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26 de abril de 2014

La Exigencia que Maltrata (+ejercicio)

Psicologia, Gestalt, Exigencia, Maltrato, Toxico, Aida Bello Canto, Manipulacion
La exigencia interna cuando no es revisada por la persona, tiende a generar insatisfacción y una buena dosis de auto-reproche, ya que haga lo que haga el portador de la misma sentirá que nunca alcanza, siempre "falta algo", puede ser mejor; o,  como ya es sabido todo esto de antemano, quedarse en muchas instancias inactivo/a, sin empezar lo que desea o planifica pues visualiza con anticipación el fracaso (o al menos un resultado inferior al "debido"). Nos encontramos con una exigencia tóxica.

¿A qué me refiero a que esta exigencia interna ha de ser revisada? a que en sí misma la exigencia es una introyección de mandatos, órdenes y creencias que todos traemos de "allá y entonces" (como decimos en Gestalt), y la necesidad interna de cumplir estos mandatos hace que no nos tengamos en cuenta a nosotros mismos, cómo somos y qué necesitamos nosotros. Revisar estos mandatos para quedarnos con lo que nos sirve y transformar lo que muchas veces nos inhabilita, nos facilita el bajar a la realidad personal esta especie de Exigidor interno.

Tenemos bastante claro el tema de la manipulación interpersonal; al menos hemos tratado desde diferentes lugares los vínculos tóxicos en las relaciones, cómo aparecen diversos estilos de manipulación para que una persona logre o intente lograr su objetivo sin tomar en cuenta a la otra persona. Pues bien, de alguna manera la exigencia tóxica es para mí, una auto-manipulación. Una forma en que nos imponemos hacer, desde el "tengo que", la obligación, sin consultarnos profundamente qué es lo que precisamos.

Nos movemos adentro con dos aspectos idénticos que los que aparecen en la manipulación entre dos personas: el manipulador y el manipulado (exigidor - exigido). El manipulador se encarga de que el manipulado ejecute los mandatos, y en caso de no hacerlo se encarga de generar sentimientos y sensaciones de angustia, culpa, desvalorización (entre otras), pudiendo llegar hasta repercusiones físicas. En definitiva, nos maltratamos internamente.

Mi propuesta es que podamos revisar cómo se encuentra adentro nuestro esta auto-manipulación, y en caso de necesitarlo, el favorecer la trasnformación de la exigencia que maltrata a la exigencia como aliada. Para no abrumarlos, lo haré en dos veces: hoy y la semana que viene.

Para empezar a desactivar este maltrato interno, hemos de revisar qué es la exigencia para mí. Esto es importante, ya que cada uno va  a encontrarle un significado. Sugiero tomar un  papel y lápiz y empezar a escribir "para mí, exigencia es ...", ejemplos:
- cumplir órdenes
- ser responsable (no desde nuestra acepción semántica en Gestalt, sino desde obligación)
- hacer lo que corresponde
- ser perfecto
- es hacerlo TODO
- cumplir; los deseos no cuentan.

Una vez que tengas lo anterior hecho, por favor, piensa qué beneficios te reporta cuando has logrado cumplir con tu exigencia (¡porque cada tanto lo logramos! el tema es que no siempre podemos sostener ese "target" y ahí viene el maltrato).
Ejemplo: cuando hago TODO lo que tengo que hacer, me siento que soy eficaz (buena persona, responsable, confiable, aceptado/a, etc).
Escríbelo al lado de tu definición, por favor.

Una vez que lo tengas, basta con dos, te sugiero que te sientes con ojos cerrados y repitas internamente tu propia definición de Exigencia ... date tiempo para ir tomando contacto con la sensación que te produce el repetir adentro "para mí exigencia es ...", va a ir apareciendo una sensación o sensaciones provocadas por lo que para tí es exigencia ... las cuales verás que son conocidas en tu vida cotidiana. Ejemplos:
- siento angustia
- opresión en el pecho
- nerviosismo
- agotamiento
- agobio y desgaste
- dolor de cabeza
- presión

Escríbelo en tu hoja de papel. ¿Te resultan conocidas estas sensaciones?

Hemos dado un gran paso en el darnos cuenta cómo es la exigencia para mí, qué suele pedirme - qué me exijo internamente cumplir-, el "premio" que recibo cuando lo logro y las sensaciones que me aparecen cuando no cumplo. Ya tenemos más de la mitad del camino recorrido en este proceso de transformar la exigencia que maltrata a la exigencia como aliada.

¡Seguimos la semana próxima! Guarda por favor tu hoja de papel, que la necesitaremos. ¡Gracias!
Y si la pierdes, ¡no te exijas! No hay problema ;)

6 de abril de 2014

Puliendo el Analfabetismo Emocional

Emociones, Analfabetismo emocional, vinculos toxicos, sensibilizacion, El Tornillo Flojo
Una vez planteado el analfabetismo emocional que se refiere a la dificultad en nombrar emociones sentidas, confundir una emoción por otra, creer que se carece de ciertas emociones a causa de mandatos, creencias, la mayoría de las veces y vemos cómo incide en el pequeño rango de sentir de una persona y el calidad de vínculos que genera, la propuesta de hoy es dar un pasito màs para "pulir" este analfabetismo o mejor dicho, incrementar nuestra semántica emocional.


El hacerme responsable de mis emociones, tomar contacto con ellas, abrirme a la vivencia de es lo que es, me lleva a ser más íntegro y presente.
Siendo el que soy, dando cabida a mi sentir, sin intentar evadirlo, ni forzándome a sentir lo que debería, me torna más auténtico conmigo mismo/a y a partir de ahí con el Otro.

Cada emoción va a impregnar el vínculo que se establezca en ese momento; reconocer la funcionalidad de las emociones enriquecerá la calidad del vínculo establecido.
Esta calidad puede verse mermada e incluso ir en desmedro de la relación con un Otro, sino nos apropiamos de lo que sentimos y de nuestras necesidades emergentes.
Podemos depositar en el otro lo que hemos de atender para y por nosotros mismos. La dependencia emocional, la confluencia, la proyección, son ejemplos de un déficit en responsabilizarnos de nuestro sentir.

Ubicamos en el afuera, en el otro, aquello que evitamos darnos cuenta y atender en nosotros mismos. Depositamos en el otro la satisfacción de nuestra necesidad sin darnos cuenta que vamos creando un entramado para vínculos tóxicos. Por supuesto que necesitamos de soportes externos, amén de la necesidad del contacto con nuestro entorno permanente o esporádico, según la necesidad, mas a lo que hago referencia es a la búsqueda en el afuera como evitación a permanecer con mi sentir (miedo, tristeza, soledad…).

La sensibilización corporal, como previamente lo he señalado, es una de las vías regias para nutrir nuestra semántica emocional. Veamos un ejemplo de trabajo con las sensaciones corporales:
  
José posee dificultad en nombrar distintas emociones. Plantea una problemática en su matrimonio debido a lo poco expresivo que es y dice ser “acusado” por su familia de autoritario y que sólo habla para señalar lo negativo. Cuando le pido que nombre emociones, sólo nombra el enojo y la melancolía; en cambio sí puede describir diversas sensaciones corporales como presión en el pecho, decaimiento físico, cosquilleo general, molestias estomacales, ... José habla de una preocupación con el mismo tono de voz que habla sobre un momento satisfactorio.

Le pido que cierre los ojos y extienda sus manos hacia adelante; yo extiendo también las mías y las ubico debajo de sus palmas. Le indico que con sus manos me exprese diferentes sentimientos, los cuales le voy a ir nombrando de a uno. Le pido que me muestre el enojo (aprieta las mías con movimientos breves y presionándome con sus dedos); tranquilidad (deja caer sus manos sobre las mías con gran peso, quietas, les da vuelta a sus manos depositando sus palmas sobre mis manos con peso – esto lo hace varias veces-); ternura (sus manos toman forma de garra y empieza a rasgarme con sus uñas, cual rastrillo): melancolía (ejecuta los mismos movimientos realizados en la tranquilidad); alegría (agita sus dedos sobre mis manos, con movimientos rápidos y sucesivos, de arriba a abajo).

Hacemos cambio, pidiéndole a José que ahora ubique sus manos abajo de las mías para yo repetir lo más fielmente posible cada movimiento por él realizado. De esta forma, José puede entrar en contacto con su manera de expresar estos sentimientos, llamándole la atención su registro de la ternura, la similitud entre la tranquilidad y la melancolía, de lo cual él no se daba cuenta.
Vamos afinando paulatinamente su registro corporal emocional, “despertando” emociones a su conciencia, para después poder acceder a la expresividad de las mismas. Que pueda mostrar y expresar alegría si es lo que siente, por ejemplo.

 La indagación de las emociones a través de las sensaciones corporales nos permite acceder a la semántica emocional, cómo vivencia la persona las emociones corporalmente, permitiéndonos no solamente un paulatino despertar emocional sino a descubrir qué nombra cuando nombra una emoción.

En el ejemplo de José, vemos cómo es su registro de la ternura y cómo tiene unida la tranquilidad con la melancolía. No es nuestro objetivo presente mostrar el trabajo específico para ayudarlo a discriminar y nutrir su semántica emocional, sino el reiterar la importancia de las sensaciones corporales en el tema que nos ocupa. Si él posee dificultad en nombrarse a sí mismo sus emociones, es esperable que las tenga a la hora de expresarlas en sus vínculos, no solamente con palabras sino con sus gestos, expresiones faciales, con todo su ser.

¿Se animan a realizar este ejercicio con las manos de sensibilización? Será de indagación mutua con su compañero/a, revisando y nutriendo su semántica emocional. ¿Qué descubren en el mismo? Agradezco sus comentarios para enriquecimiento de todos. ¡Gracias! 

 
 
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