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27 de diciembre de 2014

La Gratitud, fuente de Fortaleza Psicológica

gratitud, emociones, emociones positivas, bienestar, actitud positiva, psicologia positiva, Aida Bello Canto
Siendo el presente post el último del año, se me ha ocurrido dedicárselo a la gratitud, que si bien es un sentir conocido por todos y damos por sentado que "nos hace bien", muchos lo toman como un acto de cortesía, algo efímero a veces, o desconocen los beneficios tan profundos que conlleva este sentir. Si tuviésemos más presente de qué manera está conectada esta emoción con la actitud positiva, el nivel de satisfacción con nuestra vida y cómo nos protege de la depresión y el stress (entre otras), cultivaríamos mucho más el estar agradecido. Nuestra mirada se vería impregnada de tal sentir.

La gratitud es una emoción que nos permite reconocer los aspectos pasados y presentes positivos, todo aquello que nos ha beneficiado de algún modo y que ha otorgado un significado agradable a nuestra existencia. La gratitud representa una habilidad primordial para desarrollar y mantener niveles adecuados de bienestar emocional, satisfacción y calidad de vida.

Numerosas investigaciones científicas se empezaron a efectuar a finales de los 90 sobre las fortalezas psicológicas, siendo la gratitud una de las fortalezas detectadas, tema que antes sólo era abordado desde el campo de la filosofía y la teología. El Dr. Seligman y renombrados colaboradores se propusieron como gran objetivo el enumerar, describir y analizar las fuentes de fortalezas humanas en contraposición a las extensas clasificaciones de síntomas y psicopatologías existentes.

Encuentran 24 fortalezas, siendo la gratitud una de ellas. Diferentes investigadores tomaron el estudio de una sola de ellas (cada investigador eligió una fortaleza), para profundizar en sus programas de investigación, siendo el Dr. Robert Emmons el principal investigador en el área de la gratitud.

Uno de los primeros conceptos que desarrolla es el de la Complejidad del Concepto de Gratitud: a pesar de ser considerado algo "obvio" y cotidiano, "la gratitud es en primera instancia una actitud, pero también puede ser enmarcada en los conceptos de emoción positiva, de virtud moral, de humor, de motivo, de rasgo de personalidad (ser agradecido)".

Para nuestros fines presentes, que Ustedes conozcan cómo la gratitud nos fortalece emocional y psicológicamente, les comparto una síntesis de los resultados:

- la gratitud está asociada de forma positiva con conductas pro-sociales, emociones positivas, satisfacción con la vida, el optimismo, la esperanza, vitalidad y percepción subjetiva de la felicidad/ bienestar.

- Reduce considerablemente la ansiedad y el resentimiento con el pasado,

- Y menor riesgo de desarrollar problemáticas psicológicas como la depresión, ansiedad y consumo de sustancias (Bono y McCullough, 2006).

Hay muchísimos aspectos a desarrollar en este tema, mas mi intención no es abrumarlos sino el recordarles, informarles y resaltarles la relevancia que posee la gratitud para la psicoterapia, la prevención y la promoción de la salud mental. Eleva el nivel de bienestar subjetivo y físico, resalta los aspectos bondadosos del mundo, del mundo social y de la vida en general, facilita el desarrollo de vínculos positivos y el crecimiento postraumático.

¡Les deseo que ingresen a este nuevo año con una fuente de gratitud activada! Serán los primeros y mayores beneficiados.
Gracias a todos y cada uno de los que me han acompañado este año en el Blog.
Gracias por sus aportes y comentarios.
Gracias por la confianza depositada, compartiendo sus experiencias.
¡Gracias!



20 de diciembre de 2014

Adicción a Personas. ¡Pagando precios por afecto!

Adicto a personas, dependencia emocional, vinculos toxicos, culpa, rechazo, Aida Bello Canto, el tornillo flojo
En el último post les hablé de cómo el miedo a ser dejados, miedo a ser excluídos de una relación o grupo de pertenencia (por ejemplo nuestra familia), puede llevarnos a conformar, obedecer, satisfacer las necesidades de la otra persona con tal de no ser excluídos  o dejados de lado. En este camino nos olvidamos de nosotros mismos, nuestras propias necesidades, adormecemos emociones (por ejemplo el enojo), pues la prioridad es sostener el vínculo ... ¡al precio que sea!

Pareciese difícil de entender esto de "pagar cualquier precio" con tal de seguir en una relación, pues en muchísimas ocasiones nos encontramos que el precio incluye maltrato, emocional y/o físico; mas es mucho más fuerte la necesidad interna de sostener este tipo de vínculo tóxico antes que enfrentar el vacío profundo que se siente adentro.

Reconocer la dependencia y co-dependencia emocional no es fácil, y generalmente se descubre a lo largo del tiempo, cuando ya estamos inmersos en estos vínculos tóxicos, por las señales de desasosiego, desamparo ante la posible pérdida, angustia o el maltrato llegó a niveles muy altos -entre otras señales-. Darse cuenta que se es adicto a una persona, que soy dependiente emocional, es un gran paso, mas ha de darse el siguiente paso que es buscar ayuda para aprender a zurzir ese vacío interno, ese espacio que se ha intentado llenar con el afuera, con el Otro.

Y esto es importante de entender pues si no registramos nuestra adicción a personas, podremos terminar con un vínculo tóxico específico, tras mucho dolor y mucho tiempo, mas correremos el riesgo de volver a repetir la misma historia con otro nombre, otra cara. Si nos miramos a nosotros mismos en transparencia, encontraremos que volvemos a repetir el atender las necesidades del otro olvidando las propias, anhelando recibir amor y reconocimiento por "todo cuanto hacemos", ... y como este reconocimiento no llega, genera un círculo vicioso que es nuevamente sentirnos sin valor lo cual nos torna más dependientes.

En la co-dependencia, nuestra vida se ve afectada por lo que la otra persona dice o hace, e incluso lo que "no dice o no hace" pues nos volvemos traductores de señales, gestos, etc. El co-dependiente detecta la problemática en la otra persona, "sabe que necesita su ayuda", e intenta cambiarla, ayudarla. Se pone en funcionamiento lo que denominamos el Salvador/a interno, sintiendo que si somos nosotros los que dejamos a la otra persona ¿qué será de él/ella? lo cual trae aparejado sentimientos de culpa. Sigo atado/a a esta relación tóxica, aunque sepa que lo es ... pero ¿cómo voy a abandonar al Otro?

La dinámica de la dependencia y la co-dependencia emocional puede parecer distinta, mas es la misma moneda, y no hay uno sin el otro. Las dos personas conforman este vínculo, necesitando aprobación, afecto, reconocimiento: persiste la sensación y emoción de necesitar al otro y ser necesitado por el otro. Ambos son adictos y co-adictos a personas, (sea la pareja, un familiar, en el trabajo).

La construcción de este tipo de vínculo es un proceso gradual; así también es la desintoxicación, la salida de ellos. Se requiere tiempo y mucho acompañamiento hasta que podemos ir aprendiendo a autoabastecernos emocionalmente, no buscar que la otra persona supla mis propias necesidades y/o salir de salvar al Otro (aunque nos cueste pensarnos omnipotentes ... de esto hay una buena dosis, porque creemos que "sólo nosotros sabemos cómo salvarlo/a", "nuestra ayuda es indispensable".

Poseemos adentro nuestro los recursos necesarios para salir adelante, para confiar y querernos a nosotros mismos, sentirnos queribles por Ser, y a partir de ahí relacionarnos dando y recibiendo afecto, amor, ¡sin pagar precios por ello!

Si quieres saber si posees tendencia a ser dependiente emocional, te sugiero la lectura de Dependencia Emocional: algunas características.
Estoy contigo porque te elijo.
Te quiero por mi elección, no por mi necesidad.

13 de diciembre de 2014

El Dolor de la Exclusión y/o el Rechazo

Exclusion, rechazo, emociones, dependencia emocional, vinculos toxicos, Psicologia, Aida Bello Canto
Los seres humanos necesitamos pertenecer. El sentirnos excluídos y /o rechazados de un grupo o de la vida de una persona, nos acarrea un gran dolor ... a todos. Las reacciones emocionales ante la exclusión o el rechazo son muy variadas, desde el aislamiento hasta el "no me importa", cual convencimiento interno y su correspondiente demostración externa. Mas, aún en el más breve episodio de exclusión o rechazo por parte de alguna persona - sobretodo si es significativa en nuestro mundo afectivo- nos genera dolor, nos conecta al ostracismo afectándonos a todas las personas por igual, sin importar cuán fuertes emocionalmente seamos.

El "reciclaje interno" que hagamos después con esa situación de rechazo dependerá de los rasgos de cada personalidad, las herramientas internas con las que contemos y nuestra actitud desplegada; todo ello influye en el modo de sobrellevarlo, mas ese momento deja su huella, que puede remitir a otras huellas/heridas. Si la exclusión y el rechazo perdura en el tiempo, se activan los centros cerebrales del dolor, incita a la tristeza y al enojo, aumenta el stress y reduce la autoestima.

Este tema es de suma importancia no solamente a nivel personal sino también social. Hoy lo planteo de forma general, ya que nos toca a todos y seguramente la mayoría hemos vivido algún que otro episodio de este tipo. Conocemos este dolor, no es ajeno.

El dolor por la exclusión duradera puede generar un ostracismo, el cual hace referencia a una exclusión forzada o una voluntaria (la persona decide auto-excluirse, como respuesta a ese dolor y como modo de protegerse de futuras exclusiones). Si señalamos respuestas polares a esta vivencia, la persona excluida:
- se resigna a la soledad, o
- busca, a veces de manera desesperada, la atención.

El Dr. Williams Kipling, psicólogo de la Universidad de Purdue, concluye tras sus investigaciones, que el ostracismo posee tres etapas:

1) Etapa "inmediata", donde toda persona excluída siente dolor. El sentido de pertenencia ha sido atacado.
2) Etapa de "hacer frente", donde la persona busca mejorar su estado de inclusión; para ello busca señales para volver a pertenecer (cooperar, conformar y obedecer, suelen ser las más frecuentes). Cuando descubre que la inclusión es una causa perdida, entonces pasa a recuperar el control tomando como camino o el de la soledad o implementar estrategias para llamar la atención.
3) Etapa de la "renuncia", donde los recursos internos de la persona entran cien por cien en juego.

Hay exclusiones y rechazos que atravesamos y nos hacen resilientes, alcanzada la tercera etapa de la renuncia, y otras que nos dejan el anhelo de pertenecer, volver a ser incluídos. Lo que podemos llegar a hacer en este intento, hemos de estar atentos pues en muchas, muchísimas ocasiones, nos podemos olvidar de nosotros mismos.

Para cerrar en este  hoy, no puedo dejar de mencionar los grandes problemas que puede acarrearnos el intentar evitar el rechazo, lo que puede generarnos el miedo a ser "dejados". De lo que hablo es de una de las características de los vínculos tóxicos, la dependencia emocional, el chantaje emocional y los diversos tipos de manipulación.
¡Para tener en cuenta!

7 de diciembre de 2014

Transforma tus Pensamientos y Emociones + Transforma tu Cerebro

neuroplasticidad, emociones, emociones positivas, actitud positiva, pensamiento positivo, Aida Bello Canto
La Neurociencia es un campo integrativo excepcional que se dedica al estudio del cerebro. En las últimas décadas diferentes disciplinas han contribuído al avance de esta ciencia demostrando, explicando y sustentando con sus investigaciones, la capacidad de transformación de nuestras estructuras cerebrales: esto es conocido como Plasticidad cerebral, Neuroplasticidad.

La neuroplasticidad es la capacidad de modificar circuitos neuronales mediante la actividad neuronal generada por la experiencia con el cambio subsecuente de pensamientos, sensaciones, emociones y comportamientos. Poseemos un órgano plástico (el cerebro) que puede cambiar sus circuitos neuronales como resultado de la relación de la persona con el medio que lo rodea, físico, emocional y social.

Hemos ido viendo en diferentes temas tratados en El Tornillo Flojo cómo nuestras emociones producen químicos en nuestro cuerpo, pudiendo aprender cómo generar estos cambios bioquímicos con diferentes actividades, instalación de nuevos hábitos, etc. También nuestros pensamientos activan su correlato bioquímico y el aprendizaje de una actitud positiva incide en nuestra plasticidad cerebral. Así pues, transformando nuestros pensamientos y desarrollando una amplia gama de emociones nutritivas (para diferenciarlas de las tóxicas), ¡logramos que nuestro cerebro se transforme!

A diferencia de otras especies, el sistema nervioso humano nace inmaduro; esto es una ventaja ya que la organización y la función de este sistema puede ser modificado por el aprendizaje y la experiencia del ambiente. La adquisición de nuevas habilidades requiere de procesos externos activos, de entrenamiento, de la construcción de nuevos hábitos.

Numerosas investigaciones han comprobado con imágenes de nuestro cerebro los cambios que se producen debido a la plasticidad neuronal: activación de nuevas regiones cerebrales (re-wiring o re-routing) y re-mapeo del Sistema Nervioso Central. Y lo más importante en el tema que nos convoca hoy, es que estos cambios dinámicos en nuestro cerebro pueden cristalizarse en cambios duraderos provocados por la plasticidad inducida por el aprendizaje.

El Dr. Richard Davidson, neuropsicólogo de la Universidad de Wisconsin, ha desarrollado e implementado en algunas escuelas un entrenamiento emocional para ayudar a los estudiantes a aprender cómo disipar las emociones perturbadoras en situaciones de adversidad, demostrando a través de estudios con imágenes el cambio en el cerebro tras dos semanas de práctica. Interesante ... para que sigamos reflexionando la implicancia que posee el trabajar con nosotros mismos para mejorar nuestra calidad de vida interna y externa, alimentar una actitud positiva, nutrir nuestras relaciones y vínculos.

Y como final en este hoy, les dejo la información de que dados los resultados alcanzados al gestionar nuestras emociones y la plasticidad cerebral, los doctores Davidson, Goleman y Mathiu Ricard, entre otros, se han centrado en obtener imágenes del cambio que se produce en nuestro cerebro al aumentar las siguientes emociones: Cooperación, Compasión y Altruismo.

Podemos anhelar un mundo mejor y ser parte del cambio. ¿Empezamos por nosotros?

 
 
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