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20 de julio de 2013

Conclusiones Personales que dañan

actitud, pensamiento positivo, reflexion
Una conclusión se refiere a algo terminado dentro de un proceso; es la etapa final de una serie de circunstancias concatenadas, de un conjunto de situaciones o un análisis.

Las conclusiones personales se basan en la propia experiencia; no son como las creencias y/o mandatos, sobre la persona misma, la vida y los demás, que nos fueron dadas en la infancia por personas cuyo afecto queríamos y necesitábamos; éstas no nacen de nuestra experiencia.

Sacamos conclusiones a lo largo de nuestra existencia que nos son muy útiles en ese momento o en esa etapa de nuestra vida. ¡Y desde muy temprana edad! para que no crean que es "cosa de aldultos" solamente. Cada uno de nosotros va creando su repertorio de conclusiones personales, que sin duda alguna sirven como guía para seguir adelante, nos dan un punto en dónde apoyarnos.

Normalmente surgen en situaciones difíciles o de supervivencia.
Por ejemplo: imaginemos a una persona que mantuvo un relación de pareja tóxica durante un largo perídodo - no necesariamente al grado de chantaje emocional, pero sí con dependencia emocional y culpa por registrar las propias necesidades; cuando este Ser logra salir de esta relación, puede llegar a la conclusión de que "es peligroso el enamorarse". Esto le va a permitir a la persona atravesar su recuperación, su autoestima, cómo es el no estar pegado a nadie, aprender a descubrir qué necesita y tomar sus propias elecciones.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando transcurre el tiempo y sigue rigiéndose por esta conclusión? Va a tener problemas para vincularse nuevamente, para permitir a otro Ser que ingrese en su intimidad como persona. A esto es que hago referencia de que hay conclusiones personales que dañan, pues éstas nos dan una actitud ante la vida, una postura existencial que fué útil en su momento pero que ya quedó obsoleta y no nos damos cuenta: seguimos con las mismas respuestas.

Algunos ejemplos de conclusiones personales (son tantas como seres humanos que somos):

"Sólo puedes contar contigo mismo/a"
"No esperes nada; así no sufres"
"No confíes en nadie"
"Sólo el dinero te dará seguridad"
"La vida es injusta"
"Siempre se puede más"

Varias de las mencionadas nos pueden dificultar el pedir ayuda, tener una alta autoexigencia, no crear vínculos muy estrechos, ...

Una revisión de nuestras propias conclusiones ante la vida, puede ayudarnos a reciclarlas, ésas que nos pueden estar haciendo daño, obstaculizándonos, impidiendo que nos conectemos mejor y con mayor plenitud. Internamente les damos las gracias "por los servicios prestados", ¡nos super ayudaron!, y nos abrimos a darnos cuenta que "ya no es tan así".

¿Buscas una conclusión personal tuya? Es muy posible que recuerdes la situación en la cual la sacaste; ¿es útil en tu vida hoy?

13 de julio de 2013

El Poder de la Música

emociones, herrramienta
La música posee una influencia enorme en nuestras vidas, nos demos cuenta o no, siendo conocido su poder desde hace muchos años: ya los antiguos griegos  consideraban que la música lograba cambiar la conducta humana introduciendo sensaciones y sentimientos.

Una gran cantidad de estudios en neurociencias, musicoterapia, psicología, ... han demostrado la eficacia de la utilización de la música en el tratamiento de enfermedades como el Parkinson, el síndrome de Tourette, la afasia, el autismo o la amnesia, entre otras.

También son muchos los estudios y métodos elaborados para incrementar la creatividad, la inteligencia, por ejemplo, con la música de Bach o Vivaldi. El valor terapéutico es enorme y desde finales de los años 40 ha ido in crescendo los estudios al respecto, saliendo del laboratorio al público conocimiento la manera en cómo nos influye, nos afecta y nos modifica. Recomiendo el libro de El Cerebro y la Música del Dr. Daniel Levitin.

La música incide en nuestro cerebro y en nuestras emociones. Hasta nuestro cuerpo hace eco de su presencia, con movimientos espontáneos; "Escuchamos música con nuestros músculos" (Nietzsche). Entonces, ¿por qué no abrazar esta gran herramienta para nuestro uso cotidiano?

Si nos encontramos en un día tristes, decaídos, podemos utilizar la música para profundizar en este estado, si así lo queremos (hay a quienes les cuesta mucho llorar, por ejemplo), pues el escuchar un Adagio o algún tango, nos favorecerá esta elección. En cambio, si deseamos  ayudarnos a salir de ahí, la música vital, movida, "nos tenderá una buena mano".

A veces podemos encontrarnos tensionados, apelemos a la música calma (hay copilaciones específicas para relajación, meditación, "spa",...); si estamos demasiado "calmos" y hemos de salir al "afuera activo", entonces la música de tierra, grounding, que nos lleva a pisar fuerte, caminar derechos, y levanta nuestra energía.

¿Cómo seleccionar la música? Regálense cada tanto un tiempo de escucha de variedad de la misma. ¡Utilicen la que ya posean! Pónganse cómodos para escucharla y permitan que vaya ingresando, y vean qué les va produciendo. Por ejemplo, un bolero puede generar un alto nivel de afectividad en una persona, y melancolía en otra. Dénse cuenta qué tiene ganas de hacer el cuerpo: ¿se relaja?, ¿quiere pararse y moverse? De a poco irán construyendo su propia selección musical para diferentes momentos.

Para aquellos que trabajan con música, por ejemplo terapeutas en talleres o jornadas, creo que es imprescindible que sepan lo que provocan con la música que van a utilizar. Lamentablemente no siempre ocurre esto, y generan emociones opuestas al tema que quieren trabajar ... No hace falta ser un estudioso, sino ser responsable.

Ojalá se animen a hacer la prueba de cómo la música nos ayuda en los estados emocionales. ¿Cómo estás ahora? ¿Qué música llevas ahora por dentro?

7 de julio de 2013

La Indecisión que me persigue

Indecision
La indecisión nos ubica en una posición incómoda y desagradable, sobretodo cuando la misma se extiende en el tiempo. Por supuesto que todos pasamos por momentos de indecisión, evaluando alternativas, sopesando la situación y revisando mentalmente qué es lo más adecuado para alcanzar una decisión final.

Suele ser un tránsito frecuente y cotidiano, ya que tomamos decisiones cada día, a veces tan pequeñas que no las registramos como tales. El tema se presenta con aquellas que aumentan de tamaño y ahí se ingresa en un espacio de no-acción que si se prolonga demasiado, la persona inicia un padecimiento en diferente grado.

Padecimiento, sí, utilizo esta palabra porque el indeciso realmente la pasa mal. Y generalmente no es que sólo se presente en una situación determinada muy importante (situaciones vitales de afectos, trabajo, estudios, etc) como nos pasa a todo "hijo de vecino", sino que la indecisión se hace presente a cada rato y hasta en elecciones de qué producto o artículo me llevo en una tienda. Aquí ya estamos en la indecisión crónica.

Hay dos razones fundamentales para que esto pase: 1) hay personas que necesitan un tiempo de toma de decisión más largo que el común de la gente; esto no es bueno ni malo: "es". Necesitan evaluar con mayor detalle los pro y los contras de cada alternativa. Esto suele pasar cuando las dos posibilidades son buenas o son "no tan buenas". Cuando claramente una destaca positivamente sobre la otra, no hay mucho que evaluar. 2) hay a quién le cuesta decir un No a algo; cuando decidimos, decimos un Sí, hay otra cosa/alternativa a la cual dejamos de lado. Y hay quienes quisieran tener un combo de las dos posibilidades, no descartar ninguna, ... y en la mayoría de los casos, esto no es posible.

Toda persona que se reconoce como indeciso, quiere dejar de serlo, le gustaría acortar el tiempo de procesar todo lo que se le viene a la cabeza, decidir más rápido y además quedarse conforme y contento/a con la decisión. Bueno ... definitivamente hay maneras de lograrlo, pero aviso de entrada que al principio los del caso 2) les costará un poco, ya que no podrán tener TODO. El beneficio es que se entrenan para acortar el tiempo, menos duración de la incomodidad, y aprenderán a confiar más en ellos mismos.

Varios estudiosos del tema recomiendan tomar en cuenta los siguientes puntos para conquistar la indecisión (Steven Berglar, de Forbes):
- No te preocupes por parecer inteligente ante los demás.
- Confía en tu instinto; es más sabio de lo que crees.
- Prioriza tus necesidades.
- Acepta los límites del análisis; actúa, fíjate en los resultados, realiza ajustes si son necesarios y sigue adelante.

Recomiendo que valorices tus preferencias y no intentes complacer a otros, ... salvo que tu decisión sea claramente el complacer a la otra persona: ¡eso ya es una decisión!

Por último, toma en cuenta que el no decidir también es una decisión válida. Muchas veces podemos optar por ella; lo importante es darnos cuenta que "elegimos no elegir". Con lo cual salimos del sufrimiento y de la parálisis.

¡Buena semana!
 
 
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