alimentación incorporando alimentos que aportan las vitaminas necesarias para crear las dopaminas, endorfinas o serotoninas, que nos brindan mejor estado de ánimo, salud y energía.

Aida Bello Canto,  Psicologia, Emociones, Gestalt, emociones positivas, bienestar


- Sociabiliza, conéctate con el mundo que te rodea, genera intercambio con otras personas. El aislamiento incide negativamente en nuestro bienestar emocional y físico; nuestro cerebro también se beneficia con el contacto social, con nuestras relaciones. Si es pequeño tu círculo de gente, amplíalo: busca alguna actividad que te guste y que compartas ése espacio con otros.

- Duerme, descansa, respeta tu sueño. Cuando nuestro sueño está afectado, no solamente estamos más cansados y propensos a enfermar, sino que nuestras emociones "negativas" (miedo, irritabilidad, tristeza) estarán más a flor de piel. Nuestros pensamientos se ven teñidos y la atención y la concentración disminuye.

- Cultiva las emociones positivas (alegría, agradecimiento, satisfacción, tranquilidad) dándote la oportunidad a fomentar no sólo tus emociones sino tu estado de bienestar, teniendo mejores respuestas ante las circunstancias externas, mayor claridad mental y visión de posibilidades. Tu cerebro lo agradece envejeciendo mejor.

Siempre, siempre! estamos a tiempo de instalar nuevos hábitos positivos y enriquecer nuestro estilo de vida. Y recuerda que no basta con desearlo, ¡hazlo! un paso a la vez.

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt


10 de enero de 2016

Cuando la Queja se instala

Aida Bello Canto, Psicologia, Gestalt, Emociones, Queja, Actitud postiva
Muchos de nosotros conocemos a personas que viven quejándose de lo que les pasa, de lo que les toca vivir, de dolencias físicas o emocionales, de "esto" o de lo "otro". ¡Siempre hay algo de qué quejarse! Suelen tener un aire apesadumbrado, triste o de constante enojo.

Ante cualquier intento de ayuda, la persona quejosa tiene respuestas para cada una de las propuestas que se le brindan, ya sea descalificando o justificando su malestar/ queja. El sentimiento de impotencia por parte del que quiere ayudar es grande, hasta que se cansa y apela a conocidas frases, como:
"Querer es poder"
"Fíjate en tus elecciones; siempre te pasa lo mismo"
"A tí te gusta estar mal"
"Estás mal porque quieres; ¡con lo que tienes para ser feliz!"

La persona que vive instalada en la queja, no la pasa bien, pues aunque desee llamar la atención  y obtener cierta dosis de compasión, realmente se "cree" lo que dice y su mirada hacia su vida está restringida, sin percibir y sentir cuánto de positivo existe en su mundo.

El quejoso se acostumbra a vivir en malestar, convirtiéndose la queja en un lugar cómodo y seguro. Por eso es que es tan difícil sacar a esta persona de la queja, que vea salidas de resolución y valorice lo mucho bueno que tiene (en salud, afectos, trabajo, etc). Todo impulso para que cambie a una actitud positiva, se torna estéril.

Cuesta pensar que se está cómodo en la queja, mas el gran beneficio es la seguridad; para salir de la misma he de cambiar algo, he de empezar a actuar, a hacer cosas diferentes. ¡Y da miedo! Todo cambio implica transitar una zona desconocida y por ende incierta e insegura.

En cambio permanecer en el malestar de la queja, permite moverse en terreno conocido, donde ya se sabe qué depara el día, qué se puede esperar de la vida y de la gente. ¡No hay sorpresas! Hay un convencimiento de que haga lo que haga, nada cambia. Entonces, ¿para qué exponerse a mayores dolores o decepciones?

Aida Bello Canto, Psicologia, Gestalt, Emociones,


Precisamente el problema de esta visión del mundo es que ubican afuera el cambio en sus vidas, sin darse cuenta que solamente cuando cambiamos nosotros mismos es que vamos generando un cambio en nuestro entorno, en nuestras relaciones, en nuestra propia calidad de vida. Implica convertirnos en protagonistas y hacedores de cuánto nos pasa. Registrar qué tengo que ver yo, con cuánto me sucede y ahí podré darme cuenta de dónde he de empezar a generar otras respuestas.

Respetar la emoción del miedo que aparece frente al cambio, a lo nuevo, implica ir despacio, suave. De esta manera podremos dar pequeños pasos e ir ganando confianza en nosotros mismos, tomando una dosis de riesgo que sí podemos soportar. De esta forma también vamos registrando el efecto transformador positivo en nuestra nueva actitud.

La queja es cual lentes "sucios" con los que miramos a través de ellos la vida. Y solamente quien los lleva puestos es quien puede limpiarlos. Vale para que no se sientan mal ante la impotencia con personas quejosas del entorno, y vale para tener claridad de que si te pasa a tí: ¡sólo tú puedes limpiarlos!

Si quieres que algo cambie, haz algo al respecto.

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt


 
 
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