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30 de marzo de 2019

Sinceridad o Sincericidio. ¡Cuidado!

Dra. Aída Bello Canto, Psicología, Gestalt, Emociones, Vinculos, Relaciones
La comunicación verbal es una de las herramientas fuertes, potentes y maravillosa entre las personas. Las palabras poseen la magia de crear lazos, tender puentes, sostener, acompañar; son manos invisibles extendidas, un cálido abrazo sin ser físicamente tocado.

De igual manera, las palabras poseen esa misma fuerza para romper, resquebrajar y lanzar al vacío; pueden ser manos invisibles que hieren, dañan a otros, un gélido abrazo que paraliza o un volcán que fulmina. Promueve el cierre, el distanciamiento y crea corazas.

Ésto último aparece en muchos vínculos y situaciones, mas hoy me centraré especialmente en la "honestidad bruta" también llamado Sincericidio: "es el acto por el cual una persona, que creyéndose sincera, honesta o dueña de la verdad - cuando en realidad está siendo desconsiderada, carente de tacto e irresponsable verbalmente - comunica a otra cierta información, produciéndole una herida emocional significativa, deteriorando en muchos casos la autoestima".

Ser sinceros implica responsabilidad: qué digo y cómo lo digo; preguntarse si la información o comentario que voy a dar con sinceridad ¿es útil para la otra persona?, ¿le suma esta información? ¿es mi profunda intención ayudar al otro?

Muchas veces tras la máscara de la honestidad bruta lo que se esconde son otras intenciones que no tienen nada que ver con ayudar al otro, sino que sirven a la satisfacción propia del que "abre la boca": pura descarga de lo que le viene a la cabeza (sintiéndose luego muy bien por su "desagote"), celos, envidia, ¿venganza?

Es importante diferenciar al sincericida de la persona impulsiva, aquella que no posee un filtro entre lo que piensa y lo que dice, con lo cual puede encontrarse en situaciones donde corre riesgo de herir al otro. Generalmente el impulsivo se dá cuenta en algún momento de sus palabras destiladas, y suele reparar, disculparse, pues su intención no era dañar. Saco de esta ecuación a algunas personas que se auto-denominan impulsivos, y parapetándose en ello justifican sus "sincericidios".

El real impulsivo tiene registro de lo que se le "escapa", de lo que dice, del efecto que produce o puede producir; y no le gusta esa característica personal porque le importa las consecuencias. Lo que necesita es aprender a callarse y darse cuenta de sus pensamientos, de lo que está a punto de decir ... pero no lo dice. Puede aprender paulatinamente a crear un filtro temporal que le permitirá revisar de forma interna qué va a decir y para qué, teniendo en cuenta al receptor de la comunicación.



La sinceridad siempre toma en cuenta al otro, y el que posee ésta cualidad no la anda pregonando. Sencillamente "Es". Reconoce la responsabilidad, respeto y cuidado hacia el otro; elije con sus palabras/ manos invisibles el qué, el cómo y el para qué. El sincero puede mirar su entorno, recorrer mentalmente sus vínculos y registrar la calidad de sus relaciones, así como la cantidad de redes soportativas que posee. Estará enriquecido/a.

El sincericidio, "la honestidad bruta", carece de tacto y prudencia; por supuesto que no le importa qué repercusión o efecto tenga lo que dice sobre la otra persona. Dirán que sí les importa el otro y que "por eso se lo dicen", "van de frente", "son brutalmente honestos por el bien de esa persona", ... y no miran el desastre que pueden dejar a su paso, los caídos en su camino, las heridas ejecutadas. El sincericida puede mirar su entorno, recorrer mentalmente sus vínculos y registrar la calidad de sus relaciones, así como la cantidad de redes de soporte que posee. ¿Qué creen que encontrará?

¡Buena Vida Gente linda!

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt

24 de marzo de 2019

Límites, ¿evitando Conflictos?

Dra. Aída Bello Canto, Emociones, Gestalt, Psicologia, Limites, Relaciones
Aprender a poner límites es todo un desafío, sobretodo cuando se posee un historial personal del "sí fácil", pues hemos de tener herramientas para sostener la posibilidad de que ocurran nuestras fantasías más catastróficas: que tenga que enfrentar conflictos o que ya no me quieran tanto. 

Respecto a evitar conflictos, me gusta la frase de que lo que se evita, se invita. Los conflictos tarde o temprano aparecen, generalmente de mayor grado debido a la acumulación de situaciones. Así que puedo sentirme desvalorizado/a porque mi aguante en el tiempo no sirvió de nada.

Imagínate que estás sentado/a cómodamente y viene alguien y te pone un almohadón en la cabeza; te quedas quieto sentado con ese almohadón sobre tu cabeza. Viene otra persona, o la misma, y te coloca otro almohadón sobre los hombros … mejor dos almohadones … y permaneces con ellos encima tuyo. Aparece otra persona, o la misma, y te pone otros almohadones sobre tus piernas y tu pecho; y permaneces quieto … y siguen llegando almohadones que te van cubriendo … vas sintiendo el peso sobre tí, incluso la falta de aire y estás prácticamente o completamente cubierto por ellos.
Permanece un poco en esta imagen para poder asomarte a la sensación de estar “ahí” … ve poniéndole nombre a cada una de las emociones que te surgen, ¿cómo te sientes?

Entre las emociones frecuentes están: agobiado, atrapado, con mucho peso, enojado, no tomado en cuenta, angustiado.

Cada uno de estos almohadones representa una metáfora de las situaciones que aparecen en nuestras vidas y que no le ponemos límites. Situaciones que nos cargamos encima, sin darnos tiempo a revisar internamente  si las elegimos o no. Con nuestra ausencia de poner límites, damos permiso a que sigan llegando pedidos, reclamos y hasta exigencias externas; y además, una vez aceptadas, hemos de cumplir, responder a las mismas, satisfacer al otro, complacer. Estamos acumulando emociones tóxicas adentro nuestro.

Voy a ir un poquito más profundo. He hablado de situaciones que cargamos, mas cuando está presente la dificultad de poner límites, no es a la situación en sí misma lo que vemos, sino a la persona que nos trae "el almohadón". Es a esa persona a la que no podemos decirle NO; ¿razones? ¡muchísimas! mas todas pueden converger en su esencia en dos: 1) evitar conflictos y/o 2) miedo a la pérdida de afecto.

La puesta de límites:

- Me cuida y cuidan al otro; dejo de acumular internamente esas emociones tóxicas que en la mayoría de los casos la otra persona no registra, pues se queda con nuestra respuesta afirmativa a su "almohadón" (no es adivino).
- Lo que otorga validez a mi SÍ es que también puedo decir un NO. Lo que valida mi NO es que puedo decir un SÏ.
- Dejo de acumular enojos (el cuerpo, con sus contracturas por ejemplo, me lo va a agradecer) y anulo el campo fértil para el resentimiento.
- Amplío mi capacidad de elegir; en gestalt apuntamos a responsabilizarnos de nosotros mismos, entendiendo responsabilidad como responsa-habile = habilidad de respuesta.
- Genera alivio y mayor energía, entre otras sensaciones y emociones positivas.

Para aquellos que deseen empezar a ejercitarse, les propongo que ingresen a su vocabulario a modo de respuesta el "ahora no sé; te digo luego". Es una manera de parar el almohadón que vemos que nos van a poner encima, ganar tiempo para preguntarnos a nosotros mismos qué es lo queremos o necesitamos en ese momento o ante la situación planteada, y todo ello sin el riesgo a un conflicto inminente o que la otra persona me retire su afecto. Es un darnos tiempo para darnos cuenta de los almohadones que elegimos llevar encima.

¡Podemos empezar por el área que sea de nuestra existencia!

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt

17 de marzo de 2019

Importancia de habitar el "Aquí y Ahora"

Dra. Aída Bello Canto, Psicología, Gestalt, Emociones, Bienestar
Te ofrezco un breve vídeo sobre la importancia de aprender a estar en el  "Aquí y Ahora", pues te ayudará muchísimo para salir de pensamientos que te llevan al pasado de manera repetida, causando culpa, angustia, ... o irte hacia el futuro, con la gran dosis de ansiedad que produce.

Las posibilidades para solucionar/ encontrar caminos alternativos para lo que te preocupa tanto del pasado como del futuro, las tienes en el presente. También es el lugar donde nos conectamos con lo que está pasando y no con "lo que va a pasar".


¡Te deseo lo mejor!

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt

10 de marzo de 2019

El Destrato es Maltrato: Indiferencia Emocional

Dra. Aida Bello Canto, Psicología, Gestalt, Emociones, Maltrato, Destrato
Cuando hablamos de maltrato, todos nos podemos hacer una idea de qué se trata e incluso lo unimos a la violencia, sea física y/o emocional, a los vínculos tóxicos, lo reconocemos en las relaciones laborales y hasta en su aparición en el trato cotidiano, sea donde fuere.

También hemos tocado el tema de la invisibilidad del maltrato, cuya presencia es tan subterránea en muchas relaciones que cuando una persona puede darse cuenta de la existencia del mismo, se le complica a la hora de registrar cuándo empezó ni de qué manera quedó instalada esta forma de tratarse. Cuando se percata, por otros síntomas que se hacen presentes, ya lleva tiempo en el vínculo, mas puede empezar a elegir la manera de hacer frente a lo que "es", reconociendo que el maltrato está instalado. El recordar que se necesitan dos personas para que ésto acontezca es esencial,  arribar a la difícil conclusión de que una de las personas, el maltratado, jugó parte en el sostenimiento de esta dinámica, ya sea por los muy diversos motivos emocionales (miedo, por ejemplo): mas el reconocer que formó parte del "juego", ubica en un lugar de fuerza y posibilidad de cambio.

Hoy deseo recordarles otro tipo de maltrato que pasa altamente desapercibido y es profundamente dañino: el Destrato. Se refiere a la indiferencia emocional a la que se somete a una persona (o personas) no atendiendo sus necesidades, ni físicas, ni emocionales, siendo tratado como si fuese un objeto o como si no existiese. La persona que recibe el destrato, se siente invisible, no mirado, no registrado. Es un maltrato que no deja moretones "visibles", mas sí profundas huellas internas de daño.

La indiferencia emocional va socavando la autovaloración, la autoestima, el propio respeto, llegando a pensarse "no querible". En muchos vínculos, la persona que recibe el destrato, puede pasar a ser dependiente emocional creyendo que el apegarse al otro, complacerlo, aquietarse ante los conflictos, logrará como resultado el "ser visto", tomado en cuenta y valorado. ¡Error! En este terrible juego tóxico, la persona que maltrata de ceba y va aumentando la dosis de indiferencia emocional.

Otra forma de destrato, es cuando creemos pertenecer a un grupo y acontece una situación ante la cual decimos ¡basta! y nos vamos de este grupo; de alguna manera esperamos que el grupo o algunos de sus integrantes nos pregunten qué nos pasa, por qué hemos tomado esta decisión de partir, desean conocer la causa para renunciar a la pertenencia ... ¡y esto no pasa! nadie se acerca, por la vía que sea (en persona, un llamado, mensajes, ...), apareciendo un vacío tremendo que hiere, daña, golpea.



Ser receptor del destrato, de la indiferencia emocional, invita a un aislamiento interior; todos necesitamos ser mirados, escuchados, apreciados. Hay un viejo refrán que dice "lo que mata es la indiferencia" ... y de ello habla el marasmo infantil. Mas no hemos de ser niños para que nos hiera, aunque no nos mate.

Por supuesto que los heridos por el destrato podemos sanar rápido y vivenciar la experiencia como una desilusión, mas la razón es porque poseemos herramientas internas basadas en nuestra autoestima y adecuada valoración: nos sabemos queribles y elegimos la calidad de relaciones en nuestra vida.
Pero si la herida sigue abierta por el destrato, ¡atención!

Un cálido saludo.

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt

3 de marzo de 2019

Desdramatizar ¡te Empodera!

Dra. Aida Bello Canto, Psicologia, Gestalt, Emociones, Actitud Positiva
Dramatizar situaciones nos conecta al padecimiento, corriendo el riesgo de encontrar "pocas salidas". Para desdramatizar hemos de poner el foco en nuestra actitud.

La actitud es la manera que tenemos de contemplar las cosas mentalmente y nos ofrece la posibilidad de elegir cómo pararnos frente a los acontecimientos / situaciones que nos pasan diariamente.

Un actitud positiva nos ubica en un mejor estado mental para enfrentar las dificultades y las vicisitudes de la vida. Nuestro pensamiento queda más libre para generar ideas, fomenta la creatividad para que aparezcan posibilidades de solución, si las hay o un entendimiento emocional cuando no las hay.

La actitud negativa resta energía y destreza para sortear la problemática que se presenta; nos tornamos incrédulos y socavamos el creer en nosotros mismos, nos restamos potencial.

Numerosas investigaciones han dado por resultado que poseemos una gran facilidad para caer en la actitud negativa, para registrar con rapidez lo negativo, lo que falta. Por otro lado, han registrado los beneficios a nivel salud, calidad de vida, incidencia en las relaciones y vínculos, que trae el poseer una actitud positiva.

Lograr una actitud positiva es un aprendizaje, un entrenamiento de focalización y orientación en lo que sí hay, en lo que sí tenemos. Es un proceso contínuo y dinámico que logra convertirse en hábito, en una manera de estar en el mundo.

Muchas veces confundimos ¨circunstancias a resolver¨ con dramas. ¡Y esto nos complica nuestra existencia! Los problemas pueden estar siempre, en un área o en otra, personales o situacionales, mas nuestra mirada ante estas circunstancias es la diferencia, y ésto es actitud. ¿Veo lo que siempre falta, lo que no funciona, registro lo que si hay, lo que funciona?

Aida Bello Canto, Emociones, Psicología, Gestalt, Actitud Positiva


La actitud positiva impregna cada uno de nuestros actos, la manera en cómo nos expresamos, nos mostramos; va de adentro hacia afuera, y les reitero; ¡es contagiosa! También lo es la actitud negativa. Podemos poseer buenos conocimientos en un área específica, habilidades desarrolladas, mas nuestra forma de hacer, llevar a cabo en el mundo nuestros conocimientos y habilidades van acompañadas de un "cómo hacer" y ese cómo es la actitud.

El poder de la actitud positiva y su capacidad de ser aprendida ha sido desarrollado, entre otros, por Seligman en su Teoría del Bienestar, desplegadas en el post Un modelo para el Bienestar.

¿Cómo miras lo que ves? ¿Con qué actitud impregnas tu mirada?

Dra. Aída Bello Canto
Psicología y Gestalt
 
 
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